El Real Madrid deberá romper todos los registros si es que quiere dar caza al Barcelona y hacerse con el título liguero. Visto el momento actual que atraviesan los blancos, parece imposible que accedan al liderato, pero el Valencia es el mejor ejemplo de que la tarea es viable. El equipo valencianista se hizo con la Liga pasada después de haber realizado exactamente la misma machada que ahora sueña con realizar el equipo de Luxemburgo.

El Madrid le sacaba al Valencia ocho puntos en la jornada 26 y el equipo que entonces dirigía Rafa Benítez acabó ganando el torneo liguero. Otro precedente que también podría valer es el de la temporada 80-81. Entonces, el equipo blanco cedía una distancia casi idéntica y, aunque no ganó la Liga, sí acabó empatado a puntos con la Real Sociedad. En aquella ocasión las victorias valían dos puntos.

UNA LEYENDA NEGRA La maldición, leyenda negra o mal de ojo del Real Madrid en Riazor sigue creciendo conforme crecen las visitas de los blancos al feudo coruñés. Con la derrota cosechada el pasado sábado, son ya 14 los años sin ganar en terreno del Deportivo. La última victoria del Madrid fue la de 1991.

La de la presente temporada puede que haya sido una de las más dolorosas. No en vano, los de Luxemburgo pueden haber tirado media Liga ante su eterno rival. Y es que los blancos, sabedores de que el Barcelona se había dejado dos puntos sobre la pista de hielo de Soria, mostraron una actitud y juego verdaderamente lamentables en Riazor.

El Real Madrid ha dejado de sumar los últimos seis puntos disputados en Liga y queda a ocho del cuadro de Frank Rijkaard. Más de uno se tira de los pelos en la casa blanca cuando se piensa que la distancia hubiera quedado en unos míseros dos puntos de no haberse producido estos últimos tropiezos. La desesperación alcanza límites insospechados cuando se mira el calendario y se observa que el Barcelona aún tiene que visitar el Santiago Bernabéu. Al ritmo que el Real Madrid lleva en la actualidad este duelo amenaza con ser de puro trámite para el Barcelona.

LUXEMBURGO, OPTIMISTA El técnico, consciente de que su flor pasó a mejor vida, ha decidido ser el primero en encender la llama de la esperanza y anunciar a los cuatro vientos que no todo está perdido. Habrá que ver si los galácticos hacen la machada.