Para conocer el aspecto que tendrá el Villarreal con Marcelino, solo hay que echar la vista atrás y repasar su trayectoria. En su presentación dejó claro que su sistema de cabecera es el 4-4-2 y no mentía, pues en todos sus equipos ha jugado con dos puntas rápidos, verticales y con movilidad. Pero la impronta del asturiano no se notará solo en el esquema táctico que va a emplear.

Los jugadores han sudado la gota gorda en estos dos últimos días. Y es que el trabajo duro ha sido una constante en su trayectoria. Los que le conocen aseguran que incluso sobreentrena a sus futbolistas, les lleva al límite. Esta es quizá una de las causas por las que no ha encadenado varias temporadas en un mismo club.

Marcelino es un hombre muy disciplinado, responsable y metódico dentro y fuera del campo... y espera lo mismo de sus hombres. Si a un futbolista le pone la cruz, es muy difícil que cambie de opinión. Como ejemplo, Fabio Coentrao. El ahora lateral del Madrid llegó al Zaragoza pese a que no era del agrado del asturiano y solo jugó siete minutos en cuatro meses. El portugués se fue de fiesta a los pocos días de llegar a la capital maña; semanas después, tras acudir a la Ciudad Deportiva a ejercitarse, vio que el entrenamiento era voluntario y regresó a casa sin vestirse de corto. Razones suficientes para que no entrara ya en los planes del técnico.

DOS PUNTOS INNEGOCIABLES // Hay también dos aspectos a los que el preparador amarillo da una especial importancia. Uno de ellos es la alimentación. Como ejemplo, Viqueira tenía que pagar una multa continuamente por pasarse de peso en el Recreativo.

Marcelino pesa a sus hombres casi a diario y cuida muchísimo su alimentación. De hecho, a los equipos suele llevarse un nutricionista de confianza. El segundo parámetro al que presta especial interés es el césped. Si un día se le ve cortando la hierba no será la primera vez que lo hace, pues exige que tenga el aspecto y tamaño que considera idóneos y es un gran conocedor de esta materia.

Allá por donde ha pasado se ha ganado el cariño de la afición. A Huelva llegó casi de rebote, pues Lucas Alcaraz, López Caro y José González estaban por delante en la terna de candidatos, y después de firmar allí dos campañas extraordinarias es considerado como un ídolo. En el Racing completó la mejor temporada la historia del conjunto cántabro, al que clasificó para la UEFA y las semifinales de Copa. Al Zaragoza llegó tras el descenso y una vez le devolvió a Primera, en diciembre abandonó el club tras múltiples desavenencias con la directiva y bajo una sonora ovación de La Romareda.

Marcelino es un hombre religioso y familiar; de principios y de palabra. Cuando iba a firmar por el Valencia hace unos años, comprobó que le habían modificado algunas condiciones y renunció a fichar por el club che.

Su segundo entrenador, Rubén Uría, y su preparador físico, Ismael Fernández, le acompañan a todos los equipos. De hecho, habla siempre en plural por ellos y mantienen una estrecha relación. H