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WomaCS vuelve a La Bohemia: memoria underground y presente femenino en una noche de música en Castelló

El festival celebra su segunda edición este 21 de marzo con Ana Curra, Cerezas y Unicorn Llampaes, reafirmando un espacio para las mujeres dentro de la escena alternativa

La legendaria Ana Curra regresa a Castelló tras su paso por los Concerts del Pinar en 2023.

La legendaria Ana Curra regresa a Castelló tras su paso por los Concerts del Pinar en 2023. / Kmy Ros

Eric Gras

Eric Gras

Castelló

Primero estuvo la maqueta. Después, el silencio. Y mucho más tarde, cuando parecía que aquellas canciones habían quedado enterradas en una vida anterior, llegó el escenario. Esa pequeña historia de regreso sirve también para leer la segunda edición de WomaCS, el festival que este 21 de marzo vuelve a La Bohemia convertido en un punto de encuentro para la música alternativa hecha por mujeres. La cita arrancará a las 19.30 horas y reunirá en una sola noche a Ana Curra, Cerezas y Unicorn Llampaes.

No es un cartel cualquiera. En él se cruzan trayectorias muy distintas: desde una figura central de la contracultura musical española hasta proyectos nacidos en la escena local, donde no pocas canciones han tenido que esperar años antes de encontrar escenario. Más que una suma de nombres, la velada propone una lectura compartida de varias generaciones, varios lenguajes y una misma necesidad de ocupar espacio.

Ana Curra + Cerezas + Unicorn Llampaes

Ana Curra + Cerezas + Unicorn Llampaes / Mediterráneo

Un festival que nace de la escena

WomaCS apareció por primera vez en febrero de 2025 como un festival pensado para visibilizar el talento femenino sobre el escenario. Durante dos jornadas reunió en La Bohemia a seis bandas y artistas y planteó, más que un gran acontecimiento, un gesto cultural preciso: demostrar que existía una escena diversa, activa y reconocible que rara vez ocupaba el centro del relato musical.

Un año después, el regreso adopta un formato más concentrado —una única noche—, pero mantiene intacta la identidad con la que nació. En realidad, esa continuidad dice bastante sobre cómo funcionan las escenas culturales en ciudades como Castelló: los proyectos no se consolidan solo por crecer deprisa, sino por volver a suceder. Por reaparecer. Por insistir.

En ese contexto, La Bohemia se ha convertido en uno de esos espacios donde la música alternativa encuentra refugio, cercanía y comunidad. Un lugar donde pueden convivir propuestas emergentes y trayectorias históricas sin que ninguna necesite cambiar de escala para hacerse oír.

Ana Curra, memoria viva de una genealogía musical

El gran nombre propio de esta segunda edición es Ana Curra. Su presencia sitúa el festival dentro de una genealogía concreta de la música española: la de la nueva ola, el postpunk y la contracultura que transformó el imaginario musical del país durante los años ochenta. Pianista y compositora fundamental, Curra formó parte de Alaska y los Pegamoides y dejó una huella decisiva en Parálisis Permanente, además de desarrollar después un recorrido propio que la ha mantenido como referencia indiscutible de varias generaciones.

Su presencia en WomaCS no funciona solo como reclamo. También introduce una línea de continuidad entre épocas distintas de una misma escena. No se trata tanto de mirar atrás con nostalgia como de reconocer que ciertos nombres siguen actuando como puntos de referencia para quienes han venido después. En un festival como este, Ana Curra no aparece como figura decorativa del pasado, sino como un puente entre memorias musicales que siguen activas.

Canciones rescatadas del tiempo

Ese diálogo entre tiempos distintos atraviesa también la presencia de Cerezas, el proyecto de Andrea Calvo, que aporta a esta edición una dimensión más íntima y, al mismo tiempo, muy reveladora. Algunas canciones tardan años en encontrar el momento exacto para salir a la luz. Quedan guardadas en maquetas, en grabaciones casi privadas, en grupos efímeros que parecían haber desaparecido sin dejar apenas rastro. Hasta que alguien vuelve a escucharlas.

Cerezas es el proyecto personal de la bajista Andrea Calvo.

Cerezas es el proyecto personal de la bajista Andrea Calvo. / MEDITERRÁNEO

«Siempre me hace muy feliz saber que a alguien le ha dado por escuchar este proyecto. Al final son canciones que hice hace ya algunos años con grupos muy fugaces, y que todo quedó en unas maquetas divertidas», explica Calvo a Mediterráneo.

El propio recorrido de Cerezas encarna esa idea de rescate que sobrevuela esta edición del festival. «Rescaté estas maquetas junto a Javi de Cintas Nómadas, y ese casete ha llevado a que aparecieran algunas oportunidades de concierto», cuenta. El paso al directo, en ese sentido, tiene para ella un valor que va más allá de la simple presentación de un repertorio: «Me llena un montón poderlo llevar al directo porque significa poder gritar unos temas que han estado mucho tiempo guardados».

Reproductor de audio para el álbum "Cerezas" de la banda Cintas Nómadas.

Compartir cartel como gesto generacional

La participación de Andrea Calvo adquiere además una dimensión especial al compartir cartel con Ana Curra, una figura que conecta de forma directa con parte de sus referencias musicales. Esa coincidencia resume bien uno de los aciertos de WomaCS: poner en relación proyectos y artistas muy distintos, pero unidos por una sensibilidad común y por una manera similar de habitar la música desde los márgenes o desde fuera de los circuitos más previsibles.

Para Calvo, esa proximidad tiene un peso personal evidente: «La ocasión de compartir escenario con Ana Curra solo se me ha presentado una vez en la vida. Me parece un evento increíble y que experimento con mucho cariño, teniendo en cuenta que Ana Curra, así como Parálisis Permanente, han tenido notable influencia en las bandas de Castellón en que he participado como bajista, Línea Maginot o sobre todo los principios de Ataúdes Merche».

Más que una anécdota, esa declaración ayuda a entender el sentido profundo del cartel: no solo reúne nombres, sino también influencias, herencias y formas de transmisión dentro de la escena musical.

Escena local y continuidad

El regreso de Unicorn Llampaes, presentes también en la primera edición del festival, refuerza esa idea de continuidad entre el nacimiento de WomaCS y su consolidación. Su participación prolonga el espíritu con el que nació el evento: hacer visible sobre el escenario a proyectos que muchas veces han trabajado desde los márgenes y dar espacio a propuestas que, fuera de contextos como este, no siempre encuentran la atención que merecen.

Andrea Calvo lo expresa con una claridad que evita cualquier artificio: «Agradezco al festival WomaCS por dar voz específicamente a las mujeres que hacen música. Es cierto que incluso dentro de este ajetreo musical más underground no nos sobran las frontwomen».

Andrea Calvo durante una de sus actuaciones en directo.

Andrea Calvo durante una de sus actuaciones en directo. / MEDITERRÁNEO

Y añade, al referirse a sus compañeras de cartel: «Y lo mismo con Unicorn Llampaes, son tres mujeres dj's y siempre mola ver a otras tías ocupando el espacio y dando vida a sus proyectos».

La afirmación no funciona aquí como consigna, sino como descripción concreta de una realidad todavía demasiado habitual: incluso en escenas supuestamente periféricas, abiertas o alternativas, la presencia femenina sigue necesitando espacios propios de visibilización y reconocimiento.

La Bohemia como lugar de encuentro

En ciudades medianas como Castelló, los espacios culturales terminan definiendo etapas. No tanto por su tamaño como por su capacidad de reunir trayectorias distintas en un mismo punto y convertir un puñado de conciertos en algo más parecido a una comunidad. La Bohemia lleva años funcionando como uno de esos lugares donde la música sucede cerca, sin demasiada distancia entre escenario y público, y donde todavía es posible que una noche condense una pequeña idea de escena.

WomaCS encaja del todo en esa lógica. No parece un festival pensado para crecer hacia lo masivo, sino para afinar un contexto: para que nuevas voces encuentren escucha, para que proyectos dispersos se reconozcan entre sí y para que ciertas canciones, incluso las que parecían condenadas a quedarse en una maqueta olvidada, terminen por encontrar su momento.

Quizá ahí resida el sentido real de esta segunda edición. En la posibilidad de volver. En la insistencia. En abrir otra vez las puertas, encender los amplificadores y comprobar que la música sigue encontrando formas de reaparecer allí donde parecía dormida. El 21 de marzo por la noche, en La Bohemia, algunas de esas canciones volverán a sonar después de haber permanecido años en silencio. Y durante unas horas, la escena musical de Castelló volverá a reconocerse desde cerca.

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