Gijón no es una tierra de meigas, así que tal vez haya que acudir a la carta astral del Castellón o al tarot para explicar cómo es posible que jugando el mejor partido (hasta el minuto 60), el Castellón perdiera en El Molinón donde, dicho sea de paso, en Liga sólo ha sacado un punto en 15 visitas.

Para empezar, Pedro -- a su pesar-- origina la expulsión --que no es-- de Raúl; luego, el Castellón provoca, con su fútbol, actitud, agallas y ocasiones claras, que la grada silbe a los suyos al descanso; después, en cinco minutos, eche al traste todo el trabajo, sino regalando los dos goles, sí mostrando cierta pasividad y un portero (Javi Fernández) que no está para jugar...

Y, por si fuera poco, ahí está el colegiado, el gallego Iglesias Villanueva, con una actuación más que sibilina haciendo lo más fácil, ensañarse con el más débil ante la complaciente mirada, desde la grada, de Díaz Vega, uno de los personajes con más poder del estamento arbitral.

En fin, el Castellón sufrió una evolucionus interruptus... y a joderse hasta que llegue el Valladolid, que diría el otro.