El Sevilla le debía una al Atlético, el equipo que la pasada temporada le dejó fuera de la Liga de Campeones, y ayer saldó la deuda. Lo hizo con el nuevo método de Jiménez, un entrenador que ha renunciado al juego de toque que maravilló con Juande Ramos en el banquillo para apostar por la efectividad y un sistema de contención. Los andaluces temían al conjunto rojiblanco, que había goleado a todos los rivales que iban pasando por el Calderón. De ahí que Kanouté comenzara el partido en el banquillo para dejar toda la responsabilidad del gol a Luis Fabiano, el otro martillo sevillista. Y el brasileño no defraudó. Dio el primer aviso en un remate que acabó en gol, pero que Mejuto anuló por un ajustado fuera de juego, y luego acertó tras un magistral lanzamiento de falta.

Con el resultado a favor, todo fue más fácil para el Sevilla, que se limitó a jugar a favor del marcador, esperando la ofensiva de su rival. Pero esta vez, el Kun Agüero no tuvo su noche y el Atlético mostró sus carencias y también las bajas que arrastraba (Forlán, Simao, Heitinga y Maniche). Con este panorama, los visitantes buscaron la sentencia al contragolpe y Luis Fabiano la tuvo, pero su remate de cabeza acabó en el larguero.