Diario de a bordo: Era un día muy triste para toda la tripulación. Tras nueve años de fatigas y perdidos en los océanos, no hemos avistado tierra. Esta vez ha sido un espejismo como el de hace ocho años. Aquella vez ya estábamos preparados para desembarcar cuando apareció el buque Sestao y nos despertó del sueño. Ahora ha vuelto a suceder lo mismo, el Ciudad de Murcia nos ha arrebatado nuestro sueño. Cuando embarcamos sabíamos que el viaje sería largo y peligroso, pero nunca imaginamos cuánto. Nuestro capitán, Bonet el Intrépido, nunca perdió la fe, pero tuvo que luchar contra los elementos y no siempre saliendo bien parado. Anoche creí oir a Salillas, el grumete, gritar ¡Tierra! pero al instante me di cuenta que, como otras veces, el sol le había dado demasiado en la cabeza.

Ha sido difícil mantener el rumbo. Las batallas han sido muchas y, en ocasiones, nos han dejado secuelas de las que tenemos que recuperarnos. El de anoche fue el combate más duro mantenido con la goleta Ciudad de Murcia.

La pena me embarga al oír como John OltraJohn, el contramaestre, ordena observar de nuevo los mapas porque nos hemos vuelto a perder. Ahora, descansaremos hasta volver a emprender rumbo a tierra y, luego, pondremos los cañones a punto en previsión de ataques. Mañana volvemos a planificar nuestro camino, después de lo que hemos sufrido en aguas de nadie, me importa muy poco lo que me espera. Tenemos que mantener la cabeza fría para vilumbrar tierra y poder desembarcar definitivamente.