Muy poco ha cambiado la dinámica del Athletic con respecto a los ejercicios anteriores. Hay caras nuevas en el palco, en el banquillo y en la plantilla pero, ni el juego tiene excesivo lustre, ni los resultados han respondido a las expectativas.

Sus seguidores no lo deben estar pasando demasiado bien teniendo en cuenta que las mayores carencias aparecen en San Mamés, donde ya no se hace respetar ante los rivales como antaño. Son unos cuantos años caminando sobre el alambre, que continúa estando resbaladizo.

Incluso llegó la exótica contratación de Joaquín Caparrós, ya que es muy poco habitual ver en el banquillo de los leones a un técnico que no sea vasco o extranjero. La mano dura del sargento era una de las bazas para curtir a la plantilla en muchos aspectos, pero solo ha funcionado a medias. Es otra temporada de sufrimiento, porque está demostrado que la competitividad es grande y cruel, y la historia --y la del Athletic es de las más grandes--, no te salva, y si no que le pregunten a la Real. Las victorias las dan la calidad y los buenos jugadores. A los rojiblan- cos se les estaba complicando mucho la cosa --una victoria en ocho partidos--, pero el destino también juega y, en el momento más delicado, les colocó enfrente a Levante y Atlético de Madrid, los equipos representativos de los dos clubs más autodestructivos de Primera División, algo que les ha permitido tomar aire y sacar la cabeza en la tabla.