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'La Casa del Dragón': así es la precuela feminista de 'Juego de tronos'

Hablamos con Ryan Condal y Miguel Sapochnik, 'showrunners' de esta adaptación libre de 'Fuego y sangre', el libro de George R. R. Martin sobre la guerra civil que casi acabó con los Targaryen

Milly Alcock (Rhaenys Targaryen de adolescente) y, al fondo, Paddy Considine (el rey Vyseris) en una imagen de ’La Casa del Dragón’. HBO

'La Casa del Dragón' (HBO Max, desde el lunes, día 22), primera serie sucesora de 'Juego de tronos', es una apuesta más que importante para HBO: su nivel de éxito dará pistas del potencial como franquicia del universo creado por George R. R. Martin, quien se ha involucrado en esta producción como no lo hizo en un 'spin-off' de piloto rodado y descartado, 'Bloodmoon', sobre el período apocalíptico de la Larga Noche. 

Quienes no participan son los 'showrunners' de 'Juego de tronos', David Benioff y D. B. Weiss, desde verano de 2019 asociados en lucrativo acuerdo con Netflix. Los jefes son ahora Ryan Condal (cocreador de 'Colony'), superfan y casi ahijado de Martin, y un veterano de la serie madre, Miguel Sapochnik, director de episodios tan señalados como 'Casa Austera', 'La batalla de los bastardos' y 'Vientos de invierno'. "Contribuí a crear un estilo diferenciado, sobre todo en cuanto a las escenas de batalla", nos remarca el propio Sapochnik por videollamada. 

Simplificar una triple historia

Al contrario que la anunciada secuela sobre Jon Snow, esta precuela se basa en una trama que Martin había detallado por escrito. En concreto, en su no tan leído tocho de 2018 'Fuego y sangre', (triple) recuento (falsamente) histórico de antiguos devenires de la Casa Targaryen. Adaptarlo era un desafío, recuerda Condal: "No es una novela al uso. Un maestre de la Ciudadela repasa tres relatos diferentes de unos eventos históricos y trata de averiguar qué pasó realmente, porque las versiones no encajan entre ellas. El libro tiene un punto de vista poliédrico al estilo de 'Rashomon', el clásico de Akira Kurosawa. Aquello acabó dándonos cierta libertad de movimiento. Escogimos los aspectos que nos interesaban para construir una versión sencilla y lineal de una obra muy complicada".

Desarrollada un par de siglos antes de 'Juego de tronos', la serie explica las raíces y el curso de una guerra civil entre los ancestros de Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), reina de dragones. Si el nombre no hubiera estado cogido, se podría haber llamado 'Succession'. Consciente del final de sus días, el rey Jaeharys Targaryen (Michael Carter) convoca una asamblea de nobles para elegir un sucesor. Sin hijos vivos como candidatos, acaba eligiéndose a su nieto Viserys (Paddy Considine), descartando por el camino a la prima más mayor del anterior, Rhaenys (Eve Best), solo por tratarse de una mujer.

Catorce años después, el propio Viserys tiene tantas dudas como Logan Roy sobre a quién traspasar el poder. Víctima de numerosos abortos, su mujer no ha llegado a darle un heredero masculino. Una opción lógica sería su primogénita Rhaenyra (Milly Alcock), pero ninguna mujer se ha sentado antes en el Trono de Hierro. El hermano pequeño de Vyseris, un guerrero voluble y violento llamado Daemon (Matt Smith), parece destinado a ser el heredero. La opción preocupa a Ser Otto Hightower (Rhys Ifans), la Mano del Rey, hasta el punto de poner en brazos de Vyseris a su hija Alicent (Emily Carey), mejor amiga de Rhaenyra, para más señas.

"Esta es, en esencia, la historia de una amistad femenina que acaba yéndose al traste por culpa del patriarcado", nos dice Emma D'Arcy, que interpreta a la princesa Rhaenyra de adulta. En esta línea temporal, la gran Olivia Cooke ('Slow horses') es Alicent, esposa del rey y, por tanto, reina. "El patriarcado entiende que la forma de controlar a las mujeres es sembrando la discordia entre ellas y enfrentándolas –sigue D'Arcy–. A lo largo de la serie, ellas buscan una reunificación luchando contra la estructura que está tratando de dividirlas".

Serie política… ¿pero menos? 

Sin buscarla realmente, Condal y Sapochnik encontraron una clara idea central para su serie: el patriarcado prefiere autodestruirse a dejar que una mujer gobierne. "Lo único que podía tirar abajo la Casa del Dragón era ella misma", se oye en el prólogo. D'Arcy confirma este pertinente ángulo feminista: "La serie habla de líderes femeninas y de su falta. Una de las preguntas que plantea es: si eres una mujer que quiere gobernar, ¿cómo convences a un electorado? Creo que es una pregunta de actualidad. Seguimos eligiendo a líderes masculinos". Por otro lado, 'La Casa del Dragón' pone el foco sobre los peligros del parto en aquella era –el parto es otro campo de batalla– y la violencia sexual sufrida por las mujeres a manos de los hombres. 

Hace solo unos días, el actor Sean Bean (antiguo Ned Stark) sembraba cierta polémica al asegurar a 'The Times' que la figura del coordinador de intimidad ha arruinado las escenas de sexo. Figura reforzada en 'La Casa del Dragón' para no caer en tentaciones de mera explotación de los cuerpos. No es la única diferencia con la serie madre: "Queríamos que 'La Casa del Dragón' resultara familiar y que, a la vez, quedara claro que se desarrolla ciento setenta años atrás", dice Condal. "Debía ser un reencuentro con Poniente, pero claramente en una era distinta; incluso en el periodo medieval, cuando la tecnología podía avanzar más lentamente que ahora, casi dos siglos eran casi dos siglos. El desafío era saber qué debía cambiarse y qué mantenerse en cada aspecto, del diseño de producción a la moda y la sensibilidad".

"Ya solo por cómo visten, los Targaryen eran fascistas", apunta Sapochnik. "Son lo más cercano a una raza aria que se pueda imaginar. Y, sin embargo, tratamos de ponernos en el pellejo de esta gente, gente que hace el mal sin creer que lo hace. El personaje de Considine es interesante porque es un Targaryen progresista".

Como tratando de conservar al público conservador, Condal se refiere a 'La Casa del Dragón' como "escapismo divertido" y niega que sea una serie política, "aunque en ella pasen cosas políticas". Quiere que busquemos las lecciones en otras partes. "No estábamos tratando de escribir un trabajo de final de carrera ni de enseñar nada a nadie. Solo queríamos trabajar en los temas y las ideas de la primera serie y presentar todo eso de forma fresca: hacer lo mismo pero diferente".

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