Ramoncín, en Castelló: «'El rey del pollo frito' es Donald Trump, y también Elon Musk»
El reconocido cantante, actor y presentador ofrece este 28 de febrero en La Bohemia, a las 20.30 horas, un concierto en directo dentro de su nueva gira ‘Celebración 50/70 ‘

MEDITERRÁNEO
Pocos nombres en la historia del rock español generan un consenso tan eléctrico como el de Ramoncín. Con medio siglo de trayectoria a sus espaldas y setenta años de vida recién cumplidos, el «Rey del Pollo Frito» —etiqueta que hoy, asegura, le encaja mejor a Donald Trump y a Elon Musk que a él mismo— regresa a los escenarios con el Tour CELEBRACIÓN 50/70. Lo hace lejos de la nostalgia autocomplaciente, apostando por un directo «sin trucos» y con la urgencia de quien todavía siente que el escenario es el lugar más sagrado de la tierra.
Este 28 de febrero, la sala La Bohemia de Castelló será testigo de ese «cuerpo a cuerpo» que Ramoncín defiende frente a la frialdad de los macrofestivales y los selfies de espaldas al músico. En esta charla, el artista madrileño analiza con lucidez y sin filtros la vigencia de sus himnos, la sofisticación de la censura moderna y la necesidad vital de seguir utilizando el espejo retrovisor para no perder el rumbo en un mundo que, a veces, parece haber olvidado cómo escuchar.

Ramoncín está inmerso en una gira donde mira al pasado y al presente de su vida y de sus canciones. / Silvia Catalán
—Este 'Tour Celebración 50/70' mira a la vez hacia atrás y hacia delante. Cuando celebras 50 años de carrera y 70 de vida, ¿qué pesa más sobre el escenario: la memoria, la reivindicación o las ganas de seguir diciendo cosas nuevas?
No se puede vivir sin espejo retrovisor. Es algo que se está perdiendo en general, pero mirar atrás es fundamental. Igual que no se puede conducir sin él, no se puede vivir sin saber qué ha ocurrido, qué llevas a las espaldas; ya hablemos de personas, de países o de situaciones. Cuando tienes eso claro, puedes dar pasos hacia adelante.
En mi caso, la memoria es muy potente porque tengo memoria de elefante; poseo un registro propio y profesional de lo que cada etapa ha significado en mi vida. Y reivindicarse siempre es bueno, ¿no? Es una mezcla de factores. Todo ese bagaje debe servir, precisamente, para decir cosas nuevas. Si nos quedamos parados en un momento determinado del pasado, cometemos un error. Seguir aquí después de 50 años, cantando lo que escribiste entonces y lo que haces ahora, y mantener esa conexión con un público que ya trasciende tu propia generación es lo más importante. Significa que aún tienes mucho que contar.
«Las cosas se pueden hacer como un día más en la oficina o como si fuera lo último que vas a hacer en tu vida. Yo me subo con esa última emoción, con la necesidad brutal de transmitir algo»
—A lo largo de estas cinco décadas has pasado por todas las fases posibles del rock en España. ¿Qué ha cambiado más: la industria, el público o el propio Ramoncín?
En 50 años ha pasado de todo. Ahora se conmemora el 45º aniversario del 23-F, pero si nos vamos a hace cinco décadas, cuando grabé mi primer disco, todavía estábamos en una dictadura. El dictador había muerto, pero no había Constitución; esta se aprobó en diciembre de 1978 y mi disco salió en febrero de ese mismo año. Fue el primero de toda la nueva hornada del rock madrileño cantando en español.
Lógicamente, el público cambia: el que tenía 30 años entonces ahora tiene 80. Pero hay gente que aguanta, vienen los hijos, los nietos, los hermanos pequeños... Al final, creo que hay público para todo y no hay que quejarse. Unas veces hace más ruido un género que otro, pero siempre hay un hueco si lo que haces es auténtico.
¿Y en lo personal? ¿Sientes que esa evolución también te ha obligado a ser autocrítico con tu propia trayectoria?
Desde luego. Si no cambias es porque estás muerto. Esa frase de «no cambies nunca» me parece un error. ¿En qué no voy a cambiar? ¿En no reconocer que me he equivocado? El mayor error no es errar, sino no admitirlo. En cualquier profesión y en la vida, tienes que saber dónde fallaste: por qué elegiste esa canción y no otra, o qué paso no debiste dar. El pensamiento crítico es, para mí, cada vez más importante. He aprendido a entender la vida tal y como viene. Estamos metidos en esta trampa mortal que es el tiempo; vas perdiendo a gente que creías inmortal y tienes que afrontar la vida con esa falta. Eso te cambia a la fuerza. En algunas cosas me he radicalizado y en otras soy más reflexivo, pero siempre fiel a lo que creo.

La Bohemia recibe este 28 de febrero a Ramoncín en un concierto en directo. / @infernaliamalia
—Canciones como Hormigón, mujeres y alcohol o La chica de la puerta 16 siguen siendo himnos. ¿Cómo convive el autor de hoy con esas letras escritas en otro contexto vital?
Es algo flipante. Si te fijas en mi primer disco, hay seis títulos que podrían haberse escrito hoy mismo. Marica de terciopelo, por ejemplo. Hay un problema grave que afecta al colectivo LGTBI, un problema que tiene una parte de la población y del hemiciclo. Hace tres años mataron a un chico a palos llamándole «maricón». Hay insultos en las redes. Es terrible, y es una canción del año 78. El loco de la calle larga, habla de los conflictos mentales que tenía un chaval de mi barrio. Noche de cinco horas habla del asesinato de una mujer en un hotel. El rey del pollo frito es Donald Trump, es Elon Musk. En ese momento, me refería a esos tipos poderosos que te dicen: «Venid, os pondré una etiqueta, porque yo soy el rey». Si sacara ese single hoy dedicado a Musk, todo el mundo diría: «Lo ha clavado». Y no sé si eso es bueno, sinceramente.
—En el caso de La chica de la puerta 16, la realidad parece haber superado a la ficción de la canción de forma dramática...
Jamás imaginé que subiría a un escenario 40 años después para decir que en un solo mes han asesinado a diez mujeres y dos niños. Pensaba que la cultura y la política cambiarían esa mentalidad criminal, pero esos «hijos de puta» —porque no son enfermos, son asesinos— siguen ahí. Es terrible, y muy curioso, que sea el 016 el número al que hay que llamar cuando ves un conflicto de esos.
A veces siento que he venido del futuro. En Ángel de cuero (1980) decía: «quema tu número, arráncate la conexión», advirtiendo sobre el control al que nos someterían. Mis canciones están casi todas vivas.
—En esta gira apuestas por un directo «sin artificios», largo y muy físico. ¿Es una declaración de principios sobre cómo entiendes el rock en 2026?
Siempre he sido muy físico. He llegado a dar conciertos de cuatro horas; ahora el más corto es de dos horas y media, a menos que el festival de turno me obligue a tocar cincuenta minutos. Sobre el artificio, hay una frase muy bonita: «el que tiene magia no necesita trucos». Los fuegos artificiales me gustan para las fiestas patronales; nosotros hacemos música.
Subimos siete músicos al escenario para interpretar, que es distinto a simplemente «tocar». Como me formé en el teatro universitario allá por el 74, entendí que las cosas se pueden hacer como un día más en la oficina o como si fuera lo último que vas a hacer en tu vida. Yo me subo con esa última emoción, con la necesidad brutal de transmitir algo. Quien quiera petardos, que los use, pero si tienes una de las mejores bandas de rock del país y consigues que las canciones tengan ese balance entre luz y oscuridad, no te hacen falta adornos.
—El tour culminará con un nuevo disco de canciones inéditas que, de momento, solo se escuchan en directo. ¿Qué te empuja a seguir arriesgando?
He demostrado amor por mi oficio y un respeto inmenso por el escenario; para mí es un lugar sagrado, casi como el vientre materno. Vamos a ir grabando hasta la primavera de 2027 para publicar un triple en directo con Blu-ray que incluya estas canciones inéditas.
Y, a componer, te empuja la necesidad de decir cosas. Entre 1978 y 1992 no paré de grabar, pero luego necesité detenerme, escribir mi diccionario de jergas y oxigenarme. Ahora siento esa necesidad de cantar la realidad con una fuerza que no sentía hace mucho tiempo. Y para cantar las cosas, primero hay que escribirlas.
—Has sido siempre una figura incómoda y muy expuesta. Mirando atrás, ¿qué precio se paga por no callarse?
Un artista, para ser considerado como tal, debe ser controvertido. Eso de «caerle bien a todo el mundo» es imposible e incompatible con lo que hacemos. Tienes la libertad de decir cosas que incomodan, y eso tiene un precio. La mejor manera de callar a un artista es vaciarle el estómago; es el invento más grande. Si no gusta lo que haces en un centro de agitación cultural como el Círculo de Bellas Artes de Madrid, pues se le quita la subvención y listo.
«He demostrado amor por mi oficio y un respeto inmenso por el escenario; para mí es un lugar sagrado»
—¿Crees que esa es la nueva forma de censura en el siglo XXI?
Absolutamente. La sofisticación de la censura hoy no es prohibir, es no difundir. No es tan descarado, pero es igual de eficaz. ¿El precio por ser libre? Pues que cuando llegan las "hostias", te quedas solo con la bandera mientras los demás sacan el paraguas. Tienes que saber muy bien por qué luchas para aguantar ahí.
—Castelló y salas como La Bohemia ofrecen un formato cercano. ¿Qué te da una sala que no te da un gran festival?
Disfruto mucho del cuerpo a cuerpo; eso no tiene precio. Como admirador, me encantaría ver a Springsteen o a Paul McCartney en una sala como La Riviera, donde de verdad ves lo que hacen los músicos: quién se queja, a quién se le rompe una cuerda, quién se emociona...
Me produce un rechazo tremendo ir a un estadio y ver a 60.000 personas mirando una pantalla a través de su teléfono. Se dan la vuelta, le dan la espalda al grupo para hacerse un selfie. ¡Es imposible de comprender! He llegado a ver a gente muy conocida dormida en un palco de un estadio. En una sala como La Bohemia, en cambio, le ves la cara a la gente. Esa conexión real es la esencia de esto.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Seguridad Social confirma la jubilación anticipada sin coeficientes reductores: el BOE publica a qué trabajadores beneficia
- La Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat avisa: las bandas pueden negarse a tocar bajo la lluvia
- Programa de la Magdalena del 9 de marzo: todos los actos y conciertos del lunes
- La compraventa de tierras ya crece en Castellón a mayor ritmo que las herencias
- La nieve vuelve a cubrir Castellón
- Programa oficial de las Fiestas de la Magdalena 2026: estos son todos los actos
- El tiempo en Castelló hoy, hora a hora: la previsión de Aemet para el lunes de la Encesa de les Gaiates
- El proyecto para los antiguos cines del Grau de Castelló, más cerca: eligen la empresa que redactará el proyecto
