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La exposición de Erik Schmidt en Castelló: ironía, melancolía y una ética de la mirada sobre la identidad

La muestra 'The Rise and Fall of Erik Schmidt' del artista alemán se inaugura el 27 de febrero en el Espai d'Art Contemporani de Castelló (EACC)

El artista alemán Erik Schmidt protagoniza por primera vez en España una gran exposición retrospectiva en el EACC de Castelló.

El artista alemán Erik Schmidt protagoniza por primera vez en España una gran exposición retrospectiva en el EACC de Castelló. / Jelka von Langen

Eric Gras

Eric Gras

La exposición todavía no ha abierto al público y ya funciona como un espejo incómodo. Caminamos por las salas del Espai d'Art Contemporani de Castelló junto a Erik Schmidt y la comisaria Yara Sonseca, en un recorrido privado previo a la inauguración, y la sensación es clara: nada aquí quiere cerrarse del todo. Las imágenes se ofrecen, pero se resisten. Seducen, pero no se entregan. Como si el propio artista se hubiera propuesto acompañarnos solo hasta cierto punto y, a partir de ahí, obligarnos a mirarnos también a nosotros.

No es casual. The Rise and Fall of Erik Schmidt, que se inaugura este 27 de febrero (a las 19.00 horas) en en el EACC, no es una retrospectiva al uso, sino una narración fragmentada sobre la identidad, la mirada y el papel del artista en un mundo saturado de signos. Ascenso y caída no describen una biografía lineal, sino un juego de máscaras que Schmidt ha ido ensayando durante más de treinta años entre pintura, vídeo, fotografía, instalación y performance.

La superficie como campo de batalla

Una de las ideas que atraviesa toda la exposición —y que aparece una y otra vez durante el paseo con Schmidt y Sonseca— es la de la superficie. No como algo banal, sino como un territorio en disputa. La pintura, en su caso, no busca revelar una verdad escondida bajo las capas, sino tensar el propio acto de mirar.

Dos de las obras pictóricas de Erik Schmidt que se pueden ver en la exposición retrospectiva del EACC.

Dos de las obras pictóricas de Erik Schmidt que se pueden ver en la exposición retrospectiva del EACC. / Erik Schmidt

Las fachadas urbanas, los cuerpos en tránsito, las escenas de clubs o de calles berlinesas aparecen trabajadas con geles, veladuras, brillos y empastes que convierten el cuadro en una piel. Una piel que atrae, pero que también bloquea el acceso a un fondo estable. Aquí, la superficie no es el final del sentido: es el lugar donde el sentido se aplaza.

Schmidt lo formula sin solemnidad mientras avanzamos por la sala: lo visible nunca es inocente. Todo lo que parece inmediato está ya mediado por códigos culturales, sociales y afectivos. Mirar, en su obra, implica aceptar esa incomodidad.

Berlín: caminar, observar, registrar

Desde finales de los noventa, Berlín se convierte en el gran laboratorio de su práctica. No como escenario romántico, sino como espacio de fricción: una ciudad marcada por la herida histórica, la reconstrucción, la gentrificación y la teatralidad de lo urbano.

En sus primeras pinturas, la ciudad aparece casi como un decorado fotográfico: coches, edificios, hombres trajeados, escenas aparentemente neutras. Pero basta detenerse un poco más para que algo empiece a parpadear. La pincelada fragmentada, la materia pictórica, el encuadre forzado rompen cualquier ilusión de transparencia.

Erik Schmidt, obra 'Parking', 2001, Super 8 Film auf DVD; 8.12 Min. (excerpt) DoP/Editing: Stephanie Kloss; Sound: Max Knoth

La ciudad funciona aquí como extensión del cuerpo. Incluso cuando no hay figuras humanas, el cuerpo está presente como ausencia, como rastro, como tensión entre proximidad y distancia.

El yo como personaje (y como problema)

Otra de las capas centrales de la exposición es la construcción del propio artista como figura ambivalente. En varios vídeos, Schmidt se coloca delante de la cámara para encarnar personajes masculinos que deambulan, observan, fracasan o simplemente pasan.

No hay confesión ni autobiografía directa. Hay ficción. El yo aparece como máscara, como rol social, como performance. En este sentido, el título de la exposición —tomado de David Bowie— funciona como declaración de intenciones: el artista se expone como imagen pública, como relato, como pose que se construye y se derrumba.

Durante el recorrido, Sonseca subraya esta dimensión autoparódica: Schmidt no se representa, se ficcionaliza. Se observa desde fuera, como si él mismo fuera un personaje más atrapado en el flujo urbano.

Pintar como si fuera fotografía, filmar como si fuera pintura

En la obra de Schmidt, los medios nunca se comportan como se espera de ellos. La pintura adopta lógicas propias de la fotografía: encuadre, recorte, instante. El vídeo, por su parte, hereda de la pintura la atención al ritmo, la repetición y la composición.

'Fulltime Club', 2003, indian ink and ballpen on tracing paper, 150 x 290 cm

'Fulltime Club', 2003, indian ink and ballpen on tracing paper, 150 x 290 cm / Erik Schmidt

Sus trabajos audiovisuales se articulan muchas veces como paseos, tours urbanos donde el tiempo se convierte en material. Caminar es mirar, pero también actuar. El montaje introduce distancia, memoria, extrañamiento. El resultado es una identidad siempre en tránsito, nunca fijada del todo.

Lo político como escena

Sin grandilocuencia ni épica, lo político aparece en su obra como escenografía. Las ocupaciones, las pancartas, los gestos colectivos —desde Berlín a Wall Street— se integran como fragmentos de un paisaje saturado de signos.

No hay consignas cerradas. Hay observación. Schmidt muestra cómo el individuo se negocia dentro de escenarios colectivos que prometen pertenencia, pero también disolución. La plaza, la calle, el club funcionan como teatros donde el yo ensaya versiones de sí mismo.

Ironía, melancolía y ambivalencia

Si algo evita The Rise and Fall of Erik Schmidt es el tono único. Aquí conviven humor, ironía, melancolía y una cierta ternura amarga. El ascenso y la caída no son tragedia ni éxito: son estados reversibles, casi intercambiables.

Las escenas seducen, pero no tranquilizan. Las imágenes se reconocen, pero no se resuelven. Permanecer en esa ambivalencia parece ser, más que una estrategia estética, una ética de la mirada.

Mirar de nuevo las superficies

Al final del recorrido, queda la impresión de que la obra de Erik Schmidt no busca respuestas, sino reentrenar la mirada. En un mundo que confunde visibilidad con comprensión, su trabajo insiste en la superficie como lugar donde todo se juega: la identidad, el deseo, la pertenencia, la ficción del yo.

La exposición en el EACC no propone un cierre, sino una deriva. Un paseo donde el espectador, como el propio artista, debe aceptar que mirar es siempre un acto inestable.

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