Hoy celebramos una efeméride especial. Uno de nuestros hijos se hace mayor, cumple diez años. Creció a lo largo de este tiempo, seguro y dubitativo, eso sí con algún que otro empujoncito, y levantando su moral cuando decayó su ilusión. Pero conseguimos formarle sus piernas tras sus primeros pasos vacilantes y hoy camina con zancada firme, rodeado sus amigos. Le vimos maneras y ya sabemos que tiene el futuro en sus manos.

El décimo aniversario del Circuito de Invierno de Castellón, nos hace recordar que éramos mucho más jóvenes en el 98. Aquel año en el que el tenis español hizo doblete en Roland Garros, de la mano de Carlos Moyá y Arantxa Sánchez Vicario. Hoy podemos echar la mirada atrás, habiendo visto pasar por las pistas castellonenses a muchos de los actuales valores. Se formaron a través del saque y el resto, de los éxitos y las derrotas, de la llegada de la noche, del calor y el frío, pero estoicos, prosiguieron en el empeño. Y se abrió la puerta al tenis comunitario que nos visitó con asiduidad, además con viaje de regreso y no siempre con la victoria en el zurrón.

Gracias a todos ellos, celebramos un aniversario con voluntad de seguir en la brecha, muchos años más.