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Nuestro libro de la semana

Valeria Luiselli y la ficción como recuerdo del futuro

La autora mexicana publica 'Principio, medio, fin' (Feltrinelli), su primera novela en siete años, que aborda la mudanza a Sicilia tras un divorcio difícil para indagar en ruinas familiares y relatos heredados

Valeria Luiselli es la autora de 'Principio, medio, fin', novela que publica el nuevo sello Feltrinelli Editores.

Valeria Luiselli es la autora de 'Principio, medio, fin', novela que publica el nuevo sello Feltrinelli Editores. / Clayton Cubitt

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Eric Gras

Eric Gras

Mi primer encuentro con Valeria Luiselli creo haberlo contado no pocas veces. Encuentro como lector, se entiende, aunque en 2013 tuve la fortuna de saludarla fugazmente en la Feria Internacional de Guadalajara, donde me firmó un ejemplar de La historia de mis dientes. Antes habían llegado Papeles falsos y Los ingrávidos por recomendación de los Infames de Malasaña. Fue Curro Llorca, hoy editor en Las afueras, quien me empujó hacia una autora que entonces ya parecía escribir desde un lugar raro, a la vez íntimo y extranjero, como si mirar consistiera en desplazar un poco el marco de las cosas. Desde entonces Luiselli ocupa un estante especial en mi biblioteca. Lo digo para poner las cartas sobre la mesa: ante un libro suyo no parto de la neutralidad, sino de una vieja confianza. También por eso conviene desconfiar de mi entusiasmo.

Principio, medio, fin llega, además, precedido por una sorpresa editorial. Tras siete años sin novela desde Desierto sonoro, Luiselli publica en Feltrinelli, no en Sexto Piso, sello que muchos identificábamos como su casa natural. El cambio no es un detalle menor: acompaña a una obra que también trata de mudanzas, rupturas, casas que dejan de serlo y formas nuevas de habitar el tiempo. La protagonista, Ella Camposanto, viaja a Sicilia con su hija adolescente, Manuela, después de un divorcio difícil. El desplazamiento no funciona como simple escenario luminoso de recomposición, sino como una excavación. Bajo el verano, bajo el Etna, bajo la conversación entre madre e hija, empiezan a aparecer ruinas familiares, relatos heredados, objetos dudosos, voces de mujeres que se pasan la memoria como quien se pasa una lámpara en medio de un apagón.

Digresión y pensamiento

Luiselli ha hecho de la digresión una forma de pensamiento. En Papeles falsos caminaba las ciudades como quien lee un texto lleno de tachaduras; en Los ingrávidos convertía la desaparición en método narrativo; en La historia de mis dientes demostraba que el valor de una historia depende también de quién la cuenta, quién la escucha y a qué precio se subasta. En Desierto sonoro, la escucha adquiría una dimensión política, atravesada por la violencia migratoria. Principio, medio, fin parece más íntima, pero no menos ambiciosa. Cambia el foco de la frontera pública a la falla doméstica, de la urgencia documental al temblor de la genealogía, y encuentra ahí un territorio igualmente inestable.

Valeria Luiselli regresa a las librerías con 'Principio, medio, fin' tras siete años de «silencio editorial».

Valeria Luiselli regresa a las librerías con 'Principio, medio, fin' tras siete años de «silencio editorial». / Ferran Nadeu

Lo más hermoso de la novela está en su manera de pensar la memoria sin solemnidad. Madre e hija leen a los clásicos, conversan, discuten, comen, juegan al ajedrez, se irritan, se acompañan. La mitología grecolatina aparece no como barniz cultural, sino como un sistema de parentescos violentos, traiciones, metamorfosis y nombres cruzados que permite ordenar, aunque sea provisionalmente, el caos de una familia. Al fondo, la abuela pierde recuerdos; delante, Manuela empieza a ganar una voz. Entre ambas, Ella intenta escribir y entender qué significa recomenzar cuando todo principio parece escrito en «un alfabeto extranjero».

El tiempo, ay, el tiempo

La pregunta por el tiempo sostiene el libro. ¿Hay un comienzo después de una ruptura? ¿Puede la ficción recordar el futuro? ¿Qué se salva cuando la memoria se deshace? Luiselli no responde con tesis, sino con escenas, repeticiones, coincidencias. En un momento, la narradora observa que «aprender a ver» quizá consista en esperar a que emerja el detalle. Esa paciencia define la novela: mirar hasta que el paisaje deja de ser postal y se vuelve archivo; escuchar hasta que un sonido revela una historia; leer hasta que los antiguos hablan del presente.

También hay riesgo. La cercanía entre vida, duelo y escritura puede rozar la autoficción más reconocible, y algunos pasajes avanzan como notas de un cuaderno que todavía conserva sus costuras. Pero incluso ahí Luiselli trabaja mejor que la mayoría, porque sabe que una forma rota puede ser más verdadera que una arquitectura impecable. El libro incorpora fotografías, una dimensión sonora y una estructura que cede espacio a la hija, como si la novela comprendiera que ninguna madre posee del todo el relato de su maternidad. Esa cesión de voz es, a mi juicio, su gesto más generoso.

'Principio, medio, fin'

Autora: Valeria Luiselli

Editorial: Feltrinelli Editores

360 páginas; 21,90 euros

Principio, medio, fin no busca la gran frase conclusiva, pese a su título tripartito. Más bien desconfía de esa comodidad narrativa que promete ordenar la vida en tres movimientos claros. Aquí el principio está contaminado por lo que ocurrió antes; el medio es una intemperie; el fin, una hipótesis. De ahí que la novela dialogue tan bien con toda la obra de Luiselli, es decir, vuelve sobre sus obsesiones –el desplazamiento, la escucha, los archivos, las voces infantiles, los huecos del relato–, pero las sitúa bajo una luz más vulnerable.

Quizá mi lectura no sea objetiva. No del todo. Pero tampoco creo que la literatura pida esa clase de asepsia. Uno lee desde su biblioteca, desde sus deudas, desde aquella firma recibida en una feria remota, desde las recomendaciones de los amigos. Y si Luiselli sigue importándome es porque sus libros me recuerdan que escribir no consiste en clausurar un sentido, sino en abrir un lugar donde memoria e imaginación puedan encontrarse. En Principio, medio, fin, ese lugar está hecho de lava, ruinas, voces femeninas y preguntas. No es poco.

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