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Mónica Toledo atrapa el mar en el Menador: la emoción de vivir la Nit de l’Art desde dentro

La artista castellonense expone en el Menador Espai Cultural una muestra que participó en la Nit de l'Art 2026 y que recrea el mar a través de técnicas mixtas de pintura y escultura

Mónica Toledo junto a varias de las piezas que exhibe en el Menador Espai Cultural hasta el 19 de mayo.

Mónica Toledo junto a varias de las piezas que exhibe en el Menador Espai Cultural hasta el 19 de mayo. / MEDITERRÁNEO

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Eric Gras

Eric Gras

Castelló volvió a abrirse al arte contemporáneo durante la 18ª edición de la Nit de l’Art, una cita que este 2026 reunió alrededor de 130 propuestas en 80 espacios urbanos y que, pese a la lluvia, volvió a llenar calles, salas, talleres y centros culturales de público, como ya explicó Mediterráneo.

Entre todas esas propuestas, el Menador Espai Cultural acogió en su sala polivalente una exposición especialmente ligada al territorio, al Mediterráneo y a la experiencia íntima del paisaje: Atrapando lo indomable: respirando mar, de Mónica Toledo Llorens.

Para Toledo, participar por primera vez en la Nit de l’Art fue mucho más que colgar una obra en una sala. Fue la confirmación de que su lenguaje plástico —a medio camino entre la pintura, la escultura y la experimentación con resina— podía dialogar directamente con la ciudad. «Es la primera vez que participo y cuando desde la organización me dijeron que les había encantado mi propuesta por la originalidad de las obras, que mezclan técnicas pictóricas y escultóricas, me dio un subidón», reconoce la artista. La emoción fue todavía mayor cuando supo que expondría en el Menador y que la muestra permanecería abierta hasta el 19 de mayo: «No me lo podía creer».

Hacer el mar presente

La programación oficial de la Nit de l’Art describía su propuesta como un conjunto de obras plásticas que integran técnicas pictóricas y escultóricas para recrear playas, islas y acantilados, capturando la luz y el movimiento del mar mediante capas, pigmentos y texturas. Esa definición encaja con una obra que no busca únicamente representar el mar, sino hacerlo presente: convertirlo en volumen, brillo, relieve, calma y materia.

Toledo combina pasta texturizada, pigmentos, vegetación y resina aplicados por capas sobre lienzo.

Toledo combina pasta texturizada, pigmentos, vegetación y resina aplicados por capas sobre lienzo. / MEDITERRÁNEO

La artista organizó la exposición pensando específicamente en el espacio del Menador. La sala se articuló como un recorrido costero y emocional: una pared dedicada a las Illes Columbretes, otra a calas de Castellón, una tercera a calas, acantilados e islas de España y del resto del mundo, y una última zona consagrada a paisajes imaginarios. Allí, explica Toledo, destacan unas profundidades marinas realizadas con una técnica muy especial. La exposición, por tanto, no funcionaba como una acumulación de piezas, sino como un mapa sensible del mar: del paisaje reconocible al territorio interior.

Un refugio

En esa relación entre naturaleza y emoción aparece una de las ideas centrales de su trabajo: el mar como refugio. Toledo habla de sus obras como parte de una investigación plástica inspirada en el paisaje y en la identidad visual del entorno natural mediterráneo. Pero también como una forma de escucha. «El proceso de creación exige paciencia, porque la resina tiene su propio ritmo y sus propios caprichos; nunca responde igual dos veces», explica. En ese diálogo entre control y azar se construyen sus paisajes. «Esta es mi manera de atrapar lo indomable».

La técnica es, precisamente, una de las claves que más sorprendió al público durante la Nit de l’Art. Sus piezas combinan pasta texturizada, pigmentos, vegetación y resina aplicados por capas sobre lienzo, con procesos de construcción de superficie, raspado, veladuras y acumulación de materia. El resultado son obras que piden ser observadas de cerca, casi recorridas con la mirada. No se limitan al plano: levantan costas, rocas, espuma y profundidad.

Experiencia in situ

Esa dimensión táctil fue también una de las puertas de entrada para los visitantes. Toledo venía de recibir impresiones a través de su cuenta de Instagram, @bollablu.resin.art, pero la experiencia presencial cambió la escala emocional de su trabajo. «La gente te pregunta cómo lo haces, te felicita, te pide si le puedes hacer una cala o una playa de la que tiene recuerdos emotivos y al decirles que sí ves su sonrisa de satisfacción. Eso te da alas para seguir creando», cuenta.

«Me faltaría algo si en mi hogar no hay un trozo de mar», afirma la artista castellonense.

«Me faltaría algo si en mi hogar no hay un trozo de mar», afirma la artista castellonense. / MEDITERRÁNEO

Una crónica publicada tras la exposición subrayó también esa condición de primera muestra de una artista emergente y destacó la coherencia de una producción formada por 30 piezas, con roca esculpida y resina como elementos centrales. El recorrido incluía referencias a las Illes Columbretes, la Renegà, Oropesa la Vella, Peñíscola, Vinaròs, Jávea o Benidorm, además de otros paisajes marinos e interpretaciones más imaginadas y conceptuales.

Pero en la obra de Mónica Toledo el paisaje exterior acaba convirtiéndose en algo más personal. No se trata solo de playas, islas o acantilados, sino de la necesidad de habitar cerca del mar, incluso cuando el mar no está físicamente delante. «Me faltaría algo si en mi hogar no hay un trozo de mar», afirma. De ahí nace también su propuesta al público: llevar el mar a casa.

Más allá de la Nit de l'Art

Ese deseo tendrá continuidad más allá de la Nit de l’Art. Toledo prepara la apertura de una tienda en la calle San Vicente de Castelló, que se sumará al punto de venta que ya tiene en València. Su intención es acercar sus paisajes marinos a un público amplio, mantener viva esa conexión emocional que la exposición activó en el Menador y seguir trabajando desde una idea sencilla pero poderosa: que cada persona pueda encontrar en una pieza de mar un lugar propio de calma.

En una edición de la Nit de l’Art marcada por la participación ciudadana, el cruce de disciplinas y el contacto directo entre artistas y público, la experiencia de Mónica Toledo resume bien el sentido de la cita: el arte no solo se contempla, también se conversa, se comparte y se recuerda. En su caso, además, se respira con olor a sal, textura de roca y luz mediterránea.

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