El camino que Pablo Herrera comenzó en el Grao, en ese humilde L´Illa-Grau, puede conducirle mañana al Olimpo. Está a las puertas de él, después de haberse clasificado para la final en voley playa junto al veterano e incombustible Javier Bosma, natural de Roses (Girona). Con la plata en el bolsillo, pelearán por el oro contra los grandes favoritos, los brasileños Ricardo Alex Santos y Emanuel Rego, que derrotaron en el otro cruce a los suizos Stefan Kobel y Patrick Heuscher con más apuros y en tres sets: 21-14, 19-21 y 15-12.

Bosma y Herrera superaron por un doble 21-18 a los australianos Prosser y Williams. Entonces, el Viva España de Manolo Escobar rugió por la megafonía para gozo de los 8.000 espectadores, que se lo pasaban en grande.

Herrera está viviendo un sueño en Atenas. "Tengo 22 años y nunca me había imaginado estar en una final olímpica", afirmó el jugador que hace dos años se pasó a la arena tras haber jugado en el Elche. En el 2001 ya fue subcampeón mundial sub-21 con Raúl Mesa.

Hay que recordar que la carrera de Herrera sufrió un parón por un accidente de coche que sufrió el pasado año, y del que salió con una fractura de cervicales y tres meses de baja. El susto no le impidió llegar a tiempo de seguir trabajando con Bosma unas cuatro o cinco horas diarias en el Centro de Tecnificación de Tenerife, donde reside la élite del voley playa español. Sus mejores representantes ya están en el segundo escalón olímpico. "Sólo pensábamos en otro diploma, y la verdad es que también hemos tenido suerte con los cruces", decía el grauero.

INCOMBUSTIBLE Hace 10 años, Bosma decidió dejar de jugar a voleibol bajo techo para hacerlo sólo al aire libre, en la playa, como uno de los pioneros de una especialidad que era ya una fiebre en las costas californianas y brasileñas. No imaginaba entonces, con 24 años, que un día llegaría a una final olímpica.

"Ya no puedo pedir nada más. Lo que me queda ahora es disfrutar", dijo Bosma, que compaginó entre 1991 y 1994 las dos especialidades. Junto a otros pioneros, como Sixto Jiménez y Javier Yuste, probó la arena como campo de actuación.

No había elegido el camino más fácil. Sus cinco operaciones en la rodilla derecha explican la exigencia de un deporte que obliga a continuos movimientos en la arena con un único compañero, en lugar de los cinco que acompañan en la pista. Eso sí, el campo es un metro más pequeño. Con tanta lesión, Bosma ha cambiado su posición y se ha alejado de la red, donde se sitúa con ese gran rematador que se llama Pablo Herrera.