Millán Salcedo, en Castelló: «El sentido del humor es el único oxígeno respirable»
El humorista compartirá este 4 de junio su experiencia vital en una charla y un espectáculo interactivo en la Casa dels Caragols y el Teatre Principal de la ciudad

R. D. M.
Millán Salcedo llega a Castelló dispuesto a decir la verdad. O, al menos, su verdad. El humorista, mitad inolvidable de Martes y Trece, participa este jueves en el ciclo Del dolor al humor, organizado por Original Concerts y el Ayuntamiento de Castelló. Primero ofrecerá una charla a las 18.00 horas en la Casa dels Caragols y, más tarde, a las 20.30 horas, subirá al escenario del Teatre Principal con Preguntamelón, un espectáculo en forma de entrevista abierta, memoria compartida e improvisación.
A sus 71 años, Salcedo habla de los achaques, del escenario como refugio, de la libertad del humor, de las heridas propias y de esa necesidad casi física de seguir haciendo reír. «Juro decir la verdad, aunque toda la verdad os parezca mentira», avisa.
—Vienes a Castelló dentro de un ciclo titulado Del dolor al humor. En tu caso, esa frase parece casi una biografía. ¿El humor ha sido una forma de escapar del dolor o de mirarlo de frente?
Bueno, según a qué dolor te refieras, porque el dolor puede ser físico, psíquico, nostálgico, dolor de huevos, dolor de codo, dolor de apendicitis… En mi caso, ya me veréis el jueves, salgo al escenario con un bastón, pero que nadie piense que es por algo raro. Son dolores de guerra. Estoy en una edad, con 71 años recién cumplidos, en la que lo que tengo son achaques. Como todo el mundo.
Pero lo que hay que tener es sentido del humor, que para eso lo tenemos. Todo el mundo tiene sentido del humor. Para mí es el único oxígeno respirable. No es que lo mío sea peor que lo tuyo o lo tuyo peor que lo mío. Hay que tener una actitud positiva, porque si no, difícilmente te vas a curar. Querer es poder, de verdad que sí. Fuera el dolor y mucho humor.

Millán Salcedo cierra el ciclo 'Del dolor al humor' que organiza Original Concerts y el Ayuntamiento de Castelló. / MEDITERRÁNEO
—¿Cuándo descubriste que el escenario podía ser no solo un lugar de expresión, sino también un refugio?
Lo estoy viendo ahora a través de este Preguntamelón, que es como un podcast en el que me entrevista un periodista. Lo estoy descubriendo ahora. Y, además, bendito sea, no me tengo que aprender nada, que eso ya es un punto y un logro.
Creo que me vino de un modo casual, como casi todo en mi vida. Como si estuviera predispuesto a que viniera algo que me protegiera. De niño, cuando yo pensaba que me habían abandonado, de repente recalo en un sitio donde casualmente hay un escenario que me está esperando. Y desde entonces me catapultó a lo que soy hoy en día: un artista, perdón por lo de artista, que lo da todo en un escenario. El escenario es y será siempre el sitio de mis recreos.
—En ‘Preguntamelón’ no te escondes detrás de un personaje cerrado, sino que te expones desde la memoria, la improvisación y la pregunta del público. ¿Te da más miedo hacer reír o mostrarte vulnerable?
No, no. Yo no tengo nada que esconder. Lo que tenga que decir, lo diré. Me dedico a una profesión por la que quiero romper una lanza. A favor de todos los chicos y chicas que intentamos hacer reír a los demás.
En estos tiempos tan confusos que estamos viviendo, con tantísimo critiqueo, tanta crisis y tanta crispación, que haya gente que intente hacer reír a los demás creo que es digno de mención. Por eso rompo una lanza a favor de todas esas personas.
«En estos tiempos tan confusos, que haya gente que intente hacer reír a los demás es digno de mención»
—Siempre has defendido un humor muy libre, a veces incómodo, poco domesticado. ¿Dónde sitúas hoy la frontera entre la irreverencia necesaria y la crueldad gratuita?
Qué pregunta me has hecho. Esa pregunta nunca me la habían hecho y me ha encantado.
¿Sabes qué pasa? Que no depende de uno mismo. En mi caso, y hablo por mí, jamás he tenido mala intención al hacer algo. Nunca. Con nada ni con nadie. Depende de la mala intención o de la buena predisposición anímica de la persona que lo escucha.
Si una persona va con mala intención a ver actuar a un humorista, mejor que no vaya, que se quede en su casa. Eso de ir pensando «a ver qué dice» o «a ver qué va a opinar de tal o de cual»… No.
Yo ya tuve problemas con aquello de la mujer maltratada. En aquellos años no había la información que hay ahora y, si ves ese sketch, no tiene ninguna mala intención. Pero ha habido gente muy retorcida que pensó que allí nos reíamos de semejante asunto. ¿Cómo nos vamos a reír de eso, hombre? No hay mala intención. Hay gente malintencionada. En mi caso te aseguro que yo no tengo esa mala intención.
—Has dicho alguna vez que prefieres los teatros y los espacios donde se pueda ver el detalle, incluso «el poro abierto», frente a los grandes recintos. ¿Qué cambia en tu humor cuando tienes al público cerca?
Mucha gente se preguntará por qué, en el momento en el que estábamos (Josema Yuste y yo), de repente uno se va, que fui yo. Podrían decir: «Este está mal de la cabeza, con todo el dineral que podían haber ganado». Pero no se trata de eso. Se trata de estar a gusto en un escenario.
Yo ya no estaba a gusto por mil cosas. Estuve ingresado y todo aquello superó mi carácter humano. Trabajar en plazas de toros, en campos de fútbol… Eso no es lo que quería. Yo quiero cercanía. Prefiero un teatrito pequeño, un salón de fiestas, un auditorio de 400 o 500 personas como mucho. Eso es lo que busco realmente: que se me vea exactamente el poro abierto.
También va de eso. Yo me abro en canal, porque soy un tío muy sincero, herencia de mis padres. Soy un tío noble, herencia de mi tierra, La Mancha. Y de verdad que no tengo mala intención nunca. Lo que pasa es que a veces hay que salpimentar determinados comentarios, parodias o imitaciones. Pero eso no se debe malinterpretar. Un poquito de sal y pimienta siempre está bien.
—En tu trayectoria hay una mezcla muy potente de tragedia, absurdo, ternura y mala leche.
Hombre, mala leche no. La leche que recibí fue la de mi madre, y mi madre era una cachonda mental. Me transmitió su buena leche y, sobre todo, su buen sentido del humor, que para algo me ha servido, ¿no te parece?
Pero ¿quién no tiene achaques? Yo tengo 71 años. El que no se queja de una cosa, se queja de otra. Y no es más grave lo mío que lo tuyo, ni lo tuyo que lo mío. Es como es. Es una edad difícil.
Yo ya di guerra de joven jugando al fútbol. Era defensa central y me tuvieron que operar tres veces de los tobillos. Ahora, con el sobrepeso y con la edad, estoy pagando las consecuencias. Pero eso no significa que vaya a acabar conmigo. Conmigo no acaba nadie.
«A veces hay que salpimentar determinados comentarios, parodias o imitaciones»
—Además de Preguntamelón, en el Teatre Principal, ofrecerás una charla previa en la Casa dels Caragols. Si el público de Castelló te hiciera una sola pregunta capaz de abrir el espectáculo por dentro, ¿cuál le gustaría que fuera?
No es que me abra por dentro o por fuera. Es que ya de entrada me desparramo literalmente por el escenario.
También he salido del armario, aunque odio esa frase. Eso de salir del armario lo detesto. No es necesario que lo hagas, porque mientras lo tenga claro yo y lo tenga clara mi familia, sería suficiente. Lo que pasa es que sí quiero compartir con el público determinadas anécdotas muy divertidas y muy de no dar crédito que me han ocurrido cuando he mantenido una relación con otro tío.
Me gustaría que la gente me preguntara sobre eso, pero estoy sorprendido porque se corta mucho. No te creas que es su pregunta favorita. Prefieren preguntarme lo de siempre: que si Encarna, que si Fin de Año, que si las empanadillas, que si la bicicleta… Todo eso. Lo de siempre, lógicamente, porque es mi vida y de eso voy a hablar.
También hablaré de anécdotas con gente famosa. Cuando era pequeño, en aquel internado en el que estuve, por megafonía oía canciones de Víctor Manuel o de Miguel Ríos, cuando eran jovencitos. Y luego, con el tiempo, cuando llegas a ser conocido, famoso o popular, tienes una especie de acceso prioritario a ellos.
Puedo decir, por ejemplo, que soy amigo de Miguel Ríos o de Víctor Manuel. He cantado con Víctor Manuel en el WiZink Center de Madrid, que ahora se llama Movistar Arena y lo tengo a cien metros de casa. Qué lujo, qué fardo, qué alegría conocer a tus ídolos de la infancia y de la juventud, e incluso ser amigos. Tengo montones de anécdotas que contar de ellos. Y si surge, no me costará nada contarlas. Algunas son muy fuertes.
—¿Qué se va a encontrar el público de Castelló en ‘Preguntamelón’?
Hay una frase insigne en este Preguntamelón: «Juro decir la verdad, aunque toda la verdad os parezca mentira». Ahí está la clave. Voy a jurar decir la verdad. Todo lo que cuente, aunque no sé muy bien qué va a ser exactamente, va a ser cierto.
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