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Pepe Beas, desde Castellón a los márgenes de lo real: el CCCC revisa la obra de un pionero del videoarte

El Centre del Carme acoge la primera retrospectiva en España del artista castellonense, argentino de origen, con nueve instalaciones que recorren cinco décadas de creación irreverente y radical

El Centre del Carme muestra la mirada irreverente y provocadora de Pepe Beas, pionero del videoarte, en su primera exposición retrospectiva en España

R. D. M.

Eric Gras

Eric Gras

El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) mira de frente a una de las trayectorias más singulares y menos domesticadas del arte contemporáneo español. Lo hace con Pepe Beas. Los márgenes de lo real, la primera exposición retrospectiva en España dedicada al trabajo videográfico del artista castellonense Pepe Beas, argentino de origen y figura clave en la génesis del videoarte en nuestro país.

La muestra, que podrá visitarse hasta el 12 de abril en la Sala Ferreres, recorre más de cinco décadas de producción artística a través de nueve grandes instalaciones concebidas como escenografías inmersivas, donde imagen, sonido, luz y materia dialogan sin jerarquías.

De Argentina a Castellón: una biografía marcada por el exilio

Hijo de españoles emigrados a la Argentina peronista, Pepe Beas llega a España en los años 70 huyendo de la dictadura de Lonardi y se afinca en la Comunitat Valenciana, desarrollando desde Castellón una obra profundamente atravesada por la experiencia del desarraigo, la identidad y la violencia simbólica.

La Sala Ferreres del CCCC alberga la exposición de Beas hasta el 12 de abril.

La Sala Ferreres del CCCC alberga la exposición de Beas hasta el 12 de abril. / Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana

Ese cruce biográfico explica una práctica artística siempre situada en los márgenes: de los lenguajes, de las instituciones y de los relatos oficiales. No es casual que su figura se haya vinculado históricamente al espíritu de creadores como Antoni Muntadas, Eugènia Balcells, Antoni Miralda, Francesc Torres, Nam June Paik o Wolf Vostell, con quienes comparte una concepción expandida del audiovisual como herramienta crítica.

El vídeo como escultura: una experiencia física

La exposición, producida por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, fue presentada por su director-gerente, Nicolás Bugeda, junto a la comisaria Silvia Tena y el propio artista. Bugeda subrayó la dimensión plástica del trabajo de Beas, señalando que cada instalación «es una puerta de entrada a su universo creativo» y que, aunque el vídeo vertebre su obra, «lo que se va a encontrar el visitante son grandes esculturas donde la imagen en movimiento aparece insertada en medio de una escenografía y donde la luz y el sonido terminan de completar el mensaje».

No se trata, por tanto, de una retrospectiva al uso, sino de una experiencia corporal, donde el espectador es interpelado por cuestiones como la emigración, la identidad, la violencia, el misticismo o la serialidad infinita de la vida.

Del súper-8 al videoarte: una cronología adelantada a su tiempo

Tal como explica Silvia Tena, los primeros trabajos de Pepe Beas se sitúan en el cine independiente en súper-8 y 16 mm, con piezas que ya a mediados de los años setenta quiebran el relato cinematográfico tradicional. Hoy se reconoce que en esa etapa temprana Beas estaba trabajando, de forma intuitiva, en lo que más tarde se denominaría videoarte, evolucionando posteriormente hacia la videoinstalación y la videoescultura.

En esas obras iniciales, el artista reflexiona sobre las normas sociales de la España franquista, en contraste con la sociedad más abierta que había conocido en Argentina. Para esta retrospectiva, varias de esas películas de los años 70 y 80 han sido restauradas y digitalizadas, pudiendo verse ahora como primicia, salvadas de su desaparición.

Tena recuerda además que «Beas fue también un pionero porque organizó la primera muestra de videoarte en la Comunitat en los años 80, en Llucena, Castellón».

Nueve instalaciones para una vida entera

El recorrido expositivo propone una lectura más o menos cronológica a través de nueve instalaciones clave. En El sueño del emigrante (1992), Beas aborda la deshumanización del individuo en un mundo alienante. La videoboda o Presente ilustrativo (1989) sumerge al visitante en un banquete nupcial atravesado por vídeos de bodas reales de los años 70, cuestionando el ritual como construcción social, en diálogo con referentes como Texas TV Dinner de Miralda.

A partir de los años 2000, el artista se adentra de lleno en el pensamiento filosófico con obras como Los Eremitas (2002), Deshielo y mandorla (2011-2012) o La realidad es serial como algunos asesinos (2007-2008), donde una cinta sinfín se convierte en metáfora de la repetición infinita de la vida.

En El festín de la carne (2007), la tensión entre lo carnal y lo espiritual se materializa en barro, entendido —en palabras de Tena— como una alegoría del ser humano. Ya en la etapa final, Runa Uturunco (2015) recurre a una leyenda indígena argentina para reflexionar sobre poder y transformación, mientras que Laudas funerarias como sábanas tendidas al sol (2019) y los vídeos Persona y Tierra de promisión (2002-2025) regresan a los temas fundacionales: identidad y emigración.

Una obra en plena madurez

Según la comisaria, el periodo 2019-2025 supone la plena consolidación del lenguaje videográfico de Beas, con una estética dura, despojada de retórica, que aborda sin concesiones los grandes miedos del presente: la soledad, la insatisfacción vital, el odio, la disolución de la identidad o la violencia en las megaciudades globales.

Por su parte, el artista reconoce que esta retrospectiva «muestra el tránsito de mi vida, está la juventud, la madurez y la ancianidad», desde la provocación inicial hasta una mirada más íntima y espiritual.

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