Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Tras el incendio en la Serra d'Espadà, esta exposición en Sitges se convierte en un refugio de la memoria

El artista castellonense Agustín Serisuelo presenta en el Miramar-Centre Cultural una exposición de fotografía expandida nacida en el entorno de Betxí

'Estados de paisaje', una de las series de Agustín Serisuelo que se van a exhibir en Sitges este verano.

'Estados de paisaje', una de las series de Agustín Serisuelo que se van a exhibir en Sitges este verano. / MEDITERRÁNEO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Eric Gras

Eric Gras

Agustín Serisuelo lleva años fotografiando los alrededores de Betxí, un territorio próximo y cotidiano en el que conviven la naturaleza, la agricultura y las huellas de la intervención humana. Ese archivo personal es el punto de partida de su nueva exposición en Sitges, donde las imágenes abandonan el plano para ocupar el espacio y convertirse en piezas escultóricas.

En las obras del artista castellonense, la fotografía se fragmenta, se pliega y se adapta a troncos y superficies de madera. El paisaje ya no aparece como una vista que contemplar a distancia, sino como una materia que puede recorrerse, tocarse con la mirada y reconstruirse a partir de sus discontinuidades.

La exposición podrá visitarse en el Miramar-Centre Cultural de Sitges del 8 de agosto al 20 de septiembre, después de que Serisuelo obtuviera el XXIX Concurso de Escultura Pere Jou. La inauguración tendrá lugar el mismo día 8, a las 19.00 horas. Las exposiciones del centro cultural son gratuitas.

Serie 'Geometria Orgánica', de Agustín Serisuelo.

Serie 'Geometria Orgánica', de Agustín Serisuelo. / MEDITERRÁNEO

Bajo el título Construcción de paisajes. Fotografía expandida. Paisaje, materia e imagen, la muestra reúne esculturas, fotografías y trabajos pictóricos desarrollados durante los últimos años. No propone una sucesión convencional de vistas naturales, sino una reflexión sobre cómo construimos cultural, simbólica y emocionalmente aquello que llamamos paisaje.

La fotografía abandona la pared

En el trabajo de Serisuelo, la fotografía no permanece quieta dentro de un marco. Se corta, se superpone y se reorganiza. Deja de ser una superficie cerrada para adquirir volumen, peso y una presencia física que modifica la relación del espectador con la imagen.

Las fotografías se trasladan a bloques, troncos y piezas de madera que conservan sus irregularidades, vetas y texturas. El soporte ya no es un elemento neutro: interviene en la obra, condiciona su forma y obliga a observar de otra manera.

Una rama fotografiada puede quebrarse al atravesar dos bloques. La silueta de un árbol cambia al adaptarse al relieve de la madera. Una imagen continua se convierte en una suma de fragmentos que la mirada debe recomponer.

Este desplazamiento constituye el núcleo de la denominada fotografía expandida, una práctica que abre el lenguaje fotográfico hacia la escultura, la pintura y la instalación. La imagen deja de funcionar únicamente como representación o documento para comportarse como un objeto autónomo, capaz de habitar el espacio.

La operación no es únicamente técnica. Al imprimir o transferir la fotografía sobre un material procedente del propio mundo vegetal, Serisuelo establece una tensión entre el paisaje y su representación. La madera sostiene la imagen del árbol, pero también introduce otra temporalidad: la de la materia cortada, transformada y sometida al trabajo humano.

Un archivo nacido en Betxí

El origen del proyecto se encuentra en los alrededores de Betxí, en las estribaciones de la Serra d'Espadà. Serisuelo ha desarrollado allí un archivo fotográfico de espacios aparentemente ordinarios, atravesados por la convivencia —no siempre equilibrada— entre naturaleza, agricultura, infraestructuras y actividad humana.

Su mirada evita la postal reconocible y el paisaje monumental. Se detiene en caminos, lindes, solares, vegetación y zonas de transición que suelen pasar inadvertidas. Son lugares próximos, conocidos y aparentemente estables, pero sujetos a modificaciones continuas.

Una de las obras de Agustín Serisuelo.

Una de las obras totémicas de Agustín Serisuelo. / MEDITERRÁNEO

En ese sentido, el paisaje no se presenta como una realidad fija que espera ser fotografiada. Se construye a través de la observación, de la experiencia personal y de la memoria. Cambia según quién lo mira, desde dónde lo contempla y qué relación mantiene con él.

Esta preocupación recorre buena parte de la trayectoria del artista. En Terrain vague, un proyecto desarrollado entre 2013 y 2014, centró su atención en los espacios surgidos alrededor de la circunvalación de Castellón. La serie observaba terrenos agrícolas abandonados y zonas modificadas por el crecimiento urbano, construyendo una memoria visual de lugares en proceso de transformación.

La exposición de Sitges prolonga esa investigación, aunque concede un protagonismo mayor a la materialidad. Las imágenes ya no se limitan a mostrar el territorio: se descomponen y se reconstruyen sobre objetos que conservan una relación física con él.

El paisaje como construcción

El título de la exposición contiene una de las ideas centrales del proyecto. El paisaje no equivale simplemente a naturaleza. Es también una construcción cultural en la que intervienen la historia, los usos del suelo, las imágenes heredadas y las emociones de quienes habitan un lugar.

Serisuelo cuestiona así la aparente neutralidad de la mirada. Cada fotografía selecciona un encuadre y excluye aquello que queda fuera. Cada recuerdo altera la percepción del espacio. Incluso los lugares más familiares se transforman cuando se contemplan desde la distancia o cuando dejan de existir tal como los recordábamos.

Las obras hacen visible ese proceso mediante cortes, pliegues y separaciones. En lugar de ocultar las fracturas, las convierten en una parte fundamental de la pieza. El paisaje aparece como una realidad incompleta que debe ser reconstruida, aunque nunca pueda recuperarse en su totalidad.

Lo visible y lo invisible, lo que permanece y lo que desaparece, se encuentran sobre una misma superficie. La fotografía conserva una huella del lugar, mientras que la madera recuerda que toda imagen necesita un soporte y que toda memoria se deposita sobre una materia concreta.

El incendio modifica la lectura de la exposición

La muestra fue concebida antes del incendio iniciado a finales de julio en la Vall d’Uixó, pero su presentación se produce pocos días después de que el fuego alterara de manera profunda la Sierra de Espadán y los territorios próximos a Betxí.

El incendio se dio por controlado después de 11 días de trabajo de los servicios de emergencia. El balance publicado tras su estabilización sitúa la superficie afectada en 9.568 hectáreas, de las cuales alrededor de 3.750 pertenecen al parque natural, cerca del 12 % de su extensión protegida.

La coincidencia añade una lectura que no estaba prevista cuando comenzó el proyecto. Según la documentación de la exposición, algunas de las imágenes fueron tomadas en paisajes gravemente afectados por el fuego. Determinados lugares ya no existen tal y como aparecen en las obras.

Las piezas dejan así de ser únicamente una investigación sobre la representación del paisaje. Se convierten también en testimonios de un territorio anterior al incendio, fragmentos de una realidad que la fotografía conserva mientras el espacio físico se transforma.

Cartel de la exposición que Serisuelo presenta en Sitges este 8 de agosto.

Cartel de la exposición que Serisuelo presenta en Sitges este 8 de agosto. / MEDITERRÁNEO

No es necesario convertir la exposición en una crónica de la catástrofe para reconocer esta nueva dimensión. El fuego intensifica una cuestión que ya estaba presente en el trabajo de Serisuelo: la fragilidad de aquello que consideramos permanente.

Las fotografías muestran árboles, ramas, caminos y superficies, pero ahora contienen también una ausencia reciente. La madera sostiene la imagen de un paisaje que, en algunos casos, solo puede volver a recorrerse mediante la memoria.

Así pues, la presente exposición llega a Sitges en un momento especialmente sensible para el territorio del que nace. Por eso, además de hablar de fotografía y escultura, habla de pertenencia, pérdida y transformación. Al final del recorrido permanece una pregunta difícil de cerrar: qué queda de un paisaje cuando el lugar cambia, pero su imagen continúa ante nosotros

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents