La vida en el cámping del FIB puede ser fácil, pero también difícil. Todo depende de como se lo monte cada uno. Hace calor, hay piedras, los sacos de dormir son incómodos y existen otros muchos inconvenientes. Pero, por otra parte, se está en el centro de la fiesta. Es el punto de reunión de todos los fibers que se han acercado a Benic ssim. Es donde se cuece la movida antes de que comiencen los conciertos.

En el cámping continúa la fiesta. Se hacen batucadas a las tantas de la madrugada, como comenta Adrián Andújar, un valenciano que acude por primera vez al FIB. Pedro José Puche, alicantino, se levanta a las 16.30 horas y va a lavarse la ropa a los lavaderos, luego tiene pensado ducharse y así despejarse un poco, para salir del cámping y dar una vuelta por el pueblo, tomar algún refresco y luego volver al punto de partida para cebar, prepararse e irse al recinto de conciertos.

Otros muchos fibers aprovechan todo el día para dormir y descansar. Después de los conciertos el cuerpo aún pide más fiesta y se acercan a la rave que se organiza en las terrazas Sabor y Natural en la playa del Gurugú. Éste era el caso de Yenifer Cruz, de 18 años, según explica su compañero Pedro Piquera, porque ella, a las 17.00 horas, aún esta en el quinto sueño.

Como se puede observar, la vida en el cámping tiene inconvenientes. Pero la diversión, la juventud y el querer aprovechar al máximo los cuatro días que dura el FIB pueden con todo. Aunque para muchos podría durar más, para otros dura lo justo y para unos pocos, demasiado.