¿Qué convierte a una persona en escritor?¿Cómo se hace uno escritor? Estas son preguntas sin respuestas claras, porque cada autor que se ha preocupado de ellas no ha terminado de sacar una conclusión clara o una solución que le convenza. 

¿Qué es ser escritor? ¿Es lo mismo escritor que escribidor? ¿Todo el que escribe puede considerarse escritor? Siempre he creído que afirmar tajantemente que «uno es escritor» conlleva una gran responsabilidad, para con uno mismo, para con la propia escritura y para con la literatura. No siempre se posee esa gracia, o ese don, y no a todo el mundo le visita ese ángel literario halfoniano o tuvo ese momento epifánico. Esa es, también, la gracia de este periplo que llamamos vida, el hecho de que cada uno de nosotros encuentre su camino, que vaya en busca de su propia voz, que se rodee de aquellas personas que, de un modo u otro, llenen esos vacíos, esas grietas que existen y existirán siempre, y por las cuales sienta orgullo y sienta su amor.

La palabra es un milagro, un presente capaz de ordenar nuestro mundo interior y exterior, de transformarlo. La palabra es, asimismo, un pequeño refugio, una oportunidad para conocernos y para conocer todo cuanto nos inquieta, nos aflige, nos enamora... Quien es un verdadero escritor sabe que las palabras son capaces de generar un diálogo más intenso y significante, y saben el peso y el poder que tiene el lenguaje, su construcción, su experimentación.

Un hallazgo

A finales del pasado mes de septiembre me llegó un correo electrónico cuyo remitente era totalmente desconocido. Firmaba un tal Laura Colmenero, y en el cuerpo del mensaje señalaba que quería saber si había alguna posibilidad de dar a conocer un libro en el que había estado trabajando, un libro «con una historia abrumadora». He de confesar que me picó la curiosidad e hice lo que cabía esperar: buscarla en Google. 

En mi búsqueda di con un perfil en Twitter, en cuya biografía aparecía un enlace a una especie de blog o diario virtual. Cliqué, claro, y descubrí una serie de entradas que me dejaron perplejo. Eran (son) una especie de escritos desvergonzados, viscerales, un tanto radicales en su planteamiento y, sobre todo, en su contenido. En esos textos creí ver un talento en ciernes. 

Al cabo de un par de semanas, respondí a ese email con la intención de poder conocer a la persona que estaba tras esos textos que me recordaban a esas novelas del realismo sucio descaradas y descarnadas, como también a la literatura extrema y contundente de autoras como Virginie Despentes o Nelly Arcan. Así fue como conocí a Laura Colmenero en persona, una chica joven, estudiante de periodismo, que desde pequeña supo que quería dedicarse a la escritura, que quería ser escritora, como me confesó durante nuestro encuentro. 

¿Pertenecerme? Ese es el título del libro, el primer libro, de Laura Colmenero, un título extraño, sí, pero que encierra perfectamente el significado de lo narrado en él. ¿Y qué es exactamente lo que uno encuentra? Una especie de relato autoficcional –aunque todo relato lo es en realidad– en el que su autora se pregunta sobre la sexualidad, las cuestiones de género, las relaciones... Y lo hace, además, sin tapujos, demostrando sobre el papel, con las palabras, una madurez sorprendente. 

Hablando con ella, me reconocía que la literatura de Despentes o Arcan le han marcado mucho, así como la Generación Beat o el siempre querido como odiado Charles Bukowski. Es, la suya, una literatura visceral, que brota de sus mismísimas entrañas y que te impregna y conmociona por la dureza que muestra en ocasiones, así como por las incertidumbres, complejos y recelos que todo ser humano tiene y padece. 

La protagonista de esta historia es una prostituta, y Colmenero nos habla de la importancia del cuerpo, de valor del cuerpo, de las complejidades que entraña el cuerpo... Aquí se habla de vacíos, de angustias, de llantos, de sombras abstractas y superficies rugosas, de sudor, de máscaras, de drogas y de sexo, mucho sexo, pero no de un modo obsceno, ni muchísimo menos, sino como algo que, en realidad, es natural. Dicho de otro modo, estamos ante una historia que deja a un lado esos tabúes y prejuicios, que busca normalizar cuestiones tan relevantes como las relacionadas con el género y la sexualidad. Y sí, es una novela de juventud, pero es una novela que puede iniciar un camino, una carrera que, intuyo, puede dar mucho de sí.

El 16 de noviembre la presentará en Argot. Habrá que ir a escucharla. Les animo a leerla