El brasileño Diego Carvalho, de 18 años, murió de un paro cardiaco durante un partido de la liga regional de fútbol aficionado en el estado de Sao Paulo. Un caso que eleva a tres el número de futbolistas de esta nacionalidad fallecidos en plena actividad deportiva en los últimos dos meses, tras Serginho (Sao Caetano) y Cristiano (Dempo, club de India), éste como consecuencia de un golpe en la cabeza.

Carvalho cayó desmayado cuando transcurrían ocho minutos de un partido en Brodósqui, a 17 kilómetros del municipio paulista de Ribeirao Preto. El joven fue atendido en el campo por un auxiliar de enfermería, pero no recuperó el sentido y murió cuando era trasladado a un centro hospitalario. Según el informe médico, el futbolista tenía una enfermedad cardíaca preexistente.

Por otro lado, Paulo Diogo, jugador del Servette suizo, perdió un dedo en la celebración del tercer gol de su equipo ante el Schafthausen, siendo amonestado por el árbitro. Diogo no se percató de que se había enganchado el anillo de bodas al subirse a la valla que separa el terreno de juego de los aficionados, arrancándose dos falanges superiores al volver al campo.