El Valencia regresa al Olimpo. Después de 11 meses sin conocer la victoria lejos de Mestalla (la última victoria de los che a domicilio se remonta al Albacete-Valencia de la pasada temporada, que se saldó con 0-1, gol de Xisco), el equipo de Quique Flores eligió el mejor escenario, el Bernabéu, para refrendar el cambio respecto a la desastrosa campaña anterior y demostrar que, de nuevo, debe ser considerado grande de la Liga y aspirante al título.

El Madrid, sin Ronaldo y Baptista, lesionados, naufragó ante el Valencia y cede el liderato al Getafe, la sensación del campeonato con 17 puntos en ocho partidos.

El primer tiempo resultó trepidante. Tuvo de todo. Polémica, emoción y dos penaltis más que discutidos. El primero en un forcejeo de Moretti con Sergio Ramos, que mandó luego Zidane al palo. Y el segundo, a favor del Valencia, en una mano que le da en el codo al defensa andaluz. Luego lo transformó Villa de forma brillante. Si el árbitro Daudén Ibáñez no hubiera pitado ninguno, no habría pasado nada.

EXHIBICIÓN ´CHE´ Más allá del lío arbitral, la realidad es que el Valencia exhibió más fútbol que el Madrid en el primer tiempo. Rubén Baraja volvió al escaparate. Con un tanto soberbio, un libre directo que clavó en el portal de Iker Casillas. Pese al mazazo, el equipo de Luxemburgo reaccionó. Tiró de estrategia una vez más. Y demostró, como ya defendió hace años Benito Floro, que el saque de banda es una acción ofensiva de libro. Roberto Carlos y Raúl se encargaron de ponerlo en práctica, para que el capitán blanco estableciera el empate. Eran los mejores minutos del Madrid, pero no hubo tiempo para recrearse. David Villa hizo callar el Bernabéu con el 1-2, de penalti, y se llegó al descanso.

En la reanudación, el Madrid dominó el juego. Y el Valencia tiró de contragolpe. El partido fue eléctrico, con posesiones largas de balón del equipo de Quique Flores. Se encomendó Luxemburgo a Robinho para remontar el partido, pero los che le ganaron tácticamente la partida.

Bien colocado atrás, con Aimar en estado de gracia y sobre todo buscando los espacios a Villa, el Valencia pudo aumentar la cuenta a los 84 minutos, cuando Sergio Ramos sacó en la raya de gol un balón del asturiano. Luego, vinieron las expulsiones. La primera, justa de Gravesen. Y la segunda, a Beckham por protestar una amarilla.