El fútbol no suele ser como las matemáticas. Es decir, en este apasionante espectáculo, dos y dos no siempre son cuatro. Año tras año, numerosos proyectos ambiciosos hechos a base de talonario y con nombres suelen irse al garete. O a Segunda A, como le sucediera el pasado año al Zaragoza. No siempre el que más calidad tiene se impone a su contrincante y quizás por eso mismo sea tan bonito el rey de los deportes.

Pero el Villarreal hace que las matemáticas se cumplan a rajatabla: partido gris, un rival más ambicioso y con más ocasiones pero con menos nivel y... tres puntos para el zurrón. Sucedió en la segunda mitad ante el Racing y ayer volvió a producirse: el Submarino gana a base de pegada.

En El Molinón lo hizo gracias a la inspiración de Rossi, que disputaba sus primeros minutos en Liga. Una jugada pícara del italiano tiró al traste las acometidas del Sporting, que a los puntos habría merecido más. Pero esto no es el boxeo y el Bambino fue más Bambino de Oro que nunca. Su tanto, mediada la segunda mitad, otorgaba al Submarino el liderato provisional, situándolo con 13 puntos después de cinco jornadas, por ahora en lo más alto de la tabla de Primera División.

El de ayer no era el partido más agradable de jugar. La mala marcha que llevaba el Sporting, el hambre de fútbol que hay en Gijón tras más de una década en Segunda A y el ambiente infernal que generaron los más de 22.000 espectadores que acudieron al estadio, no invitaban al optimismo, principalmente porque el trascendental encuentro de Champions ante el Celtic en El Madrigal está a la vuelta de la esquina.

Por eso mismo, los amarillos saltaron al césped del vetusto coliseo rojiblanco --El Molinón necesita un lavado de cara urgente-- mucho más entonados de lo habitual, ya que pudo verse a un bloque con las líneas muy juntas y en el que los apoyos fueron una constante. Pellegrini sabía que tener el esférico sería la mejor arma para noquear a un ilusionado conjunto asturiano y, por ese mismo motivo, emparejó de inicio, en la medular, a dos peloteros como Edmilson y Senna.

El inicio fue esperanzador, ya que los sustos locales no eran más que eso, sustos. Pero, poco a poco, el conjunto amarillo fue adormeciéndose, quizás más pendiente del partido de Champions del martes que de salir airoso de El Molinón. Por momentos, los amarillos perdieron el norte y el Sporting empleó la dureza, con permiso de Paradas Romero, para poner en aprietos a los de la Plana Baixa. Falta tras falta fue transcurriendo el partido, con un público local contrariado por las interrupciones del colegiado.

Así, el primer periodo terminó con más pena que gloria y con un empate que no agradó a nadie.