Un pasaporte es el principal problema de Jefferson Montero en su estrenada etapa en el fútbol español. No tener ningún vínculo familiar en Europa le cierra la puerta, de momento, en el primer equipo del Villarreal, que ya tiene las tres plazas extracomunitarias ocupadas con el argentino Escudero, el brasileño Nilmar y el uruguayo Diego Godín, este último a punto de comenzar los primeros trámites para lograr el DNI español.

De no ser así, quizás Valverde se plantearía el posible salto del ecuatoriano. Ayer, en el último amistoso del Submarino en Valladolid, Montero lideró el cambio de cara de un equipo desaparecido en los primeros 45 minutos y que gracias a los primeros chispazos del internacional de la Tricolor se fue de Pucela pensando que mereció mucho más que una mínima derrota gestada por Nivaldo en los minutos de empanada mental de los amarillos.

Tampoco hay que lamentar demasiado el 1-0 ante los de Mendilibar, porque el de ayer no era un partido para sacar demasiadas conclusiones, a excepción de la de comprobar hasta que punto se puede contar la próxima campaña con los jugadores del filial, 10 en total sobre el césped del Nuevo Zorrilla, que fueron examinados no solo por Ernesto Valverde, sino por el técnico del B, Juan Carlos Garrido, que se unió ayer a la expedición amarilla.

Los cachorros, no solo Montero, aprobaron. El ecuatoriano, además de sus desbordes en banda derecha, fue el autor de uno de los dos únicos remates entre palos, pero tampoco desmerecieron hombres como Kiko y Joan Oriol, o Matilla y Mario en la segunda parte, que hicieron olvidar por momentos a los titulares.

De los integrantes de la primera plantilla, de todo un poco. Venta decepcionó. Oliva, como siempre, cumplió; como Eguren en el centro del campo, antes de que Valverde le encomendara hacer de improvisado central, quién sabe si consciente de su posible ayuda en momentos puntuales ante la lesión de Marcano y la posible salida de Fuentes, otro de los presentes en Pucela.

En la parcela ofensiva, Escudero solo ofreció algunos fogonazos de clase, mientras que Jonathan y Fuster resucitaron en la segunda parte para llevar el peso ofensivo del equipo. El primero encontró los espacios y la punta de velocidad que no tuvo en los primeros 45 minutos, mientras que el de Oliva agradeció su paso a la mediapunta tras el descanso.