El Castellón pudo ganar, pudo perder y, al final, empató (1-1). O sea, lo de casi siempre en esta temporada camino de convertirse en pesadilla. Por el momento, es el día de la marmota. Un partido puesto en bucle, una y otra vez, una y otra vez, aunque con sus matizaciones. En Olot, las inclemencias meteorológicas marcaron un encuentro que no debió ni siquiera arrancar por el estado impracticable del campo. Los orelluts hicieron lo más difícil, ponerse por delante en su primera llegada, pero volvieron a conservar apenas unos pocos minutos la ventaja, antes de que la piscina del Estadi Municipal convirtiese cada balón en una lotería. Ahí el Castellón tuvo más boletos para volver de vacío, pero la fortuna pudo sonreírle en los estertores de la batalla del agua.

Trece jornadas sin ganar (récord en la casi centenaria historia del club), otra vez colista con la salvación a cuatro puntos, único equipo de las tres principales del fútbol español sin victorias. Números que condenan al Castellón, en general, y a David Gutiérrez, en particular, colocado ahora a los pies de Juan Guerrero. El director deportivo, presente en Olot, le dará una última vida, disculpado por un terreno de juego en el que no se podía hacer nada y en el que, para más inri, el entrenador de Catarroja se vio privado de en ataque de los centímetros de Cubillas (en la grada, sancionado) y de Máyor (le duró apenas 25 minutos, antes de participar en el gol del emergente Kilian).

TANTOS MADRUGADORES // El Olot se adaptó mejor a las circunstancias de la tarde, pero el Castellón golpeó primero. La acción del 0-1 respondió al abc de un partido así. Verdú puso el balón en el corazón del área, Máyor peinó y Kilian, beneficiado por el resbalón de Hicham, se encontró con una pelota que descosió con un voleón que encontró escasa oposición en el guardameta Ginard.

Sin embargo, de la misma forma en que se encontró con un inesperado botín, lo perdió 12 minutos después cuando faltó contundencia en una acción en la que el esférico rondó el área de Campos hasta que Blázquez, desde la frontal, la alojó en la red.

Vuelta a empezar antes de que el césped ya no permitiera absolutamente nada. La lluvia respetó la primera media hora, pero reapareció con fuerza en La Garrotxa y ya no paró. Para entonces, la lesión de Máyor, en un once que esta vez no resultó demasiado difícil de acertar (Castells atrás, doble pivote Gálvez-Caballero y Hicham junto al de Aspe en un intento de 4-4-2), privó a los albinegros del músculo y una referencia en ataque, justo cuanto más falta le hacía. En fin.

El hispano-marroquí tuvo el 1-2 justo después de que Acevedo entrase por Máyor, pero los últimos compases del primer tiempo fueron de agobio gerundense, resuelto satisfactoriamente por un Campos que, a diferencia de su colega en la portería local, se encontraba como pez en el agua en las complicadísimas condiciones del campo, concentrado para evitar que los orelluts dejasen escapar toda la recompensa.