Annacrusa publica 'Perder la fe', un disco que explora la fragilidad emocional en la era digital
La banda castellonense de rock presenta un trabajo que consolida su evolución musical y explora la fragilidad emocional en la sociedad actual

Sevi, Anna Dobon, Carlos Pauls y Leny Orzáez conforman la banda castellonense Annacrusa / Adrián Morote
El ruido empieza casi en silencio. Un murmullo que crece hasta convertirse en tormenta. Así suena Annacrusa, la banda castellonense que acaba de publicar Perder la fe, su tercer álbum de estudio, un trabajo que confirma la evolución de un proyecto musical que transita entre la contundencia del rock oscuro y una sensibilidad melódica cercana al pop emocional.
El disco, disponible desde el pasado 6 de marzo en todas las plataformas digitales, llega tras varios adelantos y consolida una identidad artística que la formación ha construido paso a paso desde su nacimiento en 2018.
Un sonido propio entre la electricidad y la emoción
Annacrusa surge en Castellón de la unión creativa entre Sevi (guitarra y voz) y Anna Dobon (voz, piano y sintetizadores), dos energías musicales contrastadas que encontraron un lenguaje común entre la intensidad eléctrica y la introspección sonora. Más tarde se incorporaron Carlos Pauls (bajo y coros) y Leny Orzáez (batería y samplers), completando un cuarteto con amplio bagaje en distintos estilos.

Con este nuevo lanzamiento discográfico, Annacrusa consolida su propuesta musical. / Fernando Gimeno
El resultado es difícil de etiquetar: hard rock de atmósfera oscura, pulsión emocional y una clara vocación audiovisual que se refleja tanto en el sonido como en la estética visual del grupo.
En directo, la banda juega con las luces y las sombras para construir un relato emocional progresivo: comienzan desde la contención y desembocan en un vendaval sonoro donde la intensidad se vuelve casi física.
'Perder la fe': el mar como símbolo de nuestro tiempo
Aunque no se trata de un álbum conceptual, Perder la fe articula su imaginario alrededor del mar como metáfora central: inmensidad, peligro, misterio y también posibilidad de cura.
Las nueve canciones del disco —que presentarán el 28 de marzo en la sala Salatal— exploran una idea común: la sensación de vivir en una sociedad hiperconectada pero emocionalmente frágil. «Nunca habíamos habitado un planeta tan radicalizado por el poder y tan dominado por la información», reflexiona la banda en el manifiesto que acompaña el lanzamiento.
El álbum retrata una humanidad «entretenida» que avanza hacia la precariedad social y emocional mientras navega entre estímulos constantes, ideales fugaces y referencias digitales que moldean el imaginario colectivo.

Portada de 'Perder la fe', nuevo trabajo discográfico de Annacrusa. / MEDITERRÁNEO
Frente a ese contexto, la música aparece como resistencia. «Nuestra voz se hace más fuerte para no perder la fe», afirman.
Cuatro adelantos para anticipar el viaje
Antes del lanzamiento completo, Annacrusa presentó cuatro sencillos que funcionan como puertas de entrada al universo del disco:
- Levitán
- Bitácora
- Perder la fe
- A tus pies, un tema dedicado a la propia música y al vínculo casi inevitable que mantiene la banda con la creación artística, incluso cuando no genera recompensa material.
Las canciones muestran un equilibrio entre contundencia y sensibilidad, alternando pasajes eléctricos con momentos más atmosféricos y reflexivos.
De 'Duelo' a la madurez sonora
El nuevo trabajo llega después de un recorrido marcado por la evolución constante:
- Duelo (2020), debut conceptual publicado en plena pandemia, exploraba la huida emocional y el crecimiento personal.
- La Espina (2023), producido por Kaki Arkarazo, apostó por un sonido más crudo y natural.
- Perder la fe (2026) supone ahora un paso hacia una narrativa más abierta y contemporánea.
El álbum ha sido producido por Sam Ferrer y grabado durante 2025 en WZ Estudi, consolidando un proceso creativo desarrollado “a fuego lento”.
Una banda que entiende la música como experiencia total
Más allá del sonido, Annacrusa concibe su proyecto como una propuesta artística global donde conviven música, diseño, ilustración e identidad visual. Esa dimensión multidisciplinar refuerza una idea clara: las canciones nacen desde la honestidad y buscan conectar con lo más humano del presente.
En un panorama musical acelerado y dominado por la inmediatez, Perder la fe apuesta por lo contrario: detenerse, escuchar y atravesar la emoción sin filtros.
Un disco que no pretende ofrecer respuestas fáciles, sino acompañar al oyente en medio del ruido contemporáneo. Como un faro en mitad del oleaje.
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