Una forma de habitar el mundo. Así podría definirse la escritura. O también una forma de intentar descifrar el mundo, de entenderlo. O bien, un modo de ser en el mundo. Escribir para ser y estar, para no caer en el olvido. Escribir por necesidad, como un impulso, o un reclamo hacia algo que va más allá de nuestro entendimiento. La escritura como puente, ya sea entre lo terrenal y lo celestial o entre el pasado y el futuro. Ser escribiendo. Escribir siendo, sintiendo. Raúl Quinto reflexiona sobre el sentido de la escritura en un libro nada convencional sobre un personaje nada convencional. En La canción de NOF4 (Jekyll & Jill) ahonda en la figura de Fernando Oreste Nanetti, autor de una sorprendente, por lo extraña y cautivadora, obra escrita en las paredes de piedra del Hospital Psiquiátrico de Volterra, Italia, donde estuvo internado. Nanetti escribía con la hebilla de su cinturón, realizando incisiones sobre el muro que lo separaba del mundo. Hoy día sabemos de él, de esta obra que registró fotográficamente Pier Nello Manoni, por ser considerada una obra cumbre del llamado art brut, ese arte que podríamos considerar «marginal» y con el que Jean Dubuffet se refería a las obras «ejecutadas por personas ajenas a la cultura artística», de modo que podían considerarse como «completamente puras, crudas, reinventadas en todos sus aspectos». Digamos que es arte más allá del arte.

Pier Nello Manoni registró fotográficamente la obra de Nanetti.

No sabemos si Nanetti o NOF4, su obra en el manicomio donde estuvo encerrado gran parte de su vida, estaría muy de acuerdo con el hecho de que su escritura sea considerada hoy como arte. Puede que sí. O puede que no le interesara lo más mínimo explicar nada de esto, pues para él esa escritura, ese lenguaje medio inventado, le servía únicamente como un modo de sacar esos fantasmas que llevaba dentro, esas conexiones que, según él, recibía a través de ondas electromagnéticas telepáticamente día tras día, y que necesitaba registrar. En este sentido, Quinto ofrece un relato, a caballo entre la biografía, el ensayo y la prosa poética, sobre el ejercicio y el sentido de la escritura. «Escribir para qué. Escribir desde dónde. Desde quién. Hacia qué», formula el autor en este libro cuyas primeras páginas son magistrales.

«Las palabras sirven para conjurar el miedo», nos dice Quinto, y nos dice bien, muy bien. Y añade que las palabras sirven para decir: «Esto es el mundo, contémplalo». Así, entendemos las palabras como las claves necesarias para la inteligibilidad de un mundo que, siguiendo de cerca la semblanza de Nanetti, es cruel con el diferente, que alimenta el horror y que se muestra asustadizo ante lo desconocido, ante aquello que no entiende o no termina de comprender, y por eso lo encierra entre muros, lo atiborra de pastillas y lo mantiene pasivo mientras la vida pasa sin dejar tú un rastro, una huella indeleble, un aliento.

Dice Raúl Quinto que este libro no es un ensayo para reivindicar la figura de Fernando Oreste Nanetti, que «esto es sólo una canción para tararear al borde del precipicio». Ciertamente, nos conduce por sendas próximas al abismo, y uno las disfruta.

'La canción de NOF4' (Jekyll & Jill), de Raúl Quinto.