Venir a Madrid siempre es bonito. El ambiente de fútbol que se respira en las dos aceras, la blanca y la rojiblanca (con permiso del popular Rayito), es de lujo. Pero más que a ver los paisajes, el Villarreal fue al Vicente Calderón a ganar... y no ganó.

Desde que se iniciaron los actos del centenario del Atlético de Madrid, equipo que ha pasado por aquí, equipo que ha llenado el zurrón. Y el Villarreal, ¿por qué no lo hizo? Yo quiero pensar que como los amarillos tienen un corazón como un pan, no quisieron que sus rivales tuvieran que vérselas con otro de los arrebatos de Jesús Gil. En resumen, que fue un gesto de bondad.

Claro que... si no fue bondad, ¿a qué se debió la derrota? Puede que el Submarino, tras haber dejado atrás las aguas más peligrosas --léase la posibilidad del descenso-- saliera a la superficie confiado y sin tener en cuenta la posible presencia de destructores perdidos en aguas de nadie (los rojiblancos). Y así fue como el Submarino fue hundido en el Vicente Calderón por tres cargas de profundidad que su sónar no detectó a tiempo. Le explotaron en las narices.

Por desgracia, cuando parecía que la batalla estaba ganada para los amarillos, apareció un francotirador enemigo, el soldado Torres, al que no le tembló el pulso a la hora de decantar la suerte del combate para su bando.

El capitán Benito Floro y su tripulación, quizás aún con la resaca de la celebración por el acierto de sus últimos torpedos, no pudieron evitar el arreón rojiblanco. Por fortuna, y a pesar de lo que hubiera podido parecer, la nave amarilla podrá ser reflotada y la cosa no pasará de una simple revisión de chapa y pintura.

Posdata. La mención de honor de la batalla correspondió a Reina. Y es que el pobre, tras su espectacular cantada, tuvo que aguantar las gracias del Frente Atlético. Que si Bota de Oro, que si Reinagol, que si Pichichi... Fue una tortura.