La calidad individual de los jugadores del Villarreal decidió. El partido no se pareció, ni de cerca, al de la ida de los octavos de la UEFA. La resaca de la noche mágica del jueves pesó demasiado. El Alba se aprovechó de los efectos de la embriaguez del encuentro contra la Roma hasta que el talento de los cracks del Submarino brotó sobre la hierba. La fugaz aparición de la estela de las estrellas amarillas eclipsó de un plumazo la voluntad de los manchegos. Y lo más importante es que el Villarreal se aseguró el cumplimiento del primer objetivo: la permanencia. De paso, presentó sus avales para una de las dos plazas UEFA en juego. Tras el triunfo de ayer, la quinta plaza está a dos puntos.

LA RESACA DEL JUEVES

El jueves se bajó el telón en el Madrigal. Los asistentes disfrutaron de una magnífica función, de esas que dejan un excelente recuerdo, perenne al paso de los años. Apenas tres días después se volvió a alzar. El Villarreal volvía a la escena. Los actores eran prácticamente los mismos. El público, aunque en menor número, también se asemejaba en su mayor parte al de la noche mágica del Roma. Todo era similar... excepto la obra. De la fantasía mostrada ante los italianos, se pasó a la mediocridad más vulgar ante el Albacete. Si contra los romanos se rindió pleitesía al espectáculo, ayer tarde, frente a los manchegos, el Madrigal se aburrió, fundamentalmente en la primera parte. Hasta las grandes estrellas, léase José Mari, Anderson o Román no interpretaron con la misma brillantez su papel durante 45 minutos.

El Albacete, un bloque muy justito para la Primera División, superaba a los amarillos por el peso de una mayor intensidad y concentración.

El Albacete comenzó el partido como le gustaría hacerlo a cualquier equipo visitante. A los cuatro minutos, Pachecho, un uruguayo cedido por el Inter de Milán, batía de un implacable zurdazo a Reina. El Villarreal no reaccionó. Es más, se quedó grogui y sin exhibir recursos suficientes para superar a un rival venido arriba, más por la apatía de los hombres de Paquito que por una superioridad manifiesta. Paquito asumió el mando. El entrenador amarillo debió sentirse como aquel director al que sus actores no le hacían ni caso y modificó, sobre la marcha, algunos papeles. Álvarez recordó viejos tiempos, con Floro en el banquillo, y pasó de central a lateral derecho, mientras que Pedro Martí se reubicó de la banda al centro del campo, pasando Coloccini desde el eje de la medular al centro de la zaga.

Las variaciones motivaron, por lo menos, que cada cual cumpliera con dignidad con su papel, lo que debía de bastar para poner las cosas en su sitio. La calidad técnica y las diferencias que existen entre los futbolistas del Villarreal y el Albacete salieron al escenario. Hasta las acciones a balón parado le funcionaron bien, por una vez, al Villarreal, que empató el partido en una jugada en la que intervinieron Roger, Ballesteros y Coloccini, quien marcó su primer gol oficial de amarillo.

REINA PARÓ UN PENALTI

Reina, otra de las estrellas del Submarino, demostró su caché parando un penalti de Ballesteros a Fabiano, quien erró el lanzamiento. Y otra de las grandes figuras que semana tras semana el Villarreal coloca en cartelera, Sonny Anderson, interpretó con lucidez el papel de pistolero del área. Y de qué forma. El 2-1 subía al marcador. El Albacete, sin darse cuenta, había perdido el partido pese a sus intentos por recuperar el mando. Las estrellas, y en el Villarreal brillan más que en el Albacete, decidieron.