Entrevista
David Toscana, ganador del Premio Alfaguara, visita Zaragoza: "Con el 'Quijote' aprendí que la razón a veces estorba"
El autor mexicano acaba de ganar el Premio Alfaguara de novela con 'El ejército ciego'. La presenta este jueves a las 19.00 horas en la libería Cálamo.

El escritor mexicano David Toscana, este jueves en Zaragoza. / JOSEMA MOLINA
Rubén López
El escritor mexicano acaba de ganar el Premio Alfaguara con 'El ejército ciego'. Esta "fábula oscura y poderosa", como la calificó el jurado, parte del cruel castigo que el emperador de Bizancio, Basilio II, impuso en el siglo XI a 15.000 soldados búlgaros: arrancarles los ojos, dejando un tuerto por cada 100 para que pudieran indicar el camino de regreso a su hogar.
¿Vio rápidamente que partiendo de este suceso histórico podía haber una novela?
Sí, en cuanto me topé con esta historia me di cuenta de que ahí había algo, pero tardé mucho en saber qué era. Estuve leyendo mucho al respecto e incluso di con un historiador que decía que este era material para un novelista, porque no había información al respecto. Y en verdad es así, ya que no hay ninguna crónica ni documento histórico. Luego comprobé que ningún novelista búlgaro había ficcionado esta historia, así que me lancé a escribir este relato de imaginación. Porque repito; esta no es una novela histórica, es una novela de imaginación. De hecho, pienso que los novelistas no debemos creernos historiadores.
Otras de sus novelas también nacen o están ambientadas en contextos históricos, pero luego huye rápidamente de la realidad. ¿No le interesa?
Bueno, es que mi estímulo al escribir es conocer un mundo distinto al que habito. Yo quiero hacer literatura y la armo de tal modo que me estorba la realidad. Eso lo aprendí hace mucho con el 'Quijote', que la razón a veces estorba. Por eso los personajes de esta novela tienen ese toque de locura: juegan con sus propios ojos e incluso ven el mundo con cierta alegría al no poderlo mirar.
¿El poder de la imaginación es uno de los grandes temas de esta novela?
Claro, porque cuando dejas de confiar en el ojo, necesitas otros recursos para asimilar ese mundo, esa supuesta realidad. Y digo supuesta porque ni los ojos nos hacen apreciarla correctamente. Incluso los propios ciegos de la novela se preguntan para qué les sirve el ojo a los tuertos si todos ven lo mismo. De hecho, mientras escribía esta historia fui cayendo en la cuenta de que eso también es la literatura. No es algo que vemos, es algo que interpretamos como mejor nos parece. Un nuevo mundo donde cada uno crea su propia novela.
Nombraba antes al ‘Quijote’. ¿Qué más le enseñó su lectura?
Bueno, es como mi padre literario. Sobre todo me hizo valorar que como escritor soy libre y que divorciarse de la realidad puede ser maravilloso. Me alegra mucho que haya autores que se basen en la realidad, pero de esa forma yo me siento como con una camisa de fuerza.
Escapa hasta del momento presente, porque ninguno de sus personajes aparece por ejemplo con móvil u ordenador.
Como lector hay muchas novelas 'de presente' que me parecen importantes y buenas, pero como escritor no me ocurre lo mismo. Prefiero no ensuciar las novelas con móviles o referencias contemporáneas. Por eso, si por ejemplo hago una descripción la hago fuera de la contemporaneidad y me voy al pasado, cuando el mundo era más primitivo y esencial, lo que me permite gastar menos palabras.
¿Qué retos literarios ha afrontado con esta novela?
Uno de los principales era partir de este hecho tan cruel y no convertir la novela en una tragedia. Yo estuve en Bulgaría y para ellos ese episodio es algo terrible. Sin embargo, la literatura sí tiene esa magia de poder transformar todo, y es lo que quería. Por eso fui creando esos personajes, que al final acaban siendo como niños en muchos sentidos.
El humor negro, de hecho, está muy presente.
Sí, es un humor un poco kafkiano en el que se ve ese contraste entre lo terrible y lo absurdo.
Dijo el jurado del Premio Alfaguara que la novela es en el fondo una fábula. ¿Está de acuerdo?
Estoy casi de acuerdo. De hecho, les dije que iba a tomar prestada su definición, porque yo no sabía cómo hacerlo. Yo lo llamaba un cuento de hadas sin hadas pero tampoco es preciso, así que me gusta más su propuesta. Aunque seguirá buscando la definición perfecta (ríe).
¿También quería reflexionar sobre cómo reacciona el ser humano ante la barbarie?
Sí, porque a lo largo de la historia ha habido muchas barbaries. Por ejemplo, yo hablo aquí de los 6.000 esclavos rebeldes crucificados en el Imperio Romano y cómo de pronto construimos toda una religión con tres de ellos. Ese era un castigo bastante extendido, pero había más. Los empalamientos por nombrar uno. Son formas de violencia que ya no usamos, pero que las hemos sustituido por otras. Que me digan si no qué es que caiga una bomba en una escuela de niños...
El abuso de autoridad también sobrevuela la novela...
Sí, porque Basilio II, emperador de Bizancio, sentía un odio profundo hacia los búlgaros. Normalmente los prisioneros eran usados como eclavos, pero lo que él hizo fue algo inhumano. Sin embargo, es un héroe desde el punto de vista bizantino y los griegos todavía le hacen estatuas llamándole Basilio 'matabúlgaros'. Algo que parece muy cruel, pero aquí en España, por ejemplo, hay muchos 'matamoros'.
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