Despuntaba en su Málaga natal desde muy pequeñito y, de la mano del actual entrenador del Xerez, el Boquerón Esteban, tuvo la gran oportunidad, con 13 años, de marcharse a Can Barça, a la famosa Masia. "Fue duro sobre todo para mi madre, yo era muy joven e inconsciente, solo pensaba en que me iba al Barcelona, el que para mí será siempre el mejor club del mundo", destaca.

Los inicios no fueron fáciles, pero cuando se calzaba la botas todo cambiaba: "En Can Barça me lo enseñaron todo, a ser deportista y persona. Y pasaron los años y me convertí en un prototipo de la filosofía de fútbol del Barcelona, es decir, un mediapunta que basaba su juego en el toque y el buen trato del balón".

A Mario le ha tocado vivir una carrera deportiva llena de contratiempos, por lo que recuerda con nostalgia su época de gloria en la cantera culé. "Allí disfrutaba del fútbol. Estábamos de moda. Fui internacional en todas las categorías --menos la absoluta-- e incluso Xavi y yo pasamos a formar parte del primer equipo con Van Gaal", explica.

Gratos recuerdos

Mario solo tiene "grandes recuerdos" de su etapa de azulgrana, pero no olvida el trato humano de futbolistas como Figo, Luis Enrique y Guardiola e incluso del propio Van Gaal. "Siempre se me quedará marcada la humildad de Figo y Luis Enrique, dos jugadores de los que la gente tiene otra opinión de como son realmente. Yo tenía 17 años cuando me subieron al primer equipo y, junto a Guardiola, ambos fueron quienes más me ayudaron", indica.

"Con el paso de los años he aprendido a saber que los futbolistas, contra más grandes son, más humildes se hacen. Figo nos acogió a Xavi y a mi como hermanos. En cada entrenamiento nos enseñaba algo nuevo", confiesa. Incluso no se olvida del gesto humano de Rivaldo: "Cuando ganó la Bota de Oro invitó a la plantilla a comer, nos dio las gracias personalmente por haberle ayudado a lograr tal gesta y nos regaló una réplica del trofeo a cada compañero en la que ponía el nombre de cada uno como muestra de agradecimiento".

El malagueño se hizo íntimo amigo de su compañero de aventuras, Xavi Hernández, uno de los actuales capitanes del Barça y líder de la selección española campeona de Europa: "Recuerdo que cuando nos ascendieron al primer equipo, Xavi, que vivía en Terrassa, venía a mi casa a buscarme para ir juntos al Camp Nou, porque nos daba verguenza entrar solos al vestuario", añade.

Incluso guarda un grato recuerdo de Louis Van Gaal. "Era muy noble y sincero con nosotros. Y, sinceramente, nos ayudaba mucho y nos daba consejos", comenta, añadiendo el buen humor del holandés: "Le dije que quería jugar más y tener más minutos. Él me miró y me dijo: ¿Dime tú a quién quito para que juegues: a Figo, a Kluivert o a Luis Enrique? Es un fenómeno".

Luego el fútbol dejó de sonreírle. "La mala suerte me persiguió en el Alavés, Numancia y Girona. En Salamanca y Cádiz me fue algo mejor. Pero es en Castellón donde vuelvo a ser feliz", termina el malagueño.