Martín-Delgado ha sufrido una auténtica transformación desde que arrancara la temporada. A pesar de que sólo han transcurrido dos meses, la metamorfosis, tanto a nivel deportivo como en lo personal, ha sido brutal.

En lo futbolístico, el toledano ha variado sustancialmente en sus ideas originales. Creyó que jugar con un punta era intocable y, tras cinco derrotas, alineó a dos; la fisionomía del once ha mudado de forma muy ostensible: ha cambiado de portero, un central, un mediocentro, un extremo y un delantero. Incluso ha cedido ante alguna de las peticiones de su plantilla.

En sus relaciones con el entorno, Martín-Delgado tampoco es el mismo que era. Su altivez y su manera de expresarse, en la que parecía ser el dueño de la verdad absoluta, ha dejado paso a una persona más accesible y, por momentos, abatida delante de tanta adversidad. Sigue intacta su profesionalidad, eso sí.