Paloma Díaz-Mas: El arte de reconstruir la vida en palabras
La escritora y también miembro de la Real Academia Española de la Lengua (ocupa el sillón 'i') visita Benicàssim
Presenta en la librería Noviembre este 5 de abril, a las 19.00 horas, su novela Las fracturas doradas (Anagrama)

La escritora y académica Paloma Díaz-Mas acercará a los lectores benicense su novela 'Las fracturas doradas' (Anagrama). / Víctor Lerena
Hay historias que no se buscan, que se imponen con la fuerza de lo inevitable. Las fracturas doradas (Anagrama), novela de Paloma Díaz-Mas, es una de ellas. Su origen no está en la imaginación, sino en la pérdida: la muerte repentina de su hermano llevó a la autora a dejar de lado otro proyecto para escribir este libro. «Transformar en palabras los hechos que había vivido y mis propios sentimientos me ha ayudado a asimilarlos y, también, a mirarlos con un poco de distancia», me explica. Escribir, en este caso, no ha sido una terapia, pero sí un modo de reconstrucción personal.
Más allá de las cicatrices individuales, Las fracturas doradas invita a mirar la vida con otra perspectiva. No se trata de borrar las heridas, sino de darles un nuevo significado. Este sábado, 5 de abril, a las 19.00 horas, en la librería Noviembre de Benicàssim, Paloma Díaz-Mas compartirá, acompañada de Lourdes Rubio, su experiencia con los lectores en un encuentro que promete ser más que una presentación: una conversación sobre la pérdida, la reconstrucción y la belleza de las grietas que nos conforman. Nosotros hablamos con ella.
Las fracturas doradas surge de una experiencia personal devastadora y de un proceso de duelo. ¿Cómo transformó esa vivencia su escritura? ¿Fue la literatura un refugio o una forma de reconstrucción personal?
Suele decirse que a los escritores el proceso de escritura nos sirve de terapia. No sé si en este caso ha sido exactamente así, pero lo cierto es que he sentido que necesitaba escribir este libro. De hecho, estaba escribiendo otro y lo dejé para escribir este.
Tras la muerte repentina de mi hermano, el transformar en palabras los hechos que había vivido y mis propios sentimientos me ha ayudado a asimilarlos y, también, a mirarlos con un poco de distancia, al convertir en novela una experiencia desgarradora.

Paloma Díaz-Mas ocupa el sillon 'i' de la Real Academia Española de la Lengua. / Carlos Mota
En su novela, la técnica japonesa del kintsugi se convierte en una metáfora de la aceptación del dolor y la pérdida. ¿De qué manera cree que la literatura puede cumplir una función similar en nuestras vidas?
En efecto, el kintsugi es una técnica de restauración de la porcelana, que al parecer se inventó en Japón en el siglo XV, y que consiste en reconstruir las piezas resaltando las líneas de fractura con polvo de oro, en vez de disimularlas. Me pareció una metáfora perfecta del proceso del duelo y de la asimilación de una pérdida. Por eso el libro está estructurado como un proceso de kintsugi, en el que, tras dos capítulos iniciales, aparecen tres capítulos sucesivos que se titulan 'Fragmentos', 'Restauración' y 'Las fracturas doradas'. La idea es que el duelo puede ayudar a reconstruirnos de manera que, al final, quizás lleguemos a ser mejores y más perfectos, como los objetos reparados con la técnica de kintsugi. En esa reconstrucción para mí ha sido muy importante la escritura.
«Creo que hemos tenido ocasión de comprobar la vigencia de la literatura a raíz de la pandemia»
Usted ha reflexionado sobre el proceso de creación literaria en distintos ensayos. En este caso, ¿cómo fue el tránsito desde la idea original de escribir sobre los sueños hasta este libro atravesado por la pérdida?
Sí, yo estaba escribiendo un libro que no trataba exactamente sobre los sueños, sino que cada uno de sus capítulos iba a iniciarse con un sueño. Lo dejé para escribir este, así que no fue propiamente un tránsito, sino un cambio de tema y de libro, motivado porque la fuerza de los hechos se impuso sobre mi proyecto literario inicial.
Todavía no he retomado el libro que estaba escribiendo, pero espero poder hacerlo pronto. De todas formas, yo escribo muy despacio y suelo dejar los libros reposar, cuando están a medio escribir, para releerlos al cabo de bastante tiempo, cuando ya me he olvidado de lo que escribí. Es una técnica que me da buen resultado, porque redescubro mi propia escritura, leyéndola como si no fuera mía.

'Las fracturas doradas'
Autora: Paloma Díaz-Mas
Editorial: Anagrama
160 páginas; 17,9 euros
Ha explorado distintos géneros, desde la narrativa hasta el ensayo y el teatro. ¿De qué manera la elección de una forma literaria condiciona su manera de contar una historia?
Yo lo veo más bien al revés: dependiendo de lo que quiera contar, adopto una forma u otra y, lógicamente, cada género tiene sus convenciones y sus exigencias.
Lo que hasta ahora he escrito han sido principalmente dos tipos de libros: ensayos, a veces muy académicos y a veces muy divulgativos, como mi Breve historia de los judíos en España; y creación literaria, un ámbito en el que me considero sobre todo narradora, autora de novelas y cuentos, aunque haya hecho alguna incursión ocasional en el teatro o en la literatura infantil.
Su trayectoria como investigadora ha estado muy ligada a la memoria y a la literatura sefardí. ¿Encuentra puntos de conexión entre su labor académica y su escritura de creación?
Curiosamente, no he escrito nunca una novela sobre los sefardíes, un tema sobre el que he publicado varios libros y numerosos artículos; sí que escribí, cuando era muy joven, una obrita de teatro en el que la protagonista era una sefardí. Es que hago una separación muy clara entre la creación literaria y los escritos que son producto de mi mis trabajos de investigación.
«En mis libros sigue habiendo una reflexión moral, pero mi escritura se ha hecho más autobiográfica»
En tiempos de inmediatez y saturación informativa, ¿qué papel cree que tiene hoy la literatura? ¿Sigue siendo la palabra escrita un espacio para la reflexión profunda?
Creo que hemos tenido ocasión de comprobar la vigencia de la literatura a raíz de la pandemia. Durante el confinamiento, mucha gente se refugió en la lectura, e incluso se aficionaron a leer personas que antes no lo hacían. Recuerdo una frase de un librero en una entrevista de un medio de comunicación: explicaba que, cuando las librerías volvieron a abrir tras el confinamiento, «fue como si hubieran soltado los toros» porque los clientes acudieron en tropel, ávidos de libros. Quizás uno de los efectos inesperados de la terible pandemia haya sido reforzar el papel de la literatura en nuestras vidas.
En sus libros anteriores, como Lo que aprendemos de los gatos o El pan que como, la mirada sobre lo cotidiano se convierte en fuente de conocimiento. ¿Cómo se vincula esta perspectiva con la escritura de Las fracturas doradas?
Como he sido profesora de literatura, tengo una tendencia irresistible a analizar los períodos de creación de los escritores, incluida yo misma. Yo dividiría mi obra literaria en dos épocas: en el siglo XX escribí sobre todo libros de ficción, con argumentos inventados en los que trataba la historia y el pasado con una mirada irónica, de la que derivaba una reflexión moral. En el siglo XXI, al ser más mayor y tener una mayor experiencia vital, en mis libros sigue habiendo una reflexión moral, pero mi escritura se ha hecho más autobiográfica, más directamente basada en experiencias vitales y en la observación de la vida cotidiana. En esa línea de reflexión sobre la experiencia y observación de lo cotidiano están los tres libros que menciona.
¿Qué le gustaría que quedara en el lector después de leer esta novela? ¿Espera que sea una invitación a mirar de otro modo la propia vida y sus fracturas?
Normalmente no escribo pensando en qué efecto causará el libro en el lector, entre otras cosas porque me resulta imposible adivinarlo. Los motivos por los cuales un libro gusta o no, sirve o no a quien lo lee, son incomprensibles para mí. Cuando se trata de algo tan personal como este libro, siempre me cabe la duda de si un texto tan íntimo y peculiar le interesará a alguien. Pero, por las noticias que me van llegando, parece que hay lectores a los que el libro les está ayudando en sus propios procesos de duelo. Y es que muchas personas han vivido situaciones parecidas y se sienten identificadas, e incluso reflejadas en el texto.
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