Rodrigo Cortés, la literatura como un territorio del asombro
El director de cine despliega una voz literaria autónoma, obsesionada con el ritmo, el humor y la precisión verbal hasta límites casi enfermizos

El cineasta Rodrigo Cortés puede presumir de contar con una trayectoria literaria sólida. / Francisco Calabuig
Rodrigo Cortés aterrizaba esta semana en Castelló para inaugurar el Congreso Internacional Galatea Despierta de la Universitat Jaume I. Lo hizo desde el lugar que lo convirtió en una figura internacional del cine contemporáneo: el director capaz de filmar la angustia dentro de un ataúd en Buried o de convertir la sugestión y la paranoia en un elegante mecanismo narrativo. Sin embargo, desde hace años, alrededor de su figura crece otra conversación paralela. Una que ya no tiene tanto que ver con la cámara como con las palabras.
Porque la literatura de Rodrigo Cortés no funciona como un pasatiempo prestigioso ni como el capricho lateral de un cineasta reconocido. En realidad, sus libros revelan algo mucho más extraño y menos frecuente: la existencia de una voz literaria completamente autónoma, obsesionada con el ritmo, el humor y la precisión verbal hasta límites casi enfermizos.
Cortés escribe, o parece escribir, para descubrir de qué manera respiran las frases. Sus textos avanzan como una maquinaria exacta donde cada palabra parece colocada después de un proceso minucioso de montaje. No es casual. Él mismo ha explicado en numerosas ocasiones que desconfía de la inspiración y que entiende la escritura como un trabajo de depuración constante, casi artesanal. La música del texto importa tanto como lo narrado.

Rodrigo Cortés durante la charla inaugural del congreso 'Galatea despierta' que organiza la Universitat Jaume I. / UJI
Dos paisajes opuestos
Nacido en Orense en 1973 y criado en Salamanca, Cortés ha construido un universo literario atravesado por dos paisajes opuestos. Galicia aparece como un territorio húmedo, mágico y ligeramente irónico; Castilla, en cambio, aporta la piedra, el frío y cierta austeridad mineral. De esa mezcla nace una obra donde lo fantástico nunca resulta extravagante, sino inevitable. Como si el absurdo fuese simplemente otra manera de observar la realidad.

Editorial Delirio publicó los dos primeros títulos del cineasta español. / MEDITERRÁNEO
Ahí reside una de las claves de su literatura, una literatura que, dicen, pertenece a esa tradición española que utiliza el disparate para desmontar solemnidades. Hay rastros de Gómez de la Serna, de Valle-Inclán, de Cunqueiro y hasta de Kafka en su forma de mirar el mundo. El humor no funciona como alivio, sino como bisturí. Sus personajes suelen atravesar situaciones imposibles con una serenidad desconcertante, sin moralejas ni discursos ejemplarizantes.
Trayectoria literaria
Su trayectoria literaria comenzó lejos de los grandes focos editoriales con libros de breverías y aforismos como A las 3 son las 2 o Dormir es de patos (Editorial Delirio), pequeñas piezas de relojería verbal donde ya aparecía esa fascinación por desmontar el lenguaje cotidiano. Más tarde llegarían la novela Los años extraordinarios (Random House), probablemente su gran consolidación como escritor, y el monumental Verbolario (Random House), un antidiccionario donde las palabras son sometidas a una especie de interrogatorio poético y satírico.

El sello literario Random House es el encargado de editar en la actualidad la obra literaria de Rodrigo Cortés. / MEDITERRÁNEO
En Los años extraordinarios, Cortés construyó una novela picaresca y delirante donde Salamanca podía recibir el mar y la historia española adquiría una textura fantástica y profundamente cervantina. En Verbolario, en cambio, comprimió su mirada del mundo en definiciones afiladas, irónicas y a veces devastadoras. Ambas obras comparten la misma sensación de libertad creativa absoluta, como si el autor escribiera ajeno a cualquier cálculo comercial o tendencia pasajera.
También sus podcasts, Todopoderosos y Aquí hay dragones, han contribuido a consolidar esa imagen de intelectual heterodoxo capaz de conectar literatura, cine, música y cultura popular sin perder nunca el humor ni la curiosidad. Allí aparece otra de sus virtudes más reconocibles: la capacidad de hablar de los clásicos sin convertirlos en piezas de museo.
En un momento cultural dominado por la velocidad, la opinión inmediata y las moralejas simplificadas, Rodrigo Cortés sigue defendiendo algo mucho más raro: el derecho al misterio. Quizá por eso sus libros producen una sensación poco habitual. La de encontrarse ante un autor que todavía cree que las palabras sirven para ensanchar la realidad en lugar de reducirla.
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