El 7 de agosto pasado, Benidorm y Levante disputaban un amistoso en Foietes... que no fue tal. Al minuto y medio de partido, Luis García Plaza, entrenador azulgrana, era expulsado --debe ser un récord mundial--. Poco después, Geijo y Gorka Larrea veían el camino de los vestuarios. Y, en la segunda parte, Serrano también caía preso de una roja. En fin, un amistoso en el que hubo 14 amarillas y cinco rojas, dirigido por el valenciano Bernal Moreno quien, curiosamente, ya había arbitrado un año antes un Benidorm-Castellón, otro amistoso que terminó con 22 tarjetas, 18 de ellas para los albinegros, incluidas las expulsiones de Oberman, Perico, Zamora y Emilio Isierte.

Esto podría ser, simplemente, una anécdota veraniega, pero lo cierto es que luego ha tenido continuidad en la competición oficial. El Levante no ha acabado limpio de cartulinas en ninguno de los 28 encuentros de Liga. La comparativa con la pasada temporada es escandalosa. Entonces, en los 38 partidos en Primera División, los granota sumaron 111 amonestaciones y cuatro expulsiones, siendo un equipo de la cola que, habitualmente, son los que más rascan y más faltas cometen. Pues bien, esta temporada, a falta de 14 jornadas, superan esas cifras en 12 amonestaciones y 13 expulsiones. Algo que, según parece, obligó a la directiva valenciana a llamar al orden a la plantilla en la primera vuelta.

Los guerrilleros

Sorprende, por ejemplo, que Geijo, ahora lesionado de gravedad y sin duda uno de los mejores delanteros de la categoría, haya visto 12 tarjetas. De ellas, cinco por protestar al árbitro, dos por discutir con un contrario, una por empujar a un rival, una por mano y las otras dos por derribar o agarrar. Es decir, la mayoría por ser un bocas o un broncas.

A Pallardó, un medio que ha jugado en Primera con el Valencia y el Getafe, le podrían apodar El Derribos. Las 12 tarjetas las ha recibido por tumbar a rivales, siete por entradas con los pies y cuatro a base de agarrones. Otro guerrillero ha sido el canterano Iborra, un delantero reconvertido a pivote que ofrece una gran variedad en sus 11 tarjetas: derribos, protestas, discusiones, agarrones, impedir que sacara el portero rival... Vamos, que de ser un prometedor punta ha pasado a convertirse en el nuevo Gattuso.

Atención si el Levante se pone por delante en el marcador. Reina, el actual portero titular, ha visto tres amarillas, todas por perder tiempo, aunque hay que matizar que todas las recibió a domicilio (Vitoria, Eibar y Elche): le salió bien, porque su equipo puntuó en los tres encuentros.

Se ha hablado de Geijo e Iborra, pero es que el resto de delanteros tampoco se andan con chiquitas. Xisco Nadal totaliza seis amarillas y una roja, todas ellas por entradas peligrosas a los rivales. Entre tal vorágine de sanciones es curioso como Ballesteros (ex del Villarreal), con cinco amarillas, está en la parte media-baja de este particular ránking.

Otro futbolista de la provincia, el almazorense Tena, ha jugado solamente 11 partidos, aunque le han cundido: seis amarillas y una roja por cuatro derribos a contrarios, un balón jugado con la mano y una protesta. La roja la recibió por doble amonestación.

No se libra nadie. El técnico, Luis García, ya suma cinco amonestaciones y una expulsión. Por su parte, Pedro Rostoll (segundo entrenador) ha sido expulsado en dos oportunidades, una más que el preparador de guardametas Martínez Puig y el fisioterapeuta.

Más que una curiosidad

Lo más llamativo, sin duda, fue la sanción de 3.000 euros que Antiviolencia impuso a Raimon Ferrer, jardinero del club, por un intento de agresión al cuarto colegiado en un partido disputado en el Ciutat de València, con el arbitraje de Pino Zamorano.

Echando mano de calculadora, de seguir la media actual, el Levante podría llegar a final de temporada rozando o superando las 200 cartulinas, una cifra verdaderamente escandalosa, aunque tampoco demasiado lejana a la de su última temporada en Segunda A, la del ascenso, con Oltra y Mané de entrenadores: totalizaron 150 amarillas y 10 rojas. Eso sí, en aquella temporada no fue sancionado ningún jardinero.