El estreno de 'Cowgirl' en 2026 recuerda la larga historia de Castellón en la gran pantalla española e internacional
La provincia de Castellón suma 33 producciones cinematográficas verificadas, consolidando su presencia en la gran pantalla

El cineasta británico Ken Loach rodó su película 'Tierra y libertad' en la localidad castellonense de Olocau del Rei. / MEDITERRÁNEO
El estreno de Cowgirl en mayo de 2026 no llega solo como una nueva película rodada en Castellón. Funciona también como recordatorio. La provincia lleva décadas apareciendo en la gran pantalla, a veces como escenario reconocible y otras casi sin hacer ruido, convertida en paisaje narrativo. Entre el castillo de Peñíscola y las montañas de la Tinença de Benifassà, el cine ha ido dejando una huella continua que hoy suma, al menos, 33 producciones verificadas rodadas total o parcialmente en el territorio.
Un territorio que el cine reconoce al instante
Castellón tiene algo que el cine identifica rápido: no parece un decorado. El mar y la piedra conviven con carreteras secundarias, masías aisladas, bancales y pueblos donde el tiempo avanza a otra velocidad. Esa mezcla de monumentalidad mediterránea y vida cotidiana es, probablemente, la razón por la que las cámaras han regresado una y otra vez sin que la provincia haya necesitado proclamarse nunca como plató.

Cartel de la película 'Cowgirl' rodada en el interior de la provincia de Castellón. / MEDITERRÁNEO
La actualidad vuelve a confirmarlo con Cowgirl, dirigida por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens y rodada en parajes del interior norte castellonense. La película, que llegará a las salas el 22 de mayo, convierte la ruralidad en centro del relato y utiliza el paisaje no como fondo, sino como parte del carácter de la historia. No es un escenario intercambiable: es un lugar concreto que condiciona lo que ocurre y cómo ocurre.
Ese gesto —filmar el territorio desde dentro y no solo mostrarlo— resume bien la evolución del cine en Castellón. Durante años, Castellón fue sobre todo imagen icónica. Hoy empieza a ser también atmósfera narrativa.
Peñíscola, el gran icono cinematográfico
Si existe un punto de partida reconocible en esa relación entre cine y territorio, ese sigue siendo Peñíscola. Su silueta frente al Mediterráneo convirtió la localidad en una de las imágenes más persistentes del cine español e internacional.

Charlton Heston durante el rodaje de 'El Cid' en Peñíscola. / MEDITERRÁNEO
Allí rodó Luis García Berlanga Calabuch, integrando calles y vecinos en la propia historia, y allí desembarcó también la gran producción histórica de El Cid, que transformó la ciudad en escenario épico. Desde entonces, la fortaleza frente al mar quedó fijada en el imaginario audiovisual como una postal cinematográfica casi inevitable.
El interior entra en escena
Pero el mapa ya no termina en la costa. En los últimos años, el foco se ha desplazado lentamente hacia el interior de la provincia. Montañas, explotaciones ganaderas, carreteras estrechas y pueblos pequeños han empezado a ocupar el lugar que antes monopolizaban los grandes enclaves monumentales.
Es el paisaje que recorre Cowgirl y también el que explica buena parte del crecimiento reciente del audiovisual provincial. El cine ya no busca solo imagen espectacular: busca textura, silencio y espacios habitados.
Castellón, de escenario a presencia
Con Cowgirl a punto de llegar a los cines, Castellón vuelve a aparecer en pantalla. No como una excepción ni como una casualidad, sino como parte de una continuidad silenciosa que atraviesa décadas de rodajes, géneros y miradas distintas. Cada película añade una capa nueva a un territorio que ha aprendido a reconocerse también a través de la ficción.
El cine encontró primero la postal: el castillo frente al mar, la luz mediterránea, la imagen perfecta. Ahora parece buscar otra cosa. El ritmo lento del interior, los espacios habitados, historias que necesitan paisaje para existir. Castellón ya no funciona solo como fondo; empieza a actuar como presencia.

Escena del rodaje de la película 'En l'eixam', filmada en varias aldeas de Bejís. / Antonio Calatayud
Quizá por eso cada rodaje deja algo más que imágenes. Durante unos días altera la rutina de un pueblo, convierte una calle conocida en escenario y obliga a mirar de otra manera lo cotidiano. Después el equipo se marcha, pero queda la sensación de que el lugar ha sido contado, de que forma parte de una historia mayor.
Cuando Cowgirl llegue a las salas, el espectador verá una película. Castellón, en cambio, volverá a verse a sí misma. Y ese gesto —repetido durante años, casi sin ruido— es el que ha terminado convirtiendo a la provincia en algo más que un escenario: en un territorio que también ha aprendido a narrarse a través del cine.
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