Hay algo peor que pasar las vacaciones con los suegros: pasarlas en su casa. Porque las normas las imponen ellos y la negociación es, más que dura, imposible. Honrosas excepciones aparte, el día con los suegros empieza con las frases: "Tú hazlo como te parezca, pero yo lo haría...", "no es que quiera decirte cómo tienes que hacer las cosas, pero yo creo...", o "trae, ya lo hago yo". Frases muy socorridas, sí, pero que repetidas a lo largo y ancho del día son como la gota malaya.

Las parejas desesperadas tienen el libro de Sylvia Bigelsen: Te quiero a ti, pero tu familia... que da las claves para aguantar a los suegros sin acabar con el matrimonio. Ante un problema o una desavenencia, la pareja debería "hablar de la situación con toda sinceridad", "esforzarse al máximo para entender a la persona problemática", "asumir que la situación no es tan extrema y tomarse las cosas con sentido del humor".

Y ya solucionado el problema en la pareja, debe abordarse o atacarse al personaje que genera el conflicto. En Cómo tratar a los parientes, Rick Kirschner y Rick Brinkman dividen a los familiares en función de su carácter y proponen estrategias para tratar con ellos. En el caso del mártir ("no aprecias lo que yo he hecho por ti"...), la técnica debería ser:

--Actitud: Un mártir es probable que juegue con cualquier vulnerabilidad que encuentre en usted, ¡así que mantenga altas sus defensas!

--Comportamiento: Acérquese a ellos como si se merecieran gratitud por algo. Aprécieles por todo lo que hacen o lo que quieren hacer.

--Avisos: No le diga que es un mártir, no se defienda (el problema son ellos, no usted), no intente solucionar el problema porque cuando el problema no sea suyo o exista sólo en la mente del mártir cualquier intento que haga de solucionarlo no hará sino afirmar el compromiso y la dedicación del mártir a tener el problema.

En algunos casos, y ya especialmente a estas alturas de las vacaciones, después de bastantes días de convivencia, puede que ninguna de las técnicas anteriores surta efecto. Es el momento de esconder la cabeza bajo el ala o defenderse de los ataques verbales de un suegro o suegra histéricos. Al interesado le servirá de mucha ayuda (si es que ya ha llegado a tal situación) el libro de Barbara Berckhan, Cómo defenderse de los ataques verbales, un libro para ayudarle a:

--Esquivar al agresor con gestos mudos. Responder con el lenguaje corporal: mirar al agresor con los ojos exageradamente abiertos como si tuvieras delante a un extraterrestre.

--La desviación. Hablar de un tema completamente distinto.

--El comentario monosilábico: "Vaya", "qué cosas", "qué pena", "no me digas"... Es una respuesta para ahorrar energía.

--El cumplido. Declarar al adversario el jaque mate, admirándolo y elogiándolo.