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Y cuatro años después del incendio, el cementerio de esqueletos de pino de Bejís sigue allí

Bejís, escenario de uno de los dos grandes fuegos de 2022 que arrasaron 41.000 hectáreas, denuncia que gran parte de los árboles quemados sigue en el monte: "La Generalitat no ha hecho nada", denuncia la alcaldesa

El municipio del Alto Palancia y Vall d'Ebo lamentan el 'olvido' de ayudas prometidos y haber tenido que renunciar a subvenciones por falta de funcionarios para gestionarlas

Aspecto del monte de Bejís, con árboles quemados y troncos cruzados en el suelo y sin retirar.

Aspecto del monte de Bejís, con árboles quemados y troncos cruzados en el suelo y sin retirar. / Asociación Oriwa

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Francesc Arabí

València

Primero actúa el fuego y luego llega el duelo. Para entonces, ya se han ido las cámaras de televisión y los focos mediáticos. Y esos pequeños municipios cuyo término municipal es un océano forestal de miles de hectáreas calcinadas se quedan solos. Con mucho menos pan del prometido para aminorar el caudal de lágrimas, muros de burocracia que hay que salvar con escasos funcionarios municipales para alcanzar las subvenciones y un poso de impotencia y frustración entre los vecinos y los ayuntamientos.

De todo ello pueden dar fe en Bejís (Alto Palancia) y Vall d’Ebo (Marina Alta). Solamente en estos dos municipios ardieron 41.000 hectáreas en los grandes incendios de 2022. Para hacerse una idea de la magnitud de la tragedia, el año pasado se quemaron 785 hectáreas en los 281 incendios declarados en los montes valencianos. Tan atípica fue la campaña valenciana de 2025, marcada por el minifundismo incendiario, como la de hace cuatro años, anormalmente catastrófica.

Pinar de Bejís afectado por las llamas de hace cuatro años.

Pinar de Bejís afectado por las llamas de hace cuatro años. / Oriwa

Hoy, el paisaje protagonista de aquellos incendios causados por rayos (el 26,6% de los fuegos de los últimos 10 años y uno de cada tres de los de 2025 se deben a tormentas con aparato eléctrico), es un inmenso cementerio del que no han sido retirados los esqueletos negros. Miles y miles de troncos cruzados que inundan el sotobosque, especialmente en Bejís. “La Generalitat no ha hecho absolutamente nada. Muchas zonas están llenas de árboles quemados, el ayuntamiento no puede asumir el coste de la maquinaria y a la industria maderera no le resulta rentable”. Son palabras de María José Madrid, alcaldesa de Bejís, una población de 400 habitantes cuyo presupuesto municipal se sitúa en torno a los 600.000 euros. La recogida de madera quemada de los parajes afectados fue licitada para su venta y hay empresas que se hicieron cargo y están astillando para fabricar 'pellets', pero solo allí donde la biomasa es negocio.

Cinco meses sin secretario municipal

Mientras conversa con este diario, la alcaldesa echa mano de la ‘carpeta del incendio’, que aun la tiene a mano. Es el disco duro de los agravios. En parte por razones estructurales, por el hecho de que un ayuntamiento como el suyo, que ahora cuenta con tres funcionarios, carece de músculo para gestionar las ayudas. “Toda la burocracia está pensada para ayuntamientos como el de València, con tres mil funcionarios, por decir algo, pero aquí llevamos cinco meses sin poder pagar una factura porque nos quedamos sin secretaria municipal”, lamenta la alcaldesa socialista, quien, no obstante, reconoce que buena parte de las ayudas prometidas tras el incendio llegaron. Entre otras razones porque el Consell del Botànic, recuerda, habilitó sendas oficinas para gestionar un millar de expedientes de subvenciones en Bejís y Vall d’Ebo, gestionadas por la Agencia de Seguridad y Respuesta a las Emergencias (Avsre), adscrita a la Conselleria de Interior.

Eso sí, los 50 millones de ayuda directa prometidos por Ximo Puig tras los fuegos se quedaron en una línea de subvenciones de 10 millones, aprobada en enero de 2023. Con todo, pese a la asistencia técnica, la alcaldesa de Vall d’Ebo, Sara Moll (Compromís), admite que todas las ayudas públicas destinadas al ayuntamiento “se tuvieron que devolver por no tener gente para gestionarlas”. En este pequeño municipio cercano a Pego los funcionarios pertenecen a la Diputación de Alicante, lo mismo que la secretaria, que es ambulante y presta servicio a otros tres municipios.

Cultivos abandonados, ayudas imposibles

Un 20% de los expedientes de subvención de propietarios privados de parcelas afectadas por el incendio también fue devuelto, explica la alcaldesa. Las subvenciones han de justificarse, con facturas por los trabajos de reparación y reposición, misión imposible cuando buena parte de las zonas de cultivo de los campos de almendros, olivos y cerezos han engrosado la bolsa de las 180.000 hectáreas de cultivo abandonado en la Comunitat Valenciana, según cifras del sindicato agrario AVA-Asaja.

La madera muerta se amontona de forma natural y va pudriéndose.

La madera muerta se amontona de forma natural y va pudriéndose. / Oriwa

A Bejís, Vall d’Ebo y otros municipios afectados por los grandes incendios de 2022, como Calles, Olocau, les Useres o Venta del Moro, sí llegaron las ayudas urgentes, aprobadas con cargo al llamado Fondo de Contingencia de los presupuestos de la Generalitat del año en curso. El importe global fueron 4.281.417 euros, que fueron repartidos entre Bejís (casi 3,1 millones), Vall d’Ebo (866.431 euros), les Useres (194.009 euros), Venta del Moro (132.264 euros) y dos cantidades insignificantes para Calles y Olocau.

Oriwa y sus 300 voluntarios sanadores del bosque

Es como la clásica máxima socialdemócrata, pero al revés. Allá donde no llega la gestión pública, actúa la iniciativa privada para solucionar o minimizar el problema. La desidia de la Generalitat ha sido en parte mitigada por las actuaciones coordinadas del consistorio con la asociación Oriwa, una entidad de voluntarios que emergió de las cenizas del incendio de 2022. Actualmente cuenta con 300 asociados, que actúan en Bejís y otros municipios de la comarca como Sacañet, El Toro, Teresa y Torás.

"Recuperar socioambientalmente la zona".Es la máxima de Oriwa, según señala la presidenta y alma mater de la asociación, la periodista Magda Lázaro, cuyas raíces paternas están en Bejís. Allí reside. Con un entusiasmo a prueba de mil incendios, explica, media hora antes de subirse al monte para supervisar actuaciones de reforestación, que Oriwa tiene una doble línea de actuación: la educación medioambiental y la restauración y conservación del monte.

20.000 bombas de semillas de aromáticas

Cuando el incendio se dio por extinguido, estuvieron semanas limpiando caminos forestales. Luego, apostaron por formarse "Los primeros dos años nos formamos nosotros, con la colaboración de muchos expertos que nos ayudan, para luego hacer pedagogía". Por ejemplo, entre decenas de colegios que se apuntan a la educación ambiental y a la acción directa.

"Hacemos talleres, hemos lanzado más de 20.000 bombas de semillas de plantas aromáticas", explica esta veterana periodista ahora 'retirada' en misión ambiental. Se trata de encapsular semillas en bolas de arcilla a las que se hacen agujeros. Se lanzan (como se aprecia en una de las fotografías que acompañan a este texto) y cuando llegan las lluvias, las simientes germinan. Es una de las actividades que se programan cuando en Pascua.

Siguiente objetivo: que vengan fallas de València

Es una parte de los cursos en los que se explica la importancia de replantar con especies autóctonas y las consecuencias de los incendios. Entre los próximos objetivos de la asociación está extender estas actividades más allá de los colegios. "Van a venir fallas para que la gente de una ciudad como València se implique en estas causas de los municipios pequeños", explica Lázaro.

Oriwa, que significa oliva en maorí, cuenta con varios viveros para criar sus propios árboles para las replantaciones. "De especies autóctonas -insiste Lázaro- que ya está bien de pinos y más pinos". Con motivo del cuarto aniversario del gran incendio, han programado una 'auditoría al bosque'. Con fotografías de la situación actual y un pie de foto en el que se explicará el porqué. El porqué del abandono, de la existencia de tantos "esqueletos negros" que no han sido talados, ni de troncos quemados no retirados. Lo certifica con estupor Mgada Lázaro, vecina de Bejís.

Mazón borró el millón para la planta embotelladora

Los macroincendios arrasaron matorrales, pastos, pinares, cultivos e infraestructuras del monte, como caminos forestales. Bejís, pese a todo, tuvo suerte. Justo un mes antes se había desbrozado todo el perímetro de contención que envuelve al casco urbano. Las llamas afectaron a una empresa tan importante para la economía local de estas zonas despobladas como la planta embotelladora de agua mineral. Esa es una de las espinas que tiene clavada la alcaldesa, María José Madrid, al igual que la reparación pendiente del camino que conduce al paraje natural de Los Cloticos, al cámping o la fuente. La reparación del camino cuesta dos millones, más de tres presupuestos municipales. Ahí sigue en circunstancias lamentables denuncia la alcaldesa.

La onda calorífica de aquel incendio que arrancó un 15 de agosto y permaneció activo durante quince días, afectó a toda la infraestructura eléctrica de la embotelladora de agua, que da trabajo a 20 familias. “Aquí vivimos todo el año unas 300 personas”, recuerda la primera edila para recalcar la importancia de esta actividad. El presidente Ximo Puig prometió un millón de euros para renovar esas instalaciones. “Como las cosas de palacio van despacio, en cinco meses no se pudo gestionar, pero en los presupuestos de la Generalitat de 2023 se consignó esa inversión”, explica. Nunca llegó a ejecutarse. “El PP ganó las elecciones, llegó Carlos Mazón y se olvidaron; en 2024 borraron esa partida”. Las enmiendas a los presupuestos presentadas por el PSPV en las Corts y las gestiones para reclamar esa inversión resultaron baldías. “Nunca más se supo”, lamenta la alcaldesa.

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Fuente: Levante - EMV

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