Entrevista | Ana Torroja Cantante
Ana Torroja: «He abierto puertas personales que llevaban 40 años cerradas»
La cantante madrileña actúa el 31 de julio en el Recinto Multiusos de Onda dentro de su gira nacional 'Se ha acabado el show'

Ana Torroja regresa a la provincia de Castellón para presentar su última gira 'Se ha acabado el show'. / MEDITERRÁNEO
Pocas voces resultan tan reconocibles dentro de la historia reciente del pop español como la de Ana Torroja. Cuatro décadas después de que las canciones de Mecano comenzaran a formar parte de la memoria colectiva, la artista continúa encontrándose sobre los escenarios con varias generaciones de espectadores: quienes crecieron escuchándola, quienes heredaron aquellas canciones de sus padres y quienes se acercan ahora a su música por primera vez.
Este 31 de julio, Torroja llega a Onda con la gira de Se ha acabado el show, un espectáculo en el que conviven las composiciones de su nuevo trabajo con algunos de los temas fundamentales de su etapa en solitario y de su pasado en Mecano. Lejos de plantear ese legado como un ejercicio de nostalgia, la cantante lo entiende como un equipaje que continúa acompañándola y que forma parte de la persona y de la artista que es hoy.
El nuevo disco nació, precisamente, de una duda: la de si todavía tenía algo diferente que contar. La respuesta ha llegado tanto durante el proceso de creación como en los conciertos, donde las nuevas canciones están siendo recibidas con un cariño que, según reconoce, no siempre resulta habitual. El álbum también le ha permitido hablar de sí misma con una libertad y una serenidad que no había encontrado en otros momentos de su trayectoria, abriendo puertas que permanecían cerradas desde hacía décadas.

Ana Torroja actuará en el Recinto Multiusos de Onda el 31 de juliol. / MEDITERRÁNEO
En esta conversación, Ana Torroja reflexiona sobre la dimensión terapéutica de la música, su reconciliación con todo lo vivido, la evolución de una voz que ha ganado matices con el paso del tiempo y la vigencia de unas canciones que continúan transmitiéndose de generación en generación. También reivindica el valor de actuar en municipios alejados de los grandes centros musicales, porque, asegura, todos los escenarios merecen la misma entrega cuando alguien ha decidido dedicar su tiempo a escucharla.
—El título de tu nuevo trabajo y de la gira, Se ha acabado el show, nació de una duda muy real: si todavía tenías algo nuevo que contar. Ahora que las canciones ya se están encontrando con el público, ¿qué respuesta estás recibiendo a aquella pregunta?
Pues que estaba muy equivocada. Creo que esta es la gira en la que más canciones del disco nuevo canto y el público las está recibiendo con el mismo cariño y los mismos aplausos que las canciones que ya conoce y canta de principio a fin.
Eso me hace muchísima ilusión porque no suele ser lo habitual. Normalmente, las canciones nuevas se quedan un poco más abajo, salvo para los seguidores más fieles. En este caso están funcionando superbien.
Además, encajan muy bien con todo lo demás porque hemos llevado el sonido de este disco a las canciones anteriores. Se llevan bien entre ellas. Quizá era un capítulo que tenía que cerrar para poder abrir otro.
La música y la escritura de canciones son muchas veces catárticas. Este disco ha sido una forma de hacer catarsis de varias cosas que llevaba dentro. Y que la gente conecte con ellas, siendo algo tan personal, no siempre ocurre.
—Has contado que con este disco has abierto puertas que llevaban cuarenta años cerradas. ¿Qué has podido decir ahora que no habrías podido contar durante tu etapa en Mecano o en tus primeros trabajos en solitario?
Lo primero ha sido hablar de mí tan abiertamente sin sentirme vulnerable. Cuando empecé a escribir canciones ya iba sacando cosas que necesitaba contar, porque siempre he entendido la música como algo bastante terapéutico.
Sin embargo, había otras cosas que no quería contar. Creo que todavía no sabía cómo hacerlo, que no las había digerido o gestionado. Para algunas era demasiado pronto y aún no había podido realizar ese análisis.
Con el tiempo tampoco pensé que fuera algo que pudiera interesarle a la gente ni que fuera necesario contarlo. Cuando empecé a escribir sobre esa duda existencial pensé: «¿A quién le va a interesar esto?». Pero después me pregunté: «¿Seré la única persona en el mundo que tiene estas dudas, a la que le dan vueltas muchas cosas en la cabeza, que no sabe qué hacer o que tiene días marrones?».
Entonces decidí contárselo al papel. Todo ocurrió de una manera muy orgánica. De pronto se abrió esa puerta y sentí la necesidad, la libertad y la serenidad necesarias para contar ciertas cosas. Algunas estaban enquistadas, como sucede, por ejemplo, en La maleta.
«La música y la escritura de canciones son muchas veces catárticas»
—Precisamente en La maleta hablas de reconciliarte con todo lo vivido en Mecano: con lo maravilloso, pero también con las etiquetas y las expectativas. ¿Cómo decides qué parte de ese equipaje continúa contigo y qué parte puedes dejar atrás?
Hay mucho de ese equipaje que sigue viajando conmigo. Gracias a la gente, al público, a los padres, abuelos, hermanos, tíos y primos, esas canciones se han ido heredando de generación en generación. Siguen tan vivas hoy como hace cuarenta años.
La maleta nace también de una pregunta que me hacéis muchas veces los periodistas: si no siento nostalgia de aquella época. Yo respondo que no, porque la llevo en la maleta. No solamente porque las canciones siguen vivas, sino porque todos llevamos un equipaje y somos el resultado de lo que hemos vivido.
No me arrepiento de nada. Todo lo que he vivido, lo bueno, lo malo y lo regular, me ha hecho ser como soy y tomar las decisiones que me han traído hasta hoy. Estoy muy orgullosa de lo conseguido, así que no dejaría nada atrás.
Aunque tengo que matizarlo: hay algunas canciones con las que ya no me identifico y que nunca he cantado como solista.
En los conciertos también ocurre que alguien siente que no has interpretado su canción favorita. Entonces hacemos unos minutos a capela con el público para que todo el mundo se vaya feliz a casa. En Toledo, entre las peticiones y el ambiente que se creó, el concierto acabó durando casi dos horas y cuarenta y cinco minutos. Yo ni siquiera me había dado cuenta. Puede ocurrir cualquier cosa.

La cantante madrileña es uno de los grandes iconos de la música pop española. / MEDITERRÁNEO
—Tu voz es reconocible prácticamente desde la primera palabra, pero también has señalado que ha ganado colores y profundidad con el tiempo. ¿Qué puedes expresar hoy con ella que no podías expresar cuando tenías veinte años?
Matices. Como nunca he tenido una de esas voces tan potentes, como puede ser la de Pastora Soler, mi forma de cantar siempre ha consistido en interpretar y expresar las emociones y las historias de cada canción. Además, no sé hacerlo de otra manera.
Cuando escucho mi voz en los primeros discos, noto que me faltaban matices. Con el tiempo he adquirido una mayor madurez vocal y personal, pero también he seguido tomando clases y descubriendo herramientas que antes no tenía.
Esos matices hacen que la interpretación pueda ser más mágica y que conecte mucho más con la gente.
—La nueva gira pasa por grandes capitales, pero también por localidades como Onda, alejadas habitualmente del centro de la conversación musical. ¿Cambia tu forma de afrontar estos conciertos?
Para mí todos los lugares son importantes. Lo digo de corazón: no hay uno que sea más o menos importante que otro.
Todas las personas que acuden han dedicado su tiempo, han pagado una entrada y han decidido que ese día quieren ir a verte en concierto. Para mí eso tiene todo el valor. Da igual que sea en Bollullos o en Madrid. Siempre lo entregamos todo.
Además, lo increíble es que no hay dos conciertos iguales. Nunca. No se parecen ni por el público, ni por el momento en el que se encuentra cada uno, ni por lo que acaba sucediendo. Todo lo que ocurre en un concierto es una sorpresa.
«Con el tiempo he adquirido una mayor madurez vocal y personal»
—Cuando se apaguen las luces del concierto de Onda, ¿qué tendría que haber sucedido para que pensaras que esa noche el espectáculo tuvo verdaderamente sentido?
Ver las caras de la gente. Te diría que desde el principio y, sobre todo, a partir de la segunda canción, aunque no voy a desvelar cuál es.
Al terminar el concierto, o quizá al día siguiente, puedes encontrarte con alguien en el hotel o durante el camino. Lo que percibes es esa euforia, esa felicidad de haberlo dejado todo fuera durante unas horas, de haber estado completamente presente y de haber conectado con la banda sonora de tu vida.
Porque este concierto, exceptuando las cinco canciones nuevas, es prácticamente toda la banda sonora de tu vida.
Ver esa euforia y esa felicidad plena en la gente le da sentido a todo: a la música, al concierto, a ti misma y, realmente, hasta a tu propia vida.
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