Llorando, con la emoción contenida del público y rozando la perfección. Así fue ayer la interpretación del Concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky de manos del músico ruso Vadim Repin, en un concierto en el que actuó como solista pero que tenía un protagonista colectivo: la Orquesta Sinfónica de Melbourne. Ellos bordaron la ejecución, ayer, en la sala principal del Auditori de Castelló, de un programa de difícil ejecución y fácil audición, con el Amphitheatre del australiano Brett Dean, en clave contemporánea; y La consagración de la primavera, de Stravinsky, bajo la magistral batuta del maestro Oleg Caetani. Excelencia, versatilidad y perfección se unieron sobre el escenario.