Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Valeria Castro Cantautora

Valeria Castro: «La música deja de ser de una cuando abraza a la gente»

La artista palmera actúa en el ciclo Íntims al Castell de Onda el 6 de junio con un repertorio donde lo pequeño, lo íntimo y lo colectivo se encuentran

Valeria Castro es la encargada de inaugura la nueva edición del ciclo 'Íntims al Castell' de Onda 2026.

Valeria Castro es la encargada de inaugura la nueva edición del ciclo 'Íntims al Castell' de Onda 2026. / MEDITERRÁNEO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Eric Gras

Eric Gras

Valeria Castro habla despacio, como si midiera el lugar exacto donde colocar cada emoción. En sus canciones, La Palma no es solo un paisaje de origen, sino una manera de estar en el mundo: atenta a lo pequeño, a lo frágil, a aquello que parece quebrarse pero resiste. Tras convertir su voz en refugio para muchos con canciones como La raíz, la artista llega al ciclo Íntims al Castell de Onda con la voluntad de encontrarse con el público desde la cercanía, el silencio y la emoción compartida.

—Creciste en una isla donde todo parece vivirse con otra velocidad y otra intensidad. Mirando atrás, ¿qué queda hoy de aquella niña de La Palma que empezó tocando el piano con cuatro años y qué cosas has tenido que dejar atrás para dedicarte a la música?

Espero que quede mucho de esa niña, porque al fin y al cabo es la que mueve una profesión tan pasional como es la música. Creo que queda la conciencia de cómo pueden existir límites y de cómo eso puede ser una virtud en vez de una desventaja. Crecer con el límite del mar y saber que eso no era precisamente algo malo me permitía explorar y explotar todo lo que tenía en esa isla.

Ahora nos hemos ido de Madrid para poder estar en cada sitio cuando la ocasión lo requiere, con las giras, pero creo que queda mucho de esa inocencia con la que muchas veces se escriben las canciones. Por eso pueden conectar tanto: porque se escriben desde aquella visión infantil que, con la madurez, también se vuelve adulta. Pero en ella sigue residiendo esa sensación de lo más simple y visceral.

Valeria Castro es una de las cantautoras españolas del momento.

Valeria Castro es una de las cantautoras españolas del momento. / MEDITERRÁNEO

—En varias ocasiones has hablado de sentirte la «ovejita negra» de una familia muy vinculada a la ciencia. ¿Cómo convivían en casa esa mirada racional y tu necesidad de expresarte desde algo mucho más emocional e intuitivo?

Han convivido de una manera preciosa. A nivel profesional soy la única de la familia que se dedicó al arte y a la cultura, frente a una familia que se ha dedicado profesionalmente a la ciencia, pero lo bonito es saber que la música y el arte también pueden habitar las familias como hobby, como una cuestión de melómanos. Eso fue lo que me enseñaron en casa: tener amor y cariño por la música al escucharla, al cantarla, por el simple placer de hacerlo.

Quizás mi familia no sean profesionales de la música, pero mi padre cantaba por casa y yo lo escuchaba; yo cantaba con mi hermana. Ahí una puede entender que la música no tiene por qué reducirse a una profesión ni a la obligatoriedad de un trabajo. Aunque yo al final sí me dedique profesionalmente a ello, mi familia me ayudó a conectar con lo bonito de verlo como una pasión, y tratarlo siempre con el cariño y el respeto que merece.

«La fragilidad no necesariamente es debilidad»

—Da la sensación de que tu carrera ha crecido muy deprisa, pero tus canciones siguen teniendo algo muy artesanal y cercano. ¿Cómo se protege esa delicadeza cuando todo alrededor empieza a hacerse cada vez más grande?

Con los pies en el suelo, como siempre me han dicho en mi casa. Creo que es la medida más efectiva para gestionar ese foco que te pone la gente, más grande o más pequeño. También considero que ha sido muy bonito y ágil crecer en esta industria, pero creo que esa delicadeza se protege sabiendo que quien te escucha, quien te presta y te regala su tiempo para valorar lo que haces, es una compañía.

Tú también formas parte de eso. Se trata de saberte colectiva, de entender que esa gente que te está escuchando y acompañando también está siendo acompañada por ti. De esa manera no te sientes alguien especial o mejor que los demás, sino simplemente un canal de esas emociones. La música permite formar parte de algo que nos habita a todos y, precisamente por ser una sensación colectiva, no nos deja solas.

La raíz se convirtió en una canción muy ligada al dolor colectivo tras la erupción del volcán. ¿Qué responsabilidad siente una artista cuando una canción deja de pertenecerle y pasa a convertirse en refugio emocional de tanta gente?

Yo no hablaría tanto de responsabilidad como de orgullo. Hay algo muy bonito en que un momento en el que tú escribiste algo personal de repente abrace a la gente. Yo también soy oyente y sé cómo una puede refugiarse en una canción.

Creo que no hay que mirarlo con responsabilidad, sino con honestidad. Al final estamos hablando de emociones sin juicio, que yo canalizo en las canciones y que luego la gente puede sentir como propias. Me parece lo más bonito que le puede ocurrir a la música: que deje un poco de ser de una, que no se sienta como una propiedad, sino como un canto al aire en el que la gente pueda encontrar sus propias historias y canalizarlas. Igual que yo he canalizado durante mi vida muchas cosas en canciones de otros autores y autoras.

La cantante y compositora Valeria Castro durante el concierto que ha ofrecido hoy viernes en el Movistar Arena de Madrid

La cantante y compositora Valeria Castro durante un concierto en el Movistar Arena de Madrid / Victor Lerena / EFE

—En El cuerpo después de todo hablas mucho de cómo las emociones terminan instalándose físicamente en el cuerpo. Después de todo lo vivido estos últimos años, ¿sientes que ahora escuchas más lo que tu cuerpo te pide que al principio de tu carrera?

Creo que sí. Los poquitos años que llevo aquí me han dado cierta madurez, que espero poder seguir nutriendo y rellenando. Sí hay una escucha activa. Ahora que hablo tanto del cuerpo, a veces también me planteo si es el cuerpo o el propio inconsciente el que habla. En cualquier caso, estoy tratando de estar conectada con lo que habita en este mundo de cosas, sensaciones y emociones propias.

Me parece una buena manera de seguir manejando mi carrera y de enfocarla con honestidad vital, desde lo que está pasando ahora. Hay que darle la misma importancia a esas cosas tan grandes que pueden sucederle a una frente a la gente como a las pequeñas que te suceden a la hora de dormir y que tanto espacio pueden ocupar en tu cabeza. Me siento orgullosa de haber podido encaminar mi discurso, mis canciones y mi forma de mirar el mundo de esta manera.

—Tus canciones suelen estar llenas de fragilidad, pero nunca transmiten debilidad. ¿Te interesa reivindicar la vulnerabilidad como una forma de resistencia en un momento donde parece que todo el mundo tiene que mostrarse fuerte constantemente?

Me interesa reivindicar la presencia de todas las emociones en una misma. Me decanto quizá por esa fragilidad que dices, que efectivamente no necesariamente es débil. Ser frágil implica tener la alerta y la conciencia de que algo se puede romper, pero no por ello se va a romper. Y desde esa conciencia también puede generarse la autoprotección y el cuidado, que a veces hay que reivindicar.

Creo que es una forma muy bonita de mirar el mundo y de tratar de ocupar el espacio de aquellos lugares que no muchas veces nos han contado. Parece que la defensa y la autodefensa estén siempre muy al orden del día, como si hubiera que mostrar fuerza constantemente. Sin embargo, creo que habita una fuerza más visceral en aquello que es pequeño pero que también ocupa su lugar dentro de un mundo en el que todas y cada una de las emociones necesitan encontrar su espacio. Si mis canciones pueden ocuparlo, bienvenido sea.

«En lo íntimo siento que le canto a cada persona»

—Has pasado por grandes escenarios y formatos muy masivos, pero ahora llegas a un ciclo como Íntims al Castell, donde el silencio y la cercanía casi forman parte del espectáculo. ¿Qué tipo de verdad aparece en conciertos así que quizá no puede surgir en otros espacios más grandes?

Primero de todo, qué bonito que Castellón siempre me acoja con escenarios tan íntimos. Me emociona poder estar en Íntims al Castell el 6 de junio.

Creo que cada espacio tiene su forma de acoger a la gente. En lo masivo hay una colectividad muy bonita: saber que, aunque sean escenarios grandes, una sigue hablando de las cosas pequeñas. Pero evidentemente en lo íntimo me gusta mucho poder mirar a los ojos de quienes están escuchando y sentir que le canto a cada uno. Desde ahí se habitan las canciones de una manera muy cercana y muy bonita para mí. Ojalá también lo sea para el público.

—El Castillo de Onda tiene algo muy especial: la piedra, la noche, el aforo reducido… Hay artistas que dicen que en lugares así las canciones «respiran» distinto. ¿Qué esperas encontrar tú en un concierto tan íntimo como este?

Espero encontrar mucha humanidad y el hueco para la emoción colectiva del público y de mí misma. Yo me siento siempre una parte más de aquello que se crea.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents