Con 34 años y uno de los mejores currículos de todos los futbolistas en activo, Robert Pirès podría haber llegado a Vila-real, como vulgarmente se dice, a atracar. Pero nada más lejos de la realidad. Pese a que la fortuna le dio la espalda a su llegada con una lesión que le mantuvo alejado de los terrenos de juego durante medio año, el futbolista solo necesitó estar bien físicamente para demostrar que es un crack. En su primer año lideró al equipo en un momento crítico para el Submarino y lo llevó a la UEFA, ocho victorias consecutivas mediante.

En la presente temporada, al internacional francés le han respetado las lesiones. Con él en el campo, el Villarreal ha goleado al Barça, Valencia, Atlético de Madrid... Pirès se ha ganado a pulso la renovación. Su carisma en el vestuario y la calidad que atesora en sus botas son sus principales avales. Solo necesitó un día para ponerse de acuerdo con el club y, aunque quería firmar hasta el 2010 y al final solo ha prolongado una temporada su contrato, no puede ocultar su sempiterna sonrisa: "Siempre dije que el Villarreal era mi primera opción. Estoy muy contento porque mi familia está muy feliz aquí. Ahora sería ya muy difícil que nos mudáramos".

El jugador destaca la "calidad de vida" que disfrutan los suyos en España. Cuando le preguntas qué es lo que tanto le enamora de estas tierras, Pirès mira al cielo: "He estado en Londres, París... y el clima de aquí no está en ningún sitio. Siempre hace sol". Además, el francés reside en una zona muy tranquila, cercana a la playa y al pinar del Grao de Castellón. Su casa --antiguo domicilio de Gica Craioveanu-- está muy cercana a la de su inseparable Nihat Kahveci: "Ahora Eguren también vive aquí al lado. A veces nos juntamos para hacer alguna pachanga".

Y es que el clima que se respira en el vestuario amarillo da gusto. "Cuando me levanto tengo ganas de ir a trabajar. En los entrenamientos disfruto, hay un ambiente increíble. Todos somos amigos". Qué diferencia con la atmósfera de la pasada campaña: "Claro que hubo problemas, pero el club los resolvió de la mejor forma. El último año se pagó el precio que cuesta crecer en el fútbol. Seguro que no vuelve a pasar".

De todas formas, Pirès se queda con la parte positiva de aquella historia: "Nos levantamos y logramos entrar en Europa".

En la actualidad, con la Liga de Campeones prácticamente en el bolsillo, pasa página. "En el Villarreal soy feliz. No me planteo volver a mi país" y espera que el Submarino sea su último puerto: "Quiero colgar aquí las botas". Sobre su contrato, desvela que no existe "ninguna cláusula" a la que se pueda añadir un segundo año, aunque reconoce que "hablamos de que si juego igual volveremos a renovar. Depende de mí".

Enamorado de su familia

La adaptación de los suyos en la provincia es uno de los factores que más ha influido para que Robert descartara las ofertas "de Francia y la Premier". Su hija Naia está aprendiendo español en un colegio de Castellón y Theo, recién nacido, lleva ya más tiempo en España que en el país natal de su padre. Su pareja también está muy acoplada a estas tierras y, con estos precedentes, la decisión del jugador no podía ser otra que la continuidad.

La afición siempre le ha demostrado su cariño: "Tengo cazautógrafos hasta en mi casa". La relación con el presidente y entrenador no podía ser mejor. Con sus compañeros, exactamente igual. Pero hasta la prensa está de acuerdo en la ampliación de contrato de Pirès. Al margen de su importancia en el campo --demostrada con una soberbia actuación ante el Atlético de Madrid--, como persona es un diez. A pocos campeones del mundo les costará tanto dar un no por respuesta. Es igual dentro y fuera del campo. Un número uno capaz de deslumbrar solo con su humildad. Merci, Robert Pirès.