Mientras algunas selecciones se pelean aún por entrar en el Mundial, la selección anfitriona sigue en horas bajas. En el 2002 alcanzó la final con un bloque discreto que cayó ante Brasil tras varios triunfos afortunados. Ahora, la papeleta será mucho más complicada. Los germanos no pueden fallar en su casa, pero los últimos amistosos han abierto la veda de las críticas.

Jurgen Klinsmann tiene por delante la difícil misión de conjuntar una selección sin glamour, muy diferente a la que derrotó a Holanda en 1974, cuando Alemania culminó su papel de organizador con el título. Maier, Beckenbauer, Vogts, Breitner, Overath y Müller eran algunos de los puntales de aquel equipo, muy superior al actual. A Klinsmann, campeón en 1990, sólo le queda encomendarse a la calidad de Ballack, las paradas de Kahn o el talento de Deisler.

La selección teutona ha disputado 14 amistosos este año, con siete victorias, cuatro empates y tres derrotas. Hace 10 días, perdió ante Turquía ("fue un desastre", dijo el seleccionador) y el miércoles pasado sufrió para batir a China (1-0), que no estará en la cita mundialista. La prensa alemana ha reaccionado con dureza: "Alemania se hunde", tituló el diario Bild tras la derrota ante los otomanos. "Estamos en un bajón. Hay que salir como sea de esta crisis", dice Ballack, que permanecerá en Múnich hasta el 2006 con el objetivo de brillar en el Mundial.

Los clubs también han criticado a Klinsmann. Bayern, Werder, Hertha y Schalke quieren que deje su casa de Los Angeles y se traslade a Alemania.