La calidad de la programación del Auditori ha alcanzado límites realmente insospechados con la actuación anoche del concertista húngaro Tamás Vásáry, uno de los más grandes pianistas del mundo. El Auditori, bastante lleno de público, escuchó casi con veneración y respeto la magistral interpretación de las 30 variaciones de J. S. Bach, con el aria inicial y la final, más conocidas como las Variaciones Goldberg de WV988, por el nombre del clavicenvalista que por primera vez las interpretó.

Si la primera parte la constituyó esta genial interpretación, no menos sucedió con la segunda en la que el pianista ejecutó la Sonata en si menor S.178 de Franz Listz, con una pulcritud, justeza y delicadeza realmente asombrosas, terminando con un enérgico que fue intensamente aplaudido por el público.

Ante los insistentes aplausos Tamás Vásáry ofreció como bis la sonata completa Claro de luna de Beethoven, la cual volvió a arrancar los cálidos aplausos del público y el concertista tuvo que ofrecer otra pieza, un Nocturno de Chopin. Nuevos aplausos y nueva presencia del pianista, quien interpretó la Marcha Rakozky. En ese momento se dirigió al público para manifestar con un gesto que era el mejor piano del mundo, refiriéndose al precioso instrumento que tenía entre sus manos. Un concierto excepcional en el Auditori.