Entrevista | Gisme cantante de Ultraligera
Ultraligera, grupo de rock: «Lo que esperamos en el SanSan de Benicàssim es una especie de locura colectiva»
El conjunto madrileño será uno de los protagonistas del SanSan 2026 presentando una nueva etapa más rockera, más valiente y pensada para explotar en directo

Ultraligera está compuesto por Gisme, Coque Fernández, Santi Urruela y Martín Aparicio. / Ricardo Sousa Nunes
Ultraligera encara 2026 con una nueva etapa entre manos. Tras el impacto de Pelo de foca y una escalada meteórica que les llevó de pelear por llenar salas pequeñas a encadenar siete Rivieras, la banda madrileña prepara la llegada de Lapsus, su segundo LP. Antes de su paso por el SanSan Festival de Benicàssim, hablamos con Gisme sobre el parón de estos meses, la madurez del grupo, la potencia del directo y ese vínculo cada vez más fuerte con un público que ya siente el proyecto como algo propio.
—El SanSan de Benicàssim va a ser la primera parada grande de vuestra gira de festivales y, además, la primera vez que mucha gente va a escuchar en directo los dos primeros adelantos de Lapsus. ¿Os tomáis ese concierto casi como una presentación oficial de la nueva era de Ultraligera?
De alguna manera, sí. Es un gran reto y también algo que nos da muchísimo placer: poder mostrar cómo está la banda después de este pequeño parón. No solo por las canciones nuevas, que ya nos están emocionando en los ensayos, sino por volver a poner en marcha toda la maquinaria de una gira muy larga.
Los comienzos de cualquier etapa son siempre estimulantes, y más después de todo lo que ha pasado. Ni siquiera nos ha dado tiempo a digerir del todo que una banda que estaba peleando por llenar salas de 70 personas acabara haciendo siete Rivieras y generando el ruido que ha hecho a nivel nacional en los últimos meses.
Tenemos muchísimas ganas de reencontrarnos con el público y de comprobar en el escenario la potencia real de estas canciones. Porque por mucho que ensayes, donde de verdad se ve de qué está hecha una banda es en el directo. Y nosotros nacimos para tocar.

Ultraligera estrenará en el SanSan Festival de Benicàssim dos de los temas de su nuevo trabajo discográfico. / Ricardo Sousa Nunes
—Después de un debut como Pelo de foca y de encadenar llenos en La Riviera, ¿qué os pedía el cuerpo hacer distinto en este segundo LP para no repetiros ni caer en una fórmula?
Para responder a eso hay que mirar un poco atrás. Cuando hicimos el primer disco nunca pensamos que canciones como “Matanza en el hotel” o “La basura”, con ese peso de guitarras, distorsión y energía, fueran a tener semejante nivel de escuchas o a destacar tanto.
Eso nos ha permitido abrazar más nuestra vena rockera. Nos hemos dado cuenta de que para nosotros el directo es una especie de ritual y de que bebemos de la intensidad. Por eso Lapsus es, en general, un disco más rockero, con temáticas más agudas y más atrevidas.
Al final, el lema para estas nuevas grabaciones fue muy claro: daba igual lo que pudiera pasar fuera, a nivel mediático o de explosión. Queríamos hacer el disco que de verdad nos habría gustado hacer. Ese era el regalo que nos podíamos dar a nosotros mismos: hacer las cosas según nuestro propio criterio, como las hacían las bandas que admirábamos.
«Donde se ve de qué está hecha una banda es en el directo y nosotros nacimos para tocar»
—Habéis contado que Lapsus nace de lo que sale cuando uno baja la guardia, de lo que ocultamos más que de lo que enseñamos. ¿Sentís que este disco va a ser más crudo, más incómodo o más revelador que lo anterior?
Creo que es un disco que define muy bien la etapa que estamos viviendo, una etapa convulsa en muchos sentidos, tanto para bien como para mal. Ha habido cambios importantes alrededor de la banda y también una madurez personal evidente. Han pasado un par de años, y eso se nota en nuestra relación con el instrumento, con la composición y, en mi caso, con el texto.
Cuando hicimos Pelo de foca teníamos 23 años. A esa edad tu posición ante la vida todavía se tambalea: no sabes si va a ser posible vivir de la música y tampoco tienes del todo claro cómo relacionarte con el mundo. Ahora estamos componiendo y grabando con 27, y lo cierto es que tenemos una confianza mucho mayor en nuestra forma de ver las cosas.
Nos parecía un acto de generosidad y de compromiso llevar esa mirada a las canciones. Igual que un cineasta o un novelista se define a través de su obra, nosotros queríamos definirnos ante el mundo con este disco. En ese sentido, sí: creo que hay un punto de valentía y de exposición que antes no estaba de la misma forma.
—Dices que mucha gente grita en vuestros conciertos cosas que quizá no se atrevería a decir en una cena familiar. ¿Qué habéis aprendido del público al ver qué frases o qué canciones convierten en himnos?
Lo primero que te da eso es una sensación mucho menor de soledad. Porque la soledad no tiene tanto que ver con cuánta gente te rodea, sino con sentirte comprendido. Cuando te atreves a meter algo en una letra casi como un placer oculto y, de pronto, ves que la gente no solo no lo rechaza, sino que lo grita contigo, algo cambia.
Ves sus ojos brillar en las primeras filas, ves la energía moverse hasta el fondo, y entiendes que formas parte de algo. Creo que eso es una de las claves de que este proyecto esté creciendo tan rápido: no se trata solo de una banda proponiendo algo a unos fans, sino de unos seguidores que también hacen grande el proyecto.
Ellos hacen que los conciertos sean de una determinada manera: llevan banderas con mensajes, se ponen las caretas, nos lanzan cosas al escenario que luego utilizamos en el show… En un mundo cada vez más individualista, que exista una banda que deja espacio para que el público forme parte del movimiento es algo muy poderoso. Y creo que la gente lo ha agarrado y no lo va a querer soltar.
«No se trata solo de una propuesta de una banda a una serie de fans, sino que son unos seguidores que también hacen grande el proyecto»
—Sois una banda nacida en 2021, con aquellos primeros temas grabados casi desde una intuición y en muy poco tiempo habéis pasado de ese arranque artesanal a estar en los carteles grandes del circuito. ¿Qué parte de aquella primera intuición sigue intacta hoy?
Las siete Rivieras fueron un síntoma de todo lo que estaba pasando, pero nosotros hemos intentado no vivirlo como un antes y un después. Preferimos pensar que ha habido una línea bastante continua entre aquella banda pequeña, a la que iban a ver cuatro amigos, y lo que somos ahora.
Ha cambiado nuestra forma de ver el mundo, nuestra forma de tocar y nuestra confianza en el directo, claro. Pero no ha cambiado lo esencial: el amor por la música, el amor por el arte, la amistad que nos une y las ganas de hacer algo valioso.
Queremos hacer algo que pueda acompañar a otros, que pueda ayudarles, que les haga sentirse menos solos. Quizá así otros chavales no tengan que sentir una incertidumbre tan grande como la que sentimos nosotros al empezar.
—Con ese material nuevo sobre la mesa y con esa idea de que habéis nacido para el directo, ¿qué tipo de viaje queréis que viva el público en Benicàssim?
A mí me gustaría no limitar la experiencia de nadie ni decirle al público lo que tiene que sentir. Eso le corresponde a cada uno. Nosotros vamos a poner a su disposición un material cargado de energía, de pasión y de una locura bien entendida: la que aparece cuando alguien está haciendo algo que le gusta tanto que entra en una especie de trance.
Queremos romper con esa sensación de que siempre hay una forma correcta de hacer las cosas, como si todo viniera pautado de antemano. Lo que nos interesa es que la gente vea que, si nosotros nos atrevemos, ellos también pueden hacerlo.
Así que lo que esperamos en el SanSan es una especie de locura colectiva. Seguramente será uno de los conciertos más intensos que hayamos dado hasta el momento. Toda la energía que hemos acumulado durante estos meses de parón va a explotar en cuanto suenen los primeros acordes.
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