Amelia Díaz Benlliure se jubila tras 14 años como editora: «Unaria es lo mejor que he hecho»
La editora y poeta castellonense deja la actividad editorial pero seguirá vinculada a la literatura a través de su obra, talleres y charlas

Tras 14 años al frente de Unaria Ediciones, Amelia Díaz Benlliure se jubila como editora. / Demian Ortiz
Hace relativamente poco, Amelia Díaz Benlliure fue al almacén de Unaria Ediciones a contar libros. No los que permanecen en las librerías ni los ejemplares depositados en manos del distribuidor, sino los que todavía duermen en las cajas, ese pequeño ejército de papel que constituye la parte más tangible —y también la más pesada— de una editorial.
Empezó a contar. Al poco rato, el sudor le caía por la frente. Cerró las cajas y decidió continuar otro día.
En esa escena aparentemente doméstica cabe todo lo que significa despedirse de una editorial después de 14 años. Jubilarse no consiste únicamente en bajar una persiana o entregar unas llaves. Antes hay que revisar contratos, comprobar cuáles siguen vigentes, inventariar existencias, ordenar compromisos futuros, hablar con abogados y gestores, explicar a autores, bibliotecarios e instituciones que los proyectos continúan aunque quizá la próxima factura llegue bajo otro nombre. Un sello editorial no se entrega como una cartera ministerial ante los fotógrafos. Está hecho de derechos, promesas, cajas, conversaciones y libros que aún no han terminado su viaje.

Amelia Díaz Benlliure en su visita a 'Mediterráneo' para hablar de su jubilación como editora de Unaria Ediciones. / MEDITERRÁNEO
Si los trámites administrativos cumplen sus plazos, Amelia se jubilará el próximo 24 de septiembre después de haber hecho de todo como editora independiente, desde corregir galeradas hasta transportar ejemplares a una feria.
«Ojalá hubiera aguantado cinco o diez años más», reconoce a Mediterráneo. No habla como quien huye, sino como quien comprende que ha llegado el momento de soltar una tarea que todavía ama.
El relevo, todavía por escribir
El futuro de Unaria no está cerrado, aunque existe una posibilidad concreta de continuidad. Amelia mantiene conversaciones con un grupo cultural de Castilla-La Mancha que cuenta con actividad editorial, librerías y experiencia en la organización de ferias y encuentros. Según nos explica, sus responsables desean ampliar su presencia en la zona levantina y muestran un interés particular por las publicaciones en valenciano.
La afinidad no ha nacido de una negociación entre desconocidos. Amelia lleva años colaborando con ellos en encuentros profesionales y proyectos culturales. La primera propuesta surgió casi como una broma, durante una cena informal. «¿Me compráis Unaria?», preguntó. La respuesta fue inmediata: «Sí». Meses después, cuando la jubilación dejó de ser una posibilidad remota y empezó a adquirir fecha, volvió a llamar. El interés continuaba.
Las conversaciones, sin embargo, se encuentran todavía en una fase preliminar. No está decidido si Unaria conservará íntegramente su nombre, si mantendrá una presencia física en Castellón ni cuál será el papel de Amelia durante una posible transición. El grupo y la editora tienen previsto abordar esos detalles este mes de agosto. Lo único que ella considera esencial es que los autores no queden abandonados y que los libros con recorrido pendiente puedan seguir encontrando lectores.

Amelia Díaz Benlliure en una edición de la Fira del Llibre de la Vall d'Uixó. / MEDITERRÁNEO
«No quería dejar autores colgados ni libros que aún tienen mucha vida», explica. Su jubilación no debía convertirse en una interrupción brusca, en una puerta cerrada a mitad de una frase. Por eso ha descartado soluciones provisionales que únicamente trasladaban parte del trabajo y ha buscado una estructura cultural capaz de asumir el catálogo, no una empresa interesada exclusivamente en sus cifras.
Conviene, por tanto, hablar de una negociación y no de una venta consumada. Unaria se encuentra ante un umbral: todavía pertenece por completo a la vida profesional de Amelia, pero ya empieza a imaginar cómo podría respirar sin ella.
Calidad y paciencia
Unaria Ediciones nació en Castelló el 1 de julio de 2012 y lo hizo como una editorial tradicional e independiente, dedicada principalmente a la poesía, el relato, la novela breve, el teatro y la literatura infantil y juvenil. Su lema —«Calidad y paciencia»— resume una ética de trabajo: corregir las veces que sea necesario, evitar las urgencias artificiales y acompañar personalmente cada etapa del libro.
La semilla del proyecto se encuentra en la propia experiencia de Amelia como poeta. Después de publicar un libro, sintió la soledad que puede acompañar al autor cuando el volumen ya ha salido de la imprenta. Pensó entonces que una editorial podía ser algo más que una maquinaria de producción: podía ser una casa.
Ese deseo de cercanía acabaría determinando todo lo demás. Las relaciones con los autores no se limitaron al correo electrónico ni a la firma de un contrato. Amelia organizó presentaciones, condujo durante miles de kilómetros, visitó librerías y llevó a escritores de Castellón a Oviedo, Gijón, Avilés, Segovia, Toledo, Salamanca o distintas ciudades andaluzas. El propósito era sencillo y, en el ecosistema acelerado del libro, casi radical: poner a las personas frente a frente.

Unaria Ediciones ha estado presente en numerosas ferias del libro a lo largo y ancho de toda España. / MEDITERRÁNEO
De esa convivencia nació una expresión que todavía utilizan al escribirse: «gente Unaria». No plantilla, nómina o cartera de autores. Gente.
La editorial comenzó con dos territorios que Amelia conocía y amaba: la poesía y la literatura infantil y juvenil. Pronto descubrió, sin embargo, una de las leyes más ingratas del oficio: la poesía otorga identidad, pero rara vez paga las facturas. La narrativa fue entrando poco a poco; después llegaron la novela negra, la fantasía, los proyectos bilingües y hasta una breve colección teatral. No fue una diversificación diseñada en un consejo empresarial, sino un catálogo que crecía al ritmo de los manuscritos, las relaciones personales y las necesidades económicas.

Amelia Díaz Benlliure junto a Máximo Huerta en la última edición de la Fira del Llibre de Castelló. / MEDITERRÁNEO
Díaz Benlliure calcula que Unaria ha publicado alrededor de 140 títulos, aunque la cifra admite matices porque muchas obras aparecieron tanto en castellano como en valenciano y poseen ISBN distintos. Aun con todo, el catálogo actual confirma esa amplitud y conserva numerosos títulos agotados o descatalogados junto a las novedades.
Un catálogo entre la proximidad y el mapa nacional
La historia de una editorial independiente no puede medirse con las dimensiones de los grandes grupos. Sus hitos suelen ser menos estruendosos: un autor que permanece, una obra que viaja más lejos de lo previsto, un libro que entra en las aulas o un catálogo pequeño capaz de relacionarse con nombres importantes de la literatura española.
Entre las firmas de mayor reconocimiento publicadas por Unaria se encuentra Ana Rossetti, autora de Poemas de día y Poemas de noche, ilustrados por Sara Bellés. Rossetti pertenece desde hace décadas al paisaje central de la poesía española contemporánea y ha recibido, entre otros reconocimientos, los premios Gules, La Sonrisa Vertical y el Internacional de Poesía Rey Juan Carlos I.

Ana Rossetti publicó con Unaria Ediciones sus libros 'Poemas de día' y 'Poemas de noche'. / MEDITERRÁNEO
También destaca, por ejemplo, Gonzalo Calcedo, cuyo libro Senectus apareció en Unaria después de obtener el Premio de Narrativa Ciutat de Vila-real. Calcedo recibió posteriormente el Premio Castilla y León de las Letras 2020, cuyo jurado lo situó entre los máximos exponentes del cuento en el ámbito hispánico.
Otro de los nombres que adquiere una luz especial al contemplarlo desde el presente es el de Rosario Raro. Unaria publicó su poemario Puerto Libertad mucho antes de que su autora conquistara a los lectores de todo el país con Volver a Canfranc o ganara el Premio Azorín de Novela 2025 con La novia de la paz. Obviamente, no fue aquel poemario el que recibió el galardón, pero la relación revela algo fundamental en una editorial de fondo, esto es, la capacidad de acompañar etapas tempranas de autores cuya obra continúa creciendo en otros lugares.
Habitar los libros
Para Amelia Díaz Benlliure, la relevancia de todos esos libros, y del resto de sus publicaciones, nunca ha sido abstracta. Corregir una novela significa habitarla. En este sentido, recuerda que tuvo que interrumpir durante dos semanas la revisión de una escena especialmente dolorosa de Dios no baja a los infiernos, de Luis Aleixandre, porque para ella editar no consiste en pasar los ojos por encima de una historia, sino en permitir que la historia pase por dentro.
Otro aspecto a tener en cuenta es la dimensión exterior de Unaria, que se hizo especialmente visible con las antologías del festival Voix Vives. La edición de 2014 reunió a 41 poetas de 21 países y seis lenguas; la de 2015, a 23 autores de diez países y siete idiomas, entre ellos Ana Rossetti, Ana Pérez Cañamares, Batania, Escandar Algeet, Isla Correyero y Miriam Reyes. Para un sello nacido en Castellón, aquellos volúmenes representaron la entrada en una conversación poética mediterránea e internacional.
En esa misma línea se encuentra Flores del desierto, antología del festival internacional Grito de Mujer celebrada en Madrid en 2016, o el volumen solidario NEcesarias PALabras, destinado a apoyar un proyecto relacionado con Nepal. Son libros que muestran una concepción de la edición como intervención cultural: publicar no solo para ocupar una mesa de novedades, sino para reunir voces alrededor de una causa.
Pero el hito que Amelia menciona con mayor orgullo quizá sea más modesto y, precisamente por eso, más revelador. Bicho Bola, novela juvenil de M. Carmen Castillo sobre el acoso escolar, se acerca —según las cifras de la propia editora— a los dos mil ejemplares vendidos. El Ayuntamiento de Granada adquirió 450 y organizó jornadas con la autora y la editora; el libro también ha viajado a centros educativos de Pontevedra y Cartagena. En la escala de una casa independiente cuyas tiradas habituales son de quinientos ejemplares, dos mil libros no son una estadística menor: son cuatro vidas completas de una edición.
No se trata de un gran fenómeno comercial nacional. Es algo quizá más coherente con la identidad de Unaria: una obra nacida en Castellón, centrada en una herida social concreta, que encuentra lectores y conversación fuera de su territorio.
Todo lo que cuesta sostener una casa
La memoria luminosa de estos 14 años no borra su coste. Amelia habla de la editorial como la mejor decisión de su vida, aunque para levantarla sacara todos sus ahorros del banco. Después llegaron años en los que la empresa y la biografía personal parecieron ponerse de acuerdo para exigirle más de lo razonable, con diferentes problemas que hicieron que el proyecto se tambalease. También llegó la pandemia. Desaparecieron las ferias, las presentaciones y buena parte de la actividad de las librerías. Hubo un momento en que ella misma pensó que todo había terminado. Las ayudas acabaron llegando, aunque tarde y en una cantidad inferior a las necesidades. La editorial sobrevivió.
Más tarde, cuando empezaba a recuperar el equilibrio, la dana destruyó las existencias que guardaba. Por eso, mientras cuenta ahora los libros del almacén, se sorprende a sí misma pensando que, al menos, quedan menos cajas. La frase contiene un humor doloroso, casi defensivo: la clase de ironía que nace cuando una persona ha tenido que levantarse demasiadas veces.

Amelia Díaz Benlliure con Vicent Gascó y Mònica Mira. / MEDITERRÁNEO
La épica de la edición independiente suele escribirse desde fuera y corre el riesgo de embellecer la precariedad. En la experiencia de Unaria, el entusiasmo ha convivido con facturas que no llegan en agosto, jornadas enteras a la intemperie, viajes que no compensan económicamente y presentaciones en las que se vende un único ejemplar. Pero también con salas llenas, como las protagonizadas por las presentaciones de las novelas de Vicent Gascó que, cuenta Amelia, pueden reunir a 200 o 250 personas y financiar buena parte de las publicaciones de un trimestre.
Esa es la aritmética secreta de los catálogos: una novela que vende permite publicar un poemario; un libro de público amplio sostiene otro que la editora considera necesario aunque sepa que apenas encontrará compradores. La matemática Amelia Díaz Benlliure aplicó al oficio sus diagramas de decisión, pero nunca dejó que los números decidieran por completo. Algunos libros fueron caprichos, admite. También fueron la razón de que la editorial mereciera existir.
Permanecer de otra manera
La jubilación no apartará a Amelia de la literatura. Dejará la actividad editorial, pero seguirá escribiendo, impartiendo talleres y ofreciendo charlas, manteniendo el contacto con los lectores. En el fondo, se jubila de las cajas, las facturas, los contratos y el peso administrativo, pero no de la palabra. Eso nunca.
Es curioso cómo en uno de los numerosos talleres que imparte explica a los niños y niñas cómo se fabrica un libro. Para hacerlo, les reparte diferentes papeles: uno representa al escritor; otro, al corrector; otros son la maquetadora, el diseñador o la imprenta. Cuando le preguntan a ella cuál es su función, como editora, responde: «Yo estoy en todos los sitios».

M. Carmen Castillo hablando de su libro 'Bicho bola', uno de los grandes títulos de Unaria Ediciones. / MEDITERRÁNEO
Esa frase podría servir como definición de sus 14 años al frente de Unaria. Amelia ha estado en la lectura y en la corrección, en la selección del papel y en la presentación pública, en la librería y en la carretera, en los talleres y en el almacén. Ha estado en la alegría de publicar a una autora admirada y en la angustia de no poder pagar hasta que llegara una subvención. En los libros que encontraron cientos de lectores y en aquellos que apenas vendieron uno.
Ahora tendrá que aprender a no estar en todos los sitios.
El deseo que deja atrás es tan sencillo como ambicioso: que Unaria continúe siendo reconocible como una casa cultural, aunque cambie de manos; que quienes la reciban comprendan que no están comprando solamente un catálogo, sino una red de afectos, una forma de trabajar y una confianza construida durante 14 años.
¿El futuro inmediato?
Quedan contratos que revisar, libros que contar y conversaciones que celebrar. Queda por decidir el nombre exacto del futuro. Pero la trayectoria ya está escrita porque desde aquel 1 de julio de 2012, Unaria consiguió que una pequeña editorial castellonense pudiera conversar con poetas de varios continentes, acompañar a escritores que más tarde alcanzarían grandes reconocimientos, entrar en colegios, bibliotecas y festivales, y convertirse para muchos lectores en una de las primeras respuestas cuando alguien pide el nombre de una editorial de Castellón.
Su principal legado quizá no sea un título concreto, ni una cifra de ventas, ni siquiera la lista de autores publicados. Es haber demostrado que una editorial puede ser una empresa sin dejar de ser una casa; que la paciencia también puede constituir una forma de resistencia, y que alrededor de un libro siempre es posible reunir a la gente.
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