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ENTREVISTA

Victoria Luengo: "Vivimos en una sociedad que sigue señalando a las víctimas por encima de sus acosadores"

La actriz vuelve a trabajar con Rodrigo Sorogoyen en 'El ser querido', un drama sobre las heridas familiares y los silencios que todavía atraviesan la industria cinematográfica

Victoria Luengo, en la última edición del festival de Cannes.

Victoria Luengo, en la última edición del festival de Cannes. / EFE

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Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

No hubo un fogonazo. Ni un papel que lo cambiara todo de la noche a la mañana. Lo de Victoria Luengo (Palma, 1990) ha sido más bien una carrera a fuego lento. De insistir. De probar. Empezó a trabajar con 15 años y, desde entonces, ojo, ha ido saltando del teatro al cine sin demasiado interés por acomodarse. Hubo un antes y un después: Antidisturbios puso su nombre en boca de todos y le dio un Ondas. Luego llegaron Suro y la nominación al Goya, así como el fenómeno de Reina roja. Y, sobre las tablas, lideró una Prima Facie que confirmó algo que ya se intuía: Luengo no parece tener miedo a los personajes que duelen. En 2024, recibió el Premio Princesa de Girona Arte por su “amor al oficio”. Un piropo que le sienta como un guante. Porque, pese a los premios y los halagos, sigue hablando de su trabajo con una mezcla de hambre y respeto. “Trato de no darme demasiada importancia”, dice. Ahora vuelve a cruzarse con uno de los directores que han marcado su currículum: Rodrigo Sorogoyen. En El ser querido, que llega a los cines este miércoles, interpreta a la hija de un cineasta ausente encarnado por Javier Bardem. Una mujer frente a una herida. Una actriz frente a otra cumbre. Y Luengo, otra vez, hace lo que mejor sabe: dar verdad a todo lo que toca.

P. Sorogoyen hizo algo bastante radical en el arranque de El ser querido: que Javier y usted no se vieran durante los meses previos y que su primer gran encuentro sucediera delante de las cámaras, prácticamente sin conocer las respuestas del otro. ¿De qué manera influyó esta decisión en su trabajo?

R. Fue una experiencia que no había vivido nunca. Me sentí libre. Incluso llegué a olvidarme de que estábamos grabando una película. Recuerdo que, aquella mañana, vino a recogerme un taxi para llevarme al set. Me dejó a 100 metros del restaurante en el que sucede la primera escena. Entonces, empecé a caminar. Jamás había estado ahí. Pensaba que habría cámaras, pero no vi ninguna. Pregunté por Esteban Martínez, el personaje que interpreta Bardem, y me llevaron a su mesa. El corazón me latía rapidísimo. A partir de ahí, todo fue una improvisación de una hora y 20 minutos. Es cierto que había 10 páginas escritas, pero el resto fue fruto del azar. Sólo me dieron una marca: la escena acabaría cuando me fuera. Y así lo hice. Al pisar la calle, escuché: “¡Corten!”. Y, de repente, las paredes del bar empezaron a abrirse. Detrás estaba todo el equipo vestido de negro.

P. El germen de la historia es una conversación personal que tuvo con Sorogoyen y Peña en 2022. ¿Qué siente cuando algo íntimo entra en una ficción?

R. Ellos vinieron a ver la obra de Andrés Lima que estaba haciendo entonces. Y, al día siguiente, durante una comida, hablamos de la vida. Y, claro, ahí salió el tema de la familia. Yo tuve un padre ausente. Y se nos ocurrió hacer algo con ello. No es una película basada en mi vida, pero todo lo que aparece en cualquiera de mis proyectos es íntimo. Siempre intento comprender la herida de los personajes. Quizá, esta ha sido la primera vez en la que he tenido la oportunidad como actriz de decir unas palabras que yo en mi vida personal no hubiera podido. Es un regalo.

Victoria Luengo y Rodrigo Sorogoyen, durante el rodaje de 'El ser querido'.

Victoria Luengo y Rodrigo Sorogoyen, durante el rodaje de 'El ser querido'. / MANOLO PAVÓN

P. ¿Alguna vez le ha tocado sufrir a un director tan autoritario como el que encarna Bardem?

R. Por suerte, no. Jamás he trabajado con una persona así. De hecho, creo que abandonaría el rodaje. A mí no me ha ocurrido, pero conozco compañeros que han vivido situaciones así. Espero que cada vez demos más espacio al sentido común y al cuidado.

P. ¿Ha cambiado mucho la industria?

R. Sí. Y menos mal. Queda camino por andar, pero ha evolucionado bastante. Las mujeres de hoy estamos mucho mejor que nuestras madres. No obstante, aunque reconozco la mejora, me planteo si mi situación de privilegio tiene algo que ver. Ya no me pasan las mismas cosas que cuando tenía 20 años, pero no sé si es porque éstas han cambiado o porque estoy en otro lugar. Espero que sea lo primero.

P. En 2024, El País publicó una serie de reportajes donde varias mujeres acusaban a Carlos Vermut de acoso sexual. Luego, salieron los casos de Eduard Cortés y Armando Ravelo. Parecía que el MeToo español estaba a punto de estallar, pero se quedó ahí. ¿Qué falta para que todo salga a la luz?

R. Te voy a responder con algo que aprendí mientras hacía el monólogo de Prima Facie: vivimos en una sociedad que sigue señalando a las víctimas por encima de quienes ejercen el daño. Así lo hemos visto: cuando una mujer se ha atrevido a denunciar una situación de acoso, se le ha jodido la vida. ¿Tú crees que esto es un buen referente? No estamos preparados para ofrecerles una seguridad a la hora de alzar la voz. Nadie quiere quedar señalado para siempre.

P. Hay cineastas que han cometido delitos conocidos públicamente y, aun así, ojo, se les sigue encumbrando. ¿Se deberían tomar medidas más contundentes contra ellos?

R. Es la eterna pregunta: ¿hay que separar la obra del artista? Yo, personalmente, creo que todo debe estar contextualizado. ¿Eliminarlo? No sé cuál es mi posición frente a ello. De momento, sin tener una opinión firme, pienso que deberían darse todos los datos en los que se ha gestado una obra para que cada uno saque sus conclusiones.

Una de las escenas centrales de 'El ser querido'.

Una de las escenas centrales de 'El ser querido'. / MANOLO PAVÓN

P. La cinta plantea de fondo un debate sobre el Sáhara. ¿Qué le gustaría que el espectador se preguntara al salir del cine sobre una historia que, tal vez, hemos preferido olvidar?

R. Si es consciente de lo que hemos generado con aquel abandono, dejando a la gente a su suerte. La película hace un paralelismo entre el desamparo de un padre a su hija y el desamparo de un país que colonizó otro.

P. ¿El cine tiene todavía la capacidad de cambiar nuestra mirada sobre un conflicto?

R. Me gusta pensar que el arte puede ayudar a hacerte preguntas. El cine genera pensamiento crítico. Y una misma historia puede despertar conclusiones distintas. Vivimos una época peligrosa en la que ya no sabes qué es verdad ni cuál es la fuente adecuada para encontrarla.

P. Este año ha llegado a Cannes con dos títulos en competición: El ser querido y Amarga navidad. Cuando empiezan a acumularse hitos que hace 10 años podían parecer imposibles, ¿el éxito proporciona seguridad o eleva aún más el nivel de exigencia?

R. Es una mezcla de ambas. Por un lado, estoy pletórica por haber vivido algo que supera con creces las expectativas que yo tenía de mi carrera. Y, por otro, intento no detenerme demasiado en ello. Trato de no darme demasiada importancia.

P. Cuando el libreto de El ser querido estaba listo, el director noruego Joachim Trier anunció Valor sentimental, cuya trama guarda similitudes. ¿Cómo lo vivió?

R. Nos quedamos en shock. No sabíamos qué hacer, incluso pensamos en cancelar. Luego vi la cinta de Trier y no se parecían en nada. Fue mala suerte. No estoy triste por la coincidencia, la verdad. Para el número de padres ausentes que hay en el mundo, pocas películas así se hacen. Son maneras diferentes de afrontar el daño. Es bonito.

Fuente: El Periódico de España

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