Rodolfo Martín Arruabarrena es un lateral izquierdo que, ocasionalmente, saca su vena realizadora. Lo demostró en Anoeta una vez más, con un gol que muchos pueden considerar un churro pero que, al fin y al cabo, vale lo mismo que el que entra por toda la escuadra de forma limpia. Y en el caso del Villarreal, da continuidad a la mejoría apuntada en Castalia, en el partido de ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey.

¿Quién no recuerda a Arruabarrena irrumpiendo para empujar a la red el 1-1 ante el Glasgow Rangers, que dio el pase a los cuartos de final de la pasada Liga de Campeones? ¿Y su cabezazo ante la salida de Toldo, portero del Inter, para meter al Submarino en semifinales? En Anoeta, El Vasco tuvo como aliado a Riquelme --sus saques de esquina siempre tienen visos de convertirse en un gol olímpico--, la blandura del portero Bravo y hasta el larguero. Pero allí estaba él, para empujar a la red el 0-1.

La satisfacción

"¿Contento? Sí, pero lo importante son los tres puntos", esgrimía el argentino, que recientemente ha regresado a la selección albiceleste. "El equipo ha vuelto a funcionar", insistía.

Arruabarrena también repasaba alguno de los males que aquejaban al Submarino, defectos que ha empezado a rectificar esta semana, con el triunfo copero en Castellón y el de ayer en San Sebastián. "Nos costaba generar juego y hacer buen fútbol", señalaba. "Y cuando eso no se puede, hay que apretar los dientes y trabajar todos unidos, que es lo que estamos consiguiendo", rubricó.

Adiós a la monotonía

El Vasco profundiza sobre ese punto de inflexión que supuso el traspiés de la pasada jornada en El Madrigal frente al Levante (1-1). "Por fin hemos roto una fase en la que éramos monótonos", manifestaba. "Hemos estado bien en defensa", argumentaba el jugador sobre los motivos del triunfo a orillas del mar Cantábrico.