Pekín entra en su cuenta atrás. Hoy, una gran fiesta en la plaza de Tiananmén inaugurará el reloj que marcará los 365 días que faltarán para la inauguración de los Juegos Olímpicos más polémicos, dando el pistoletazo de salida para que el Comité Olímpico Internacional (COI) envíe a sus 205 países miembros la invitación a participar en la gran cita. Los Juegos, del 8 al 24 de agosto del 2008, prometen ser inolvidables, pero también pueden serlo las consecuencias de la osada decisión que el COI tomó a la hora de otorgar los JJOO a un país pujante económicamente, pero con un gran déficit en el respeto a los derechos humanos.

Para China, el acontecimiento es una oportunidad única de demostrar al mundo su valía. "Organizar unos Juegos triunfales será una demostración del poder y la influencia del país", aseguró recientemente Liu Qi, presidente del comité organizador (BOCOG) y miembro del politburó del Partido Comunista chino. La propia dualidad de su cargo muestra la importancia que el aparato político concede a los Juegos. Nada puede salir mal. Pero ni esa intención podrá evitar la contestación internacional ante una situación política que casa muy mal con los ideales que defiende el movimiento olímpico.

Aparte de los problemas más acuciantes que Pekín deberá paliar antes del inicio de los Juegos (contaminación, tráfico, transportes, seguridad, comida y agua no contaminada...), China deberá hacer frente a la presión internacional respecto a las numerosas reivindicaciones a las que no ha dado salida hasta el momento. Al contrario: ha querido mostrar un guante de seda que no ha podido ocultar su inflexible mano de hierro.

Conflictos sin resolver

Los conflictos del Tíbet y Taiwán, de los exiliados uigures, de las matanzas de Darfur --muchos las achacan a China, principal cliente del petróleo de Sudán--, de la persecución a la secta Falun Gong, de la acusación de tráfico de órganos, de la falta de libertad de información... Bombas de relojería que amenazan con explotar al amparo del efecto amplificador de los JJOO, si bien es probable que la mayoría de manifestaciones sean reprimidas sin contemplaciones y ocultadas a la prensa internacional.

Más allá de mostrar al mundo su rápida modernización y pujanza económica, las intenciones democratizadoras de China son más bien tibias, como se constató en la reciente (junio) visita del rey Juan Carlos al país. "El objetivo es la democracia, pero no podemos copiar el modelo de democracia extranjera. Somos 1.300 millones de habitantes y 56 etnias, y es imprescindible mantener la estabilidad social", dijo el presidente de la Asamblea Popular Nacional, Wu Banguo, ante el requerimiento del monarca español sobre las intenciones del país.

El entramado político amenaza con ensombrecer unos Juegos que, en el apartado deportivo, no vislumbra problemas insolubles. Solo el Estadio Nacional, llamado ya popularmente Bird´s Nest (nido del pájaro), debido a su textura exterior, dilatará su finalización hasta marzo del 2008.

Los 2.100 millones de dólares (1.524 millones de euros) que costarán los Juegos serán fácilmente recuperables por derechos de televisión, patrocinios y la venta de siete millones de entradas. Pero el retorno de los 29.042 millones de euros invertidos en infraestructuras será más difícil de cuantificar.