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24 de enero, inauguración

'Luz negra': Julián Barón examina el espectáculo del poder en Cúmul

La exposición reúne dos series fotográficas del castellonense que exploran cómo la autoridad se representa, se enseña y se legitima a través de la imagen y la exhibición pública de la fuerza

La exposición 'Luz negra' se presenta como una nueva estación en el recorrido crítico del castellonense Julián Barón.

La exposición 'Luz negra' se presenta como una nueva estación en el recorrido crítico del castellonense Julián Barón. / MEDITERRÁNEO

Eric Gras

Eric Gras

Algunas exposiciones funcionan como un espejo incómodo: no devuelven tanto lo que vemos como la manera en que hemos aprendido a mirar. Luz negra, el nuevo proyecto de Julián Barón que se inaugura este sábado, 24 de enero, en Cúmul, se mueve en ese territorio crítico donde la imagen deja de ser un mero registro para convertirse en un dispositivo de poder.

Comisariada por Carlos Bonet, la muestra articula dos series en la trayectoria del artista —Tauromaquia (2014) y Olimpia (2025, inédita)— para construir un ensayo visual sobre la escenificación contemporánea de la autoridad, sus rituales, sus pedagogías y la naturalización simbólica de la fuerza. Lejos del énfasis espectacular, Barón propone una mirada contenida, casi analítica, sobre cómo el poder se representa, se repite y se legitima a través de sus propias imágenes.

Imagen, poder y tradición inventada

El punto de partida conceptual de Luz negra dialoga con la idea historiográfica de la invención de la tradición, formulada por Eric Hobsbawm. En palabras del comisario Carlos Bonet, se trata de prácticas que buscan «establecer una continuidad artificial con un pasado histórico idealizado o imaginado», con el objetivo de legitimar formas de cohesión social en contextos de transformación profunda. En ese marco, el espectáculo festivo y lúdico —corridas, desfiles, exhibiciones— se convierte en una herramienta eficaz para filtrar lo mítico en el imaginario colectivo.

El espacio expositivo de Cúmul se transforma para albergar la exposición 'Luz negra' de Julián Barón.

El espacio expositivo de Cúmul se transforma para albergar la exposición 'Luz negra' de Julián Barón. / Julián Barón

No es casual, por tanto, que los regímenes autoritarios del siglo XX recurrieran al espectáculo como vehículo pedagógico. Esa lógica atraviesa de forma constante el trabajo de Barón, cuya obra investiga cómo el poder se sirve de la imagen para representarse, educar y perpetuarse.

De la tauromaquia a los estadios olímpicos

Las dos series que conforman la exposición establecen un diálogo histórico y visual. Por un lado, Tauromaquia remite al espectáculo goyesco de las corridas de toros del siglo XIX; por otro, Olimpia toma su título de la película dirigida por Leni Riefenstahl en 1936, una referencia explícita a la monumentalización estética del poder.

Las imágenes proceden de pantallas de televisores y dispositivos audiovisuales de uso cotidiano, una elección que no es neutra. Como señala Bonet, toda forma de poder «configura su propio régimen visual», una retórica que atraviesa de manera constante el trabajo de Barón y sitúa la imagen como herramienta de legitimación, educación y permanencia. En ellas aparecen exhibiciones policiales dirigidas a un público escolar en plazas de toros y estadios olímpicos. Sin embargo, como subraya el propio artista, el foco no está en los cuerpos representados ni en los espacios, sino en la forma en que la autoridad se escenifica a sí misma, en la construcción de una pedagogía del poder basada en la exhibición pública de la fuerza y el armamento.

Fotocopia, repetición y banalización

Formalmente, las obras adoptan una estética que remite a la fotocopia: imágenes degradadas, repetidas, erosionadas por el propio proceso técnico. Una materialidad sencilla que, como apunta el comisario, «contrasta con la solemnidad del relato» y refuerza la idea de un poder que se multiplica y se banaliza a través de su reiteración.

El uso del escaneado múltiple y la superposición de resultados genera secuencias visuales que evocan las representaciones del movimiento propias del futurismo italiano, donde máquina, industria y Estado constituían un mismo imaginario. Aquí, esa herencia se reactualiza desde una sensibilidad contemporánea, fría y casi administrativa.

La luz negra como metáfora política

El espacio expositivo de Cúmul aparece bañado por luz negra, un recurso que no funciona solo como dispositivo escenográfico. Bonet la define como una luz que «revela aquello que habitualmente queda oculto en la oscuridad» y que, al mismo tiempo, actúa como metáfora de un poder invasivo: una energía que ilumina y ciega, que muestra y domina a la vez.

El espacio expositivo aparece bañado por luz negra, un recurso que no funciona solo como dispositivo escenográfico.

El espacio expositivo aparece bañado por luz negra, un recurso que no funciona solo como dispositivo escenográfico. / Julián Barón

En ese entorno, Luz negra no propone una lectura complaciente. La exposición invita a reflexionar sobre la violencia invisible, sobre los mecanismos simbólicos que normalizan el control social y sobre el papel de la imagen en la construcción de relatos de autoridad que se presentan como naturales o inevitables. Sin duda, este proyecto se muestra como una nueva estación en el recorrido crítico de Julián Barón, un trabajo que vuelve a recordarnos que toda forma de poder construye su propio régimen visual y que, a veces, basta con cambiar la luz para empezar a verlo con claridad.

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