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Entrevista | José Corbacho Actor, director, guionista y humorista

José Corbacho, en Castelló: «Reírse de uno mismo es una forma de desdramatizar la vida»

El reconocido artista ofrece este 29 de enero, a las 20.30 horas, en el Teatre Principal de Castelló, su espectáculo 'Ante todo mucha calma', cita que se engloba en el ciclo 'Del dolor al humor' que impulsa el Ayuntamiento de la capital y el IVC

José Corbacho inaugura el ciclo 'Del dolor al humor' con su espectáculo 'Ante todo mucha calma'.

David Ruano

Eric Gras

Eric Gras

Ante todo mucha calma es el título de un monólogo en el que José Corbacho se ríe de todo, pero, básicamente de sí mismo. Este show llega al Teatre Principal de Castelló este jueves, 29 de enero, a partir de las 20.30 horas, y no es una cita cualquiera o aislada, puesto que se engloba dentro del nuevo ciclo impulsado por el Ayuntamiento de la capital de la Plana y el Institut Valencià de Cultura (IVC), en colaboración con Original Concerts, titulado Del dolor al humor.

Con el actor, guionista, director de cine y humorista hablamos para conocer mejor las claves de este espectáculo y, sobre todo, la idea del humor y de la comedia de uno de los rostros más populares de la televisión y de la gran pantalla en nuestro país.

—Llegas a Castelló para participar dentro del ciclo que se titula Del dolor al humor. En tu caso, el humor siempre ha convivido con una mirada muy atenta a la fragilidad humana. ¿En qué momento entendiste que hacer reír también podía ser una forma de cuidar?

La verdad es que lo entendí bastante jovencito y en unas circunstancias un tanto especiales. Yo siempre fui un niño y un adolescente –bueno, igual lo continúo siendo– de salud delicada. Eso me llevó a varios ingresos hospitalarios en pediatría por un problema renal que tuve, y en esos periodos siempre estuve rodeado de niños. Así, cuando tenía 16, 17 o incluso 18 años, seguía rodeado de ellos y allí me di cuenta de algo importante.

José Corbacho inaugura el ciclo 'Del dolor al humor' que traerá a Castelló a figuras de la comedia este 2026.

José Corbacho inaugura el ciclo 'Del dolor al humor' que traerá a Castelló a figuras de la comedia este 2026. / David Ruano

—¿Qué fue?

Con todas esas criaturas a mi alrededor me di cuenta de que, al final, los críos siempre quieren jugar y pasárselo bien, siempre quieren reírse, aunque estén conectados a un suero, a una máquina o a lo que sea. Ahí supe que el humor es terapéutico, lógicamente, pero lo hice de una forma intuitiva, sin saberlo, porque en aquella época no se hablaba tanto de las herramientas que tenemos ahora para afrontar este tipo de adversidades.

—Presentas el espectáculo Ante todo mucha calma, donde hay mucha risa, pero también una invitación a bajar pulsaciones en un mundo acelerado.

Con ese título... Yo tampoco es que sea muy calmado sobre el escenario –se ríe–. A mí me encanta ir con mucho ritmo, que la gente se ría mucho, que sea capaz de reírse de sí misma, algo que siempre he puesto en práctica o he pretendido lograr debido a mi formación, a mi escuela, que no fue otra que la compañía de teatro La Cubana, donde siempre me inculcaron que lo primero era reírme de mí mismo para luego poder reírme del mundo.

«Vivimos en un mundo acelerado y la solución primaria que tenemos es reírnos un poco de todo y desdramatizar»

—Una sabia recomendación.

Creo que reírte de ti mismo es una manera de desdramatizar, de relativizar, y de convivir con las exigencias que te vienen de fuera. Vivimos en un mundo que es, como decía la película, «Todo a la vez en todas partes». Todo es para ya, todo son prisas. Y el hecho de estar cada vez más conectados tecnológicamente no ayuda, porque implica recibir más estímulos y ponernos metas que a veces, o muchas veces, son absurdas e irreales.

—¿Qué nos puedes contar del título de este espectáculo?

El título tiene su punto de ironía, claro, porque... ¡Qué complicado es estar en calma en un mundo que va tan rápido, donde cada día parece que se acaba el mundo, que empieza una guerra, que estamos viviendo una jornada histórica! Todo eso te hace pensar, aunque no sepa si la solución sea aislarse o desconectarse. De ahí que piense que la solución primaria sea reírse un poco de todo.

Por otro lado, te diré que el título del monólogo se lo pillé prestado a un grupo que me gustaba mucho, Siniestro Total, que sacó un álbum llamado precisamente Ante todo mucha calma. A través del rock and roll y del humor —porque tenían letras muy cómicas— se reían de todo de una forma punk y salvaje. De ahí salió este título, que es casi un consejo que comparto con los espectadores, aunque en realidad el espectáculo, su objetivo principal, es reírse. De hecho, a mí lo que me interesa es que durante la hora y media que están en el teatro se rían mucho, se olviden del mundo y salgan pensando: «Hostia, pues igual no estoy tan mal».

«Cuando ves a niños hospitalizados que quieren reírse incluso conectados a una máquina, entiendes que el humor es terapéutico»

—Has dirigido cine social y has hecho comedia televisiva muy popular. Cuando te subes solo a un escenario, ¿qué parte de ti pesa más: el narrador de historias o el observador crítico de la realidad?

Creo que hay una mezcla. Esto de subirme solo al escenario —cuando siempre he estado muy bien acompañado— no nace de haber estado mal acompañado, al contrario. Siempre he estado muy bien acompañado, tanto en La Cubana como cuando empecé a hacer monólogos en 5Hombres.com, o cuando compartí escenario con Buenafuente, Berto y otros.

Mi referencia de la «soledad en el escenario» siempre fue Pepe Rubianes, con quien compartí tiempo y amistad. Yo le decía: «De mayor quiero ser como tú». Y él me respondía: «Ya eres mayor, Corbacho, no me jodas». Más allá del contenido, Rubianes explicaba historias que partían de la realidad.

Yo hago lo mismo: explico cosas basadas en mi realidad. Hablo de mí, de mi madre, de mi hijo, de mi mujer, de mi perro. Y eso hace que mucha gente se vea reflejada, porque todos tenemos padres, hijos, parejas, miserias. Para mí, la base del humor siempre ha sido la realidad, haga comedia o no. Vas por la calle, ves algo y dices: «Ay». Luego le aplicas la lupa del humor. Así que probablemente soy una mezcla de narrador de historias y observador pegado al suelo. Me cuesta despegarme del mundo. En el momento en que te aíslas y te creas una burbuja, a mí ya no me sale. Me gusta estar con los pies en la tierra.

—Entonces, si alguien entra al Teatre Principal buscando solo reírse y sale con alguna pregunta rondándole la cabeza…

Bienvenido sea. A mí me gusta que haya muchas capas en un monólogo de comedia. Me gusta que la gente se ría tres o cuatro veces por minuto –si es más, mejor–, pero si entre chiste y chiste alguien piensa: «Hostia, es verdad esto que cuenta sobre la cantidad de información que recibe ahora un niño, o sobre cómo el móvil está generando nuevas patologías...», pues igual te lo replanteas. O te replanteas lo idiotas que podemos llegar a ser como seres humanos. Yo hablo de miserias desde la comedia, primero las mías y luego las de los demás, pero no dejan de ser miserias reales.

—Has trabajado con varias generaciones de cómicos y has visto cambiar el oficio desde dentro. ¿Qué crees que las nuevas hornadas pueden aprender del humor que no tenía redes sociales?

Las redes sociales han cambiado nuestras vidas y, por tanto, también la comedia. Pero al final todo se reduce a lo mismo: hay miles de colores del humor y yo los defiendo todos, incluso los que generan polémica. Para mí, el humor tiene que ser libre. Siempre ha sido un canal de comunicación. La única línea roja del humor es que alguien se divierta. Da igual que sea una persona o un millón. Que encuentres a tu público y que ese público se ría. A partir de ahí, vamos pa’lante.

«El humor siempre ha sido mi manera de estar pegado a la realidad»

—¿Y luego qué? ¿Cuál sería el siguiente paso, si es que lo hay?

Eso nos lleva a la idea de la originalidad, que en realidad es relativa. Casi todo se parece a algo anterior. Estos días leía muchas crónicas sobre la película Hamnet y pensaba en Shakespeare, en las tragedias griegas… Si Shakespeare no era «original» en el sentido estricto, sino que reinterpretaba historias de forma magistral, imagínate en el humor.

—Diríamos, pues, que ahí lo importante es el matiz que cada uno le dé, su personalidad o carácter, su genio.

Siempre ha habido comedia maravillosa. En el caso del monólogo clásico, con gente como Pepe Rubianes o Miguel Gila, lo valioso era qué explicaban y cómo lo explicaban. Muchas cosas que contaban ellos, u otros cómicos algo defenestrados pero que a mí me encantaba como Manolo de Vega, son temas universales. Lo que cambia es el punto de vista.

—Un punto de vista que, como es obvio, cambia y se muta con el paso del tiempo.

El contenido varía con la sociedad. Nos reíamos de cosas hace 20 años que ahora no nos hacen ninguna gracia. Y quién sabe de qué nos reiremos dentro de 20 años. El mundo es cíclico y, aunque no nos guste, igual dentro de un tiempo volvemos a códigos de hace décadas. A mí no me gustaría, pero la sociedad siempre te sorprende.

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